BOLIVIA

La clase media emergente ya votó por Evo, pero el 21-F podría revertirlo


Es un sector básicamente dedicado al comercio. Se ha construido en tres generaciones; los nietos, ahora, tienen una mejor posición social. En lo político confió en Morales alguna vez, ahora eso está en duda


Diferentes plataformas hacen campaña por el respeto al 21F. Foto: Fuad Landivar
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12/01/2019

La clase media emergente, que es motivo de disputa entre los partidos que buscan votos para las elecciones presidenciales de octubre, reconoce como abuelos a la pareja de migrantes que llegó a la ciudad en busca de un mejor futuro, llama papás al hombre y a la mujer que alcanzaron al menos el bachillerato y que dedicaron desde entonces su esfuerzo en el trabajo para permitirle la oportunidad de completar estudios superiores, técnicos o universitarios. El integrante de este segmento se ha convertido en una persona que tiene mejor situación económica, aunque enfrenta necesidades, y es posible que haya votado anteriormente por Evo Morales, pero -más del 67% de los consultados en una encuesta- se manifiesta de acuerdo con la afirmación de que “la voz del pueblo es la voz de Dios”, y eso podría alejarla de votar por el MAS por “no respetar el 21-F”.

María Teresa Zegada, dentro de su aporte en el libro Chicha y limonada, escrito con Roberto Laserna y otros expertos y editado por Plural (salió a la luz a fines del año pasado), advierte que en las últimas décadas surgió la clase media emergente, “básicamente dedicada al comercio interno e internacional, que se ha ido haciendo cada vez más visible y expandiendo desde la urbe paceña hacia todo el territorio nacional, con más o menos peso en los distintos departamentos del país”.

No por haber mejorado su condición social, asegura Zegada, han abandonado sus prácticas culturales, ni han roto vínculos de forma definitiva con sus comunidades. Debido a que es un sector importador, hay que considerar que su crecimiento y reproducción es altamente dependiente de las vicisitudes del mercado internacional, por tanto su situación no es estable y está sujeta a la variación de la oferta y los precios de los productos internacionales.



Carla encaja perfectamente en esa descripción. Es una comerciante de la Uyustus, pero por su historia bien podría estar entre los vendedores de línea blanca de La Ramada, en Santa Cruz de la Sierra, o La Cancha, en Cochabamba. Vende mochilas y estuches que adquiere y distribuye “al detalle”. Su madre llegó de la provincia Camacho, su padre de Huatajata, población a orillas del lago Titicaca hace más de 50 años. Ambos buscaban mejores días y una madrina “los hizo casar”. Emprendieron un negocio de comida en el mercado. La hija (Carla) ha continuado con el negocio, pero lo ha ampliado a la venta al raleo. Ella llegó hasta el bachillerato, pero es notorio que se sacrificó y con orgullo ahora relata que su única hija está ya en el tercer año de la carrera de Derecho en una universidad privada de La Paz. “Mi trabajo es para darle a ella días mejores”, asegura.

Lourdes es mayorista en el mismo mercado. Eso implica que viaja al norte de Chile para traer mercadería por temporadas. Ahora está trabajando con secadoras de cabello, pero ya tiene lista su oferta para el inicio de clases. Sus abuelos fueron fundadores de Uyustus hace más de 50 años, también son migrantes. Sus padres y ella se han encargado de ampliar el negocio, y por hacerlo estudiaron hasta el bachillerato. Su hijo mayor ya está en la carrera de Ingeniería Comercial en la Escuela Militar de Ingeniería (EMI), otra hija salió bachiller el año pasado y se prepara para la universidad, y otros dos aún estudian en un colegio privado.

Por su parte, Bernabé es un joven que maneja el negocio familiar de venta de celulares y tiene una tienda en la calle Eloy Salmón. Su abuelo es fundador, porque tras migrar del campo a la ciudad fue parte del primer grupo de comerciantes que se instaló en esa calle de La Paz. Sus padres ampliaron el negocio. Su padre es bachiller, y relata que su mamá se dedicó a la enfermería y ha logrado incursionar muy a fondo en el ámbito de la administración e incluso logró acceder a cargos gerenciales.

El entrevistado se graduó como ingeniero comercial, y sus dos hermanos también son profesionales. En un ámbito más amplio, este fenómeno también lo sustenta la economista y antropóloga mexicana María Luisa López en la investigación denominada La configuración del trabajo en el siglo XXI: el mercado Eloy Salmón y los movimientos moleculares del capital, que para su redacción le demandó una permanencia de casi un año en La Paz.



Ella sostiene en su trabajo que “el comercio al detalle está estructurado en tres generaciones: la primera es la de los fundadores, campesinos indígenas del altiplano paceño que hablaban aimara o quechua; la segunda generación son sus hijos, que nacieron en este mercado y vivieron el proceso de consolidación del mismo. Esta generación tuvo la oportunidad de estudiar y de ejercer su ciudadanía; la tercera generación es la de sus nietos, que gozaron de un poder adquisitivo mayor, mejores oportunidades tanto escolares como laborales, muchos de ellos son licenciados e ingenieros”.

Lo que se ve claramente en los testimonios y estudios coincide con el análisis que hace Roberto Laserna en el libro Chicha y limonada, las clases medias en Bolivia, que describe que es gente que aspira a tener un negocio propio, pero quisiera para sus hijos empleos estables y de mejor calidad, porque sabe que no tiene acceso a un ingreso estable.

En lo político

El hombre o la mujer de esta nueva clase emergente es informado, hiperconectado a las redes sociales, como lo describió el vicepresidente Álvaro García Linera el año pasado. Laserna indica que este grupo tiene poca confianza en los partidos. En la calificación del 1 al 7 les pone una nota de 2,76 puntos. Eso podría poner en desventaja a los oponentes al oficialismo, por ello es complicado llegar a este segmento de votantes.

El libro menciona una encuesta Metropolitana de junio de 2017 levantada en las tres regiones urbanas del eje nacional (La Paz, Cochabamba y Santa Cruz) por el Foro Regional, iniciativa conjunta de Los Tiempos, Ciudadanía y Ceres, que señala que casi la mitad de los que recuerdan su voto en las elecciones de 2015 (49,4%) afirma haber apoyado la reelección.



Pero, también remarca al explicar la encuesta que el 67,8% está de acuerdo con la afirmación de que “la voz del pueblo es la voz de Dios”. Y en cuanto a la organización política, una mayoría también le asigna una gran relevancia al líder (60,7%). Eso podría aplicarse a la discusión por el referéndum en el que el soberano le dijo no a la repostulación y a pesar de ello, Morales es candidato.

Dos de los tres entrevistados por este medio admitieron que al menos una vez votaron por Evo y el MAS, pero en todos los casos aseguran que no lo volverán a hacer, y explican las razones: la fundamental es que el Gobierno ‘forzó’ a que el Tribunal Constitucional autorice la reelección, pese al 21-F. Es decir, que no respetó la voluntad popular.

Los entrevistados por EL DEBER apuntaron que tampoco apoyarán al oficialismo porque el presidente “se olvidó de ellos” y no planteó soluciones concretas para su sector. Al contrario, se sienten “perseguidos” por el Estado para que paguen impuestos. Bernabé planteó también que no se generaron posibilidades para acceder a servicios como la salud. “Si no fuera por mi madre, la situación sería muy grave”. Las otras entrevistadas reclaman la falta de acceso a planes de vivienda, incentivo a la manufactura y cobra al MAS la factura de la inseguridad en las ciudades, “que va en aumento”, acota Carla.

Laserna interpreta que estas personas no encuentran referentes que les atraigan y representen en los discursos políticos predominantes, sea de partidos o líderes de opinión. En otras palabras, puede ser que sus valores y creencias no sean interpelados de manera directa y clara, y terminen siendo atraídos hacia opciones que pueden reflejar parcialmente o de manera momentánea sus preocupaciones.

Este grupo está conformado por gente joven, que no pasa de los 50 años. Es una clase heterogénea en sus gustos y pautas culturales y de inserción laboral. Una encuesta de Ipsos, publicada por el semanario Nueva Economía, señala que su actividad y pasatiempo más importante es ir a centros comerciales donde hay cines, luego asistir a salones de belleza, jugar fútbol, ir a bares, discotecas o boliches; jugar voleibol, ir a conciertos, al teatro, a museos, a exposiciones de arte, entre otras.



 




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