ENTREVISTA

Marco Antonio Justiniano: 'Siendo inocente estoy pagando en el exilio el precio más alto de mi vida'


En Miami nos contó su historia. Fue sentenciado por la desactivación de misiles chinos. Ve traición en el expresidente Eduardo Rodríguez y dice que usaron a las FFAA en un show de nacionalización de YPFB

El almirante Marco Antonio Justiniano Escalante, excomandante en jefe de las FFAA, frente al Palacio de Justicia del Condado Miami-Dade
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28/10/2018

Fue el comandante en jefe de las FFAA de Bolivia en la gestión 2005 y 2006. El 22 de enero de 2006 le entregó el bastón de mando al presidente Evo Morales y en la parada militar de reconocimiento al mandatario, desde el balcón de Palacio de Gobierno en La Paz, vivió una anécdota. Estaba al lado de Evo Morales y del presidente venezolano Hugo Chávez. Cuenta que Chávez le golpeó el hombro y le dijo que cuidara bien y “sea leal al indio”. No le gustó la expresión y le respondió: “Señor presidente, las Fuerzas Armadas son leales a la República”.

Al siguiente día fue cambiado y luego lo procesaron por la desactivación de 36 misiles chinos obsoletos. El 2013 decidió buscar asilo en Miami (Estados Unidos), donde empezó a trabajar pintando casas. En Bolivia lo sentenciaron a 3 años por el caso misiles chinos, hoy vive en Miami alejado de su familia, trabaja de guía turístico. Se siente traicionado por el expresidente Eduardo Rodríguez, al que acusa de ser el responsable que debía ser procesado por los misiles y reprocha al general Luis Trigo por manchar el uniforme militar con un poncho rojo. Cree que las FFAA fueron usadas en un show para una falsa nacionalización de YPFB.

Pese a todo, tiene esperanzas de que todo cambie en Bolivia. Se enfrenta a otro juicio por daños civiles que le inició la Fiscalía por $us 7 millones. Se considera perseguido político de este régimen, pero está asilado en Estados Unidos. “Me divorcié, mi familia me dijo que es mejor lejos y no preso. Yo, siendo inocente, estoy pagando en el exilio el precio más alto de mi vida”. Nos contó su historia en un café frente al Palacio de Justicia del Condado Miami-Dade.



_¿Por qué se encuentra en Estados Unidos?

Estoy hace varios años porque tuve que abandonar el país ante la injusticia al habérseme juzgado por delitos que nunca cometí y no había posibilidad de tener un juicio imparcial, porque el Gobierno ya me había condenado antes de haberse iniciado el juicio. Tuve que abandonar el país por temor a ser detenido sin importar la falta de pruebas en mi contra. Después de 12 años fui condenados por delitos menores. Es una condena injusta, pese a que demostré con pruebas que no hubo la comisión de ningún delito.

Fui enjuiciado por cuatro delitos, dos graves y dos menores, y a pesar de la presión del Gobierno para que sea condenados los jueces no encontraron evidencias en delitos graves. Para justificar el haber malgastado recursos del Estado siguiendo este juicio por tanto tiempo, los jueces dictaron sentencia por delitos menores para hacer creer que habían tenido éxito.

La sumisión del poder judicial al político, que en este momento ocurre en Bolivia, hace imposible pensar que pueda uno ser juzgado de forma imparcial. El tema de los misiles chinos es muy largo, pero en síntesis no había razón para que me juzguen, primero porque el material al que se hacía referencia en el juicio ya estaba obsoleto. Fue producto de un convenio que se estaba realizando de Gobierno a Gobierno en uso de las facultades que le confiere la ley para realizar la desactivación de los misiles.



Esos dos cargos graves que me habían imputado inicialmente, que eran sometimiento a una potencia extranjera y revelación de secretos militares, no tenían ninguna manera de ser probados por los jueces, a pesar de la presión no se animaron a condenarme por esos delitos.

_¿Cómo empieza la historia de los misiles chinos?

El 2004, el Gobierno de Estados Unidos propone a Bolivia la desactivación de un lote de 36 misiles tierra-aire HN-5A, que estaba en Bolivia por diversas razones. Estados Unidos tenía sus motivos para creer que ese material podría prestarse para fines ilícitos y que en Bolivia no había condiciones para mantenerlos. Esa era la apreciación de ellos y de parte del Gobierno de Bolivia se consideró que era un caso atendible. Había además una recomendación de la Organización de Estados Americanos (OEA) para que ese material, que no era estrictamente de uso militar porque se aplica más a blancos civiles y a helicópteros que a aviones militares propiamente dichos, sea desactivado.

El Gobierno boliviano consideró atendible la sugerencia del americano, que estaban tramitando un convenio para la desactivación del material a cambio de una compensación económica, que podría ser utilizada por el Ejército en el material que ellos consideraran de necesidad ese momento. Yo no encontré, como comandante en jefe, ninguna razón para objetar lo que se estaba decidiendo porque el Ejército había presentado un informe documentando que daba cuenta de que ese material ya no era útil para los fines que supuestamente estaban destinados y, por otro lado, porque era una decisión propia del Gobierno, dentro de sus atribuciones legales, gestionar hacerlo con Estados Unidos. Yo no objeté nada y di cumplimiento a la disposición del entonces ministro de Defensa.

Esto está documentado y fue presentado en el juico, demostrando que el material ya no solo no servía para los fines previstos, sino que era riesgoso tenerlo guardado. Esa era una de las razones por las cuales había que deshacerse del material, ya sea con los americanos o con cualquier otra potencia que hubiera tenido la capacidad de hacerlo. Escuché a algunos expertos de los que hay en Bolivia decir que no era necesario entregarlo a los Estados Unidos para la desactivación y que podía haberse realizado en Bolivia. Evidentemente cortándole unos cables ya se inutilizaba, ya no podría ser lanzado, pero su carga explosiva seguía adentro y era riesgoso. Cuando se habla de misiles, se piensa en esos grandes artefactos intercontinentales que se muestran en películas, pero estos eran misiles de primera generación. Son portátiles lanzados desde el hombro y corresponden a la categoría de munición, no de armamento.



_¿Cómo llegaron a Bolivia los misiles?

El lote de misiles llegó al país como parte de un material de artillería que se había adquirido de China, pero ni en el Ministerio de Defensa hay información de cómo llegó. Lo que hemos deducido nosotros, después de haber estudiado la situación del caso desde hace mucho tiempo, es que fue sumado al lote que había adquirido como parte del convenio con China de cañones, de lanzacohetes y de otro material bélico, los cuales sí estaban debidamente documentados con precios. Nadie tiene en el Ministerio de Defensa, no figura información sobre cuánto costó ese material. Entonces, suponemos que fue dado como ‘yapa’ del otro material adquirido. Era, además, como después se pudo evidenciar en las partes del material cuando ya fueron desactivados, como si hubieran sido reacondicionados en China y repotenciados con partes de diferentes lotes.

_Si hubiera sido un lote comprado, tendrían que estar numerados en forma secuencial. Se hicieron dos pruebas en el Ejército y era riesgoso para el personal seguir intentando probar y no correspondía utilizarlo como material estratégico de empleo táctico.

Puedo decir que no correspondía hacer un juicio ni mucho menos por sometimiento a una potencia extranjera. Eso ocurre en situación de conflicto bélico y en esa época Estados Unidos era el principal cooperante en materia militar. Su cooperación posibilitó el entrenamiento durante varios años en las tres fuerzas y el suministro del material logístico permitió el potenciamiento de nuestras lanchas, aviones.

No había posibilidad de que Estados Unidos fuera nuestro enemigo, era nuestro principal aliado militar. Catalogar a Estados Unidos como una relación de sometimiento a una potencia extranjera fue lo más ridículo que se le pudo haber ocurrido a alguien.Entonces, esa fue la razón que me impulsó a esperar el momento en que se pueda confiar en la justicia para poder demostrar que evidentemente fue un juicio político.

_¿Cree que hubo personas desleales con usted?

Yo lamento mucho la actitud tomada por el expresidente de Bolivia Eduardo Rodríguez Veltzé, porque él en su momento con una sola declaración pudo haber evitado todo el lío indicando que era parte de su potestad como Gobierno establecer un convenio de cooperación con Estados Unidos para la desactivación de los misiles. Él primero aceptó porque el trámite tenía varias etapas. Se estaba gestionando con su ministro de Defensa. La primera etapa era la firma del documento que debió ir al Congreso y, por otro lado, el convenio con Estados Unidos. Rodríguez Veltzé pudo habernos evitado estos 12 años de persecución judicial declarando en su momento que sí era su potestad hacerlo el convenio. Me siento decepcionado y traicionado por él porque estábamos cumpliendo y él era nuestro capitán general. Después nos enteramos, al tiempo que se inició el juicio, que lo premiaron como agente del Gobierno boliviano ante La Haya para asumir defensa de la demanda de la causa marítima y embajador en Holanda. Hubo un pacto entre él y el Gobierno. Lo ridículo fue que para sacarlo del juicio pusieron en la comisión de defensa que él no se encontraba presente en el país cuando ocurrió la fecha de entrega física del material. Nadie lo estaba acusado de haber sido el que estaba cargando en el hombro los misiles. Yo tampoco estuve presente físicamente, entonces también debían eximirme. Si fuera así, entonces habrían tenido que ser juzgados solo los soldados que cargaron al camión el material del Estado Mayor de Miraflores al aeropuerto de El Alto. El principal responsable era el gobierno de Rodríguez Veltzé. Nos imputaron por responsabilidad civil y están iniciando otro juicio para cobrarnos $us 7 millones, por cada procesado, por daño económico por ese material que era chatarra.



 




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