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Cine boliviano: todos atentos al nacimiento de la ley


Tan postergada como anhelada se puede uno imaginar, la ley del cine boliviano está a punto de ser una realidad. Mientras se espera el momento, los protagonistas del sector debaten los alcances que tendrá la normativa

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20/10/2018

¿Adónde va el cine boliviano? es la pregunta que se formulará en una mesa redonda que se llevará a cabo el miércoles 24 de octubre, a las 11:00, en Diakonía, en el marco del Festival Internacional de Cine de Santa Cruz Fenavid 2018.

Actores, productores y directores pondrán énfasis en la realidad de la cinematografía nacional y en una anhelada legislación que, después de varios años de postergación, represente una luz y una tranquilidad para el sector. Luego de que un anteproyecto, propuesto por el Ministerio de Culturas, pasara a manos de la Asamblea Legislativa Plurinacional, todo indica que Bolivia está cada vez más cerca de tener una ley del cine.

“Concretar una de las máximas aspiraciones de los cineastas bolivianos es contar con una ley que se constituya en una herramienta de fomento para el cine”, afirma la ministra de Culturas, Wilma Alanoca. La autoridad se refiere a este momento, luego de establecido el periodo que se propuso para consensuar la norma desde el primer semestre de este año. Durante este lapso, los cineastas del país propusieron la inclusión de varios temas fundamentales.

Entre ellos se resalta la creación del fondo de fomento, el fomento al cine y audiovisual indígena originario, la lucha frontal contra la piratería y la protección laboral de los trabajadores del cine. De acuerdo con el informe de la directora de la Cinemateca Boliviana, Mela Márquez, desde 2013 se inició el trabajo colectivo para el anteproyecto de la Ley del Cine. A mediados de 2016 se elaboró un texto consensuado entre la comunidad fílmica y audiovisual del país con el Ministerio de Culturas. La propuesta plantea el fomento al cine, el cual es considerado el corazón de la ley, ya que genera mecanismos técnicos y jurídicos para viabilizar y facilitar la inversión que permita impulsar la cadena productiva cinematográfica audiovisual.

Propone también que la administración de los recursos esté destinada exclusivamente a la cadena productiva cinematográfica y audiovisual. Los debates en torno a ley se remontan a 1991, cuando en la Cinemateca Boliviana se organizó un grupo de cineastas para movilizarse y presentar una primera propuesta. En 2004 se volvió a hablar de reformar la Ley 1302, periodo en el que Patricia Flores estaba como directora del Conacine. Desde 2011 surgen nuevas propuestas y las redes sociales se convierten en espacios de discusión. La Asociación de Cineastas de Santa Cruz (Ascinescz) plantea un nuevo escenario de debate y las demandas se hacen cada vez mayores, alcanzando a diversos sectores que no quieren quedar excluidos de la norma.

Enfoques

“La ley tiene que salir. Sé que hay gente que no quiere que la ley salga, porque no le conviene. Entiendo que lo que se promulgará no está cerca de los que algunos esperan, pero es mejor pensar que después se la puede mejorar”, señaló el director del Fenavid, Alejandro Fuentes.

El productor audiovisual aguarda que la norma considere las demandas del sector, que incluye beneficios para todos los protagonistas de la cadena cinematográfica, desde formación y distribución hasta proyección y desarrollo de proyectos. “Es importante que las autoridades se den cuenta de que la buena salud del cine debe implicar un compromiso del Estado. En otros países de la región, cuando comienzan los créditos de una película, siempre se incluye el logo de una institución estatal.

En todas partes ocurre eso, menos en Bolivia”, aseguró Fuentes, quien adelantó que el actor Mario Toñanez, protagonista de la cinta paraguaya Los buscadores, estará presente en la mesa redonda del miércoles para hablar de la situación en su país, a partir de la ley de cine que aprobaron recientemente.

Al igual que Fuentes, el director paceño Marcos Loayza se encuentra ansioso porque la ley sea promulgada, pero recordó que la reglamentación podría alargar su puesta en marcha, por lo que recomendó no bajar la guardia hasta el final. “Lo que se ha viabilizado hasta el momento es bueno, pero de nada serviría si el reglamento no está listo. Esperemos que iniciemos 2019 con una ley que necesitamos todos”, expresó Loayza.

La formación es uno de los puntos que muchos consideran importante que se incluya en la ley, pues permitirá pensar en una industria cinematográfica con calidad. La productora Paola Gosálvez piensa que la formación es importante, pero ella apunta al fomento a la producción como el elemento clave de la ley que posibilite beneficios concretos a los cineastas. “Cuando se habla de formación, se piensa en especialidades, en los aspectos técnicos que hacen a la industria. Pero es en la producción donde se aprende del oficio de campo.

Los productores y los directores somos los que esperamos con ansias esta ley, porque tenemos proyectos desarrollando que solo precisan de financiamiento para poder marchar”, indicó Gosálvez, quien piensa que la ley debe permitir que los proyectos de cineastas noveles sean tomados en cuenta, porque es la etapa que más cuesta al momento de zambullirse en las aguas de la cinematografía. “Contar con un fondo de desarrollo es esencial, es darle el respaldo a ese joven que quiere demostrar que puede sostener una historia de 90 minutos y proponerla al pú- blico”, añadió la productora.

El director Juan Carlos Valdivia está convencido de que los bolivianos estamos ante la gran oportunidad de reinventarnos a través del cine y de la producción audiovisual en general.

“Las nuevas generaciones de cineastas están demostrando que tienen formación a la altura de las industrias internacionales. Pero es importante antes saber que somos los bolivianos. Y el cine puede responder eso, al ser un medio de comunicación masivo. Porque, desde el momento en que vemos una película, nos identificamos.

A partir de eso vamos construyendo una identidad”, dice Valdivia. El cineasta boliviano, que se prepara para estrenar Soren, asegura que los públicos están ávidos de nuevos contenidos y que los cineastas están llamados a dárselos. “Una ley de cine debe venir acompañada de un cambio integral, que de una vez nos convenzamos de que podemos contar con una buena industria que genere valor agregado y empleos buenos. Una industria que esté acompa- ñada de la crítica.

Necesitamos aprender a leer cine, necesitamos educación audiovisual, el cine es un lenguaje y el sistema educativo debe asumir su rol, la gente debe saber cómo ver una película para formarse un criterio propio con respecto a lo que consume y no aceptar las cosas así nomás, solo porque están bien empaquetadas”, complementó el director de Zona Sur. Por su parte, el actor Fernando Arze opina que la ley tiene que representar un avance significativo en el cine boliviano y que el Estado se dé cuenta de que una industria del cine es representativa del desarrollo cultural y económico de un país. “Hacer una película cuesta.

Los presupuestos están alrededor de los 300.000 y 400.000 dólares. Pero al mismo tiempo estás pagando a 50 trabajadores profesionales y estás alimentando a 50 familias. Además, es darse cuenta de que se trata de un legado histórico para el país. Independientemente de cuál sea la temática de la película, se está mantenido al país vivo a través de las imágenes”, concluyó Arze.