BRÚJULA

Haneke y la felicidad


Una reseña a la última película del director austriaco, conocido por su cine sombrío y pesimista. Happy End no cumple, según la autora de este artículo

Un elenco de estrellas participa en Happy End. Una película que tiene todo el aura del director austríaco, pero que no tiene cotas altas como sus anteriores producciones
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10/03/2018

El cineasta austriaco Michael Haneke fue uno de los grandes ausentes en las nominaciones de los Óscar de este año. No solo eso, también la pasó muy mal en el festival de Cannes, lugar que siempre lo acogió como a un hijo pródigo. Eso tiene cierto paralelismo con lo que la presentadora Heidi Klum siempre dice en su reality Project Runaway: “Así es el mundo de la moda, un día estás in y otro día estás out”, máxima que se puede aplicar para cualquier trabajo. Tal cual, a Michael Haneke que ha recibido premios por todo el mundo y ha sido considerado un director imprescindible en algunos circuitos cinéfilos, a él, a sus 74 años, le tocó estar out.

Su última película Happy End contiene todos los elementos que han caracterizado a su cine: Habla de la decadencia de una familia burguesa, de la violencia sin motivo aparente, del canibalismo de los medios, la soledad, la incomunicación, los afectos básicos anulados (familia, amigos) y tiene una mirada sombría sobre el ser humano en general.

Creo que el daño o el dolor que me causó Amour es difícil de expresar y muchas veces me pregunté, así como si el sujeto existiera realmente, qué sería de la vida de Georges, personaje interpretado por el francés Jean Lois Trintignan y que toma una muy turbia decisión al final de esa película. Por eso, que Haneke vuelva de alguna manera a esa historia en el personaje principal que también se llama Georges es un aliciente para ver Happy End.
Por supuesto, que ya desde el título sabemos que tendremos cualquier cosa menos un final feliz. Haneke, al igual que el realizador americano Todd Solondz que hizo esa píldora de amargura llamada Happiness, no está dispuesto a darnos lo que el cine comercial y bobalicón reclama: Espectáculo y emoción. Al contrario, el acercamiento a su historia es de una frialdad casi exasperante.

Conexiones
Acorde a los tiempos que corren, el austriaco abre su película con un video filmado a través de un celular. Una niña ha matado a su hamster para probar que puede envenenar a su madre. Esta niña resulta ser la nieta de Georges que tiene una empresa que alguna vez también estuvo in y que ahora está out, situada muy cerca de un campo de refugiados. Los problemas de este hombre ya empezaron en una situación como la de Amour, con el temita de la almohada, la paloma y esas decisiones que cambian vidas o las terminan. Y claro, Georges siente que tiene que tomar el toro por las astas en cuanto a más decisiones. Porque la vida es eso, tomar decisiones. Nuevamente, Haneke regala unos diálogos tristes y duros como el de la niña que le dice a su papá que sabe que no ama a nadie. 

También hay espacio para el humor negro, que es un humor muy negro. Esta Europa clasista atribulada por la avalancha de los refugiados es el blanco perfecto para que Haneke se regodee en sus miserias. La sagrada institución de la Familia (así, con mayúscula) nunca deja de mostrar su cara menos amable, porque para el director no hay nada amable en la existencia.

Entiendo la decepción generada por Happy End en algunos espectadores, puede parecer el esfuerzo más pequeño de un Haneke cansado. Es, sin duda, el trabajo menos inspirado de su filmografía y hasta se siente como un plagio a pedacitos de cada una de sus películas. Sin embargo, desmerecer a ese Jean Lois Trintignant en el ocaso de su vida como ese Georges también en el ocaso de su vida, a la gran Isabelle Hupert actriz fetiche de Haneke, a la maravillosa Fantine Hardoin como la oscura Eve, no le hace justicia a una película que no deja de ser provocativa y que posee tantas capas a explorar.

Haneke, que es licenciado en sicología, tiene una firma muy clara en cuanto a su visión del cine, y ha encontrado su vitrina en películas como Funny Games, La Cinta Blanca y la ya mencionada Amour. Actualmente, se encuentra a punto de debutar en la televisión con una serie de diez episodios llamado Kelvin´s Book y será una distopía.

Haneke puro
Fiel a su creencia de que la violencia no hay que mostrarla en primer plano, sino desde la distancia, el director y también guionista, hizo Happy End después de abandonar un proyecto de dos años llamado Flashmob. 
En entrevistas posteriores al estreno le cuestionaron algunas escenas ambiguas y él dijo que la idea es que el espectador llene los huecos que él deja en sus argumentos porque como realizador solo da pistas y no respuestas. 

Happy End, como ya lo dije al inicio, no tiene un final feliz. Su final es una cachetada, en ese plano largo, en esa espalda de Jean Lois, en esa aparición de un celular que vouyerista filma esa escena no feliz, Haneke se va a los créditos. 
Queda la sensación de que el Haneke del menor esfuerzo, el cansado, el Haneke que se plagia y se autoreferencia, sigue siendo mejor y más interesante que algunos de los nuevos cineastas.