BRÚJULA

Un viaje a través de la memoria


Critica que los políticos masculinos quieran decidir sobre el cuerpo de las mujeres. Cuenta que su madre le dijo -para que no se limite- que no era igual que los hombres, sino mejor que todos ellos


Tuvo una infancia dolorosa, confusa y solitaria, pero llena de amor. Tenía que ser médica, pero la muerte de su padre truncó su deseo. Luego escribió El club de la buena estrella y triunfó en las letras.
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29/12/2018

No recuerdo cuántos años tenía cuando mi madre me dijo por primera vez que yo no era igual que los hombres, sino mejor”, dice la autora Amy Tan, de 66 años. Fue una forma de inculcarle que nadie podría decirle dónde estaban los límites. El consejo se ha filtrado a sus personajes literarios: mujeres fuertes, nunca complacientes.

Este es uno de los momentos de su vida que la escritora estadounidense de origen chino Amy Tan recoge en su último libro, Recuerdo de un sueño, editado en español por Planeta, un viaje a través de la memoria en la que muestra la influencia que ha tenido en sus novelas, algunas tan famosas como El club de la buena estrella o La hija del curandero.

Su madre -recuerda Tan- estaba muy por delante del movimiento de liberación de la mujer, que promovía la idea de que las mujeres eran iguales a los hombres y que debían ser tratadas por igual: “Entonces, ¿quién decide qué es esa igualdad? En su opinión, era mejor para mí empezar a creer que era mejor, y no igual, porque entonces nadie podía decirme cuál era el límite”.

Migración

Nacida en California (EEUU) en 1952 de un matrimonio chino emigrado a Estados Unidos, la escritora suele abordar en sus novelas las relaciones entre madres e hijas y el sentimiento de ser diferente y no saber adónde se pertenece, temas habituales porque tienen que ver con su propia identidad.

Y en Recuerdo de un sueño, su libro más personal, rememora las relaciones con su madre, la historia familiar y los acontecimientos que la han llevado a ser lo que es.

“Estoy obsesionada con la pregunta de quiénes somos y cómo nos convertimos en quienes somos. ¿Qué actitudes y creencias de la sociedad se arraigaron en nuestra infancia y en la edad adulta? ¿Qué moralidad nos fue transmitida por nuestros padres y adquirida por aceptación o rebelión? ¿Somos diferentes de nuestros antepasados?”, explica la escritora.

En el libro recuerda cómo su madre le dijo que solo ella podía decidir sobre sí misma. Y en cuestiones como el control de la natalidad y el aborto se pregunta: “¿Por qué siempre los políticos masculinos quieren tomar decisiones sobre el cuerpo de las mujeres?”.

“El control de la natalidad, según cree más de un senador (en Estados Unidos), es una cuestión de apretar las piernas cuando un hombre trata de violarte”, sostiene la escritora, que recuerda cómo su madre estuvo casada, antes de con su padre, con un marido abusivo que trataba su cuerpo “como una máquina”.

Su madre estuvo a punto de suicidarse porque no tenía otra opción. “Y por eso me enseñó que solo yo podía decidir. Nadie podía decirme si debía tener un bebé, ni mi suegra, ni mi marido ni mis amigos. Solo yo debía definir mi vida y mi futuro”, recalca. Por eso las mujeres de sus novelas, los personajes a los que ella da vida, son mujeres fuertes y nunca complacientes que reflejan facetas de ella misma.

“Mi madre tuvo instintos suicidas, probablemente influida por el suicidio de su madre cuando ella tenía nueve años. Así que pienso mucho en la herencia del carácter, lo que se me ha transmitido para bien o para mal, aunque no tengo esa tendencia autodestructiva. El otro trauma es la muerte de mi padre y mi hermano mayor con seis meses de diferencia, cuando yo era una adolescente. Los adoraba y me sentí abandonada. Pasé del amor al miedo, de la esperanza y la promesa de milagros a la pérdida, la ira, la rebelión y la necesidad de hacer preguntas y no confiar en las respuestas de nadie como verdaderas”, cuenta.

Muy crítica con el presidente estadounidense, la escritora es tajante al hablar de Donald Trump: “Ese hombre loco asalta a nuestro país diariamente y de manera inimaginable”.

Y asegura que no aceptará nada de él ni de sus “aduladores” porque han envenenado su país: “¿Cómo podría alguna vez aceptar la inmoralidad, la mentira, el engaño, el odio, el racismo, la pobreza, la falta de atención médica, la obediencia insensata al fascismo y el calentamiento global? Mis amigos y mi familia sienten lo mismo. Tres no lo hicieron y ya no son amigos”.

Escribir un diario ha sido muy importante para Amy Tan, aunque dice que también sus novelas han registrado lo que es y lo que pensaba en un momento determinado del tiempo.

Y este libro, dice, supone algo más que explicar su vida y sus momentos oscuros y de crisis.