REVISTA EXTRA

Procrastinar el verbo del debate


Flojera o respiro emocional. El hábito de postergar las responsabilidades por otras más agradables puede ser mal visto, pero algunos defensores lo justifican como ‘un break’ en medio de la vorágine de la rutina y del agotamiento al que obligan los tiempos modernos. Es para no colapsar


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12/05/2019

Es conocido como un sinónimo de postergar, pero va mucho más allá, podría tener todo un backstage cultural, emocional y neurológico por detrás. O simplemente indisciplina y flojera.

En sicología, la procrastinación es la acción o el hábito de postergar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras más irrelevantes o agradables.

El cerebro está trabajando en contra, y se debe a un fenómeno llamado efecto de urgencia.



“La gente tal vez elija realizar tareas urgentes con periodos breves de término, en vez de actividades importantes con resultados más grandes, porque los quehaceres relevantes son más difíciles y la meta de realización está más lejos”, dice un artículo del New York Times sobre el tema.

¿Holgazanería?

Cuando la gente procrastina, no solo está consciente de que evade una tarea, sino también de que hacerlo es probablemente una mala idea.

Fuschia Sirois, profesora de Sicología en la Universidad de Sheffield dice que no tiene sentido hacer algo que se sabe tendrá consecuencias negativas, “pero las personas se enganchan en este círculo irracional de procrastinación crónica debido a una incapacidad para manejar estados de ánimo negativos en torno a una tarea”.



Dependiendo de las razones que se escondan detrás de la procrastinación podría catalogarse como ‘maña’, o también como la detonación de un problema de origen neurológico o emocional.

La sicóloga clínica Katherine Suárez dice que de algún modo todos caemos en la procrastinación, pero en intensidades distintas. Pone de ejemplo a la sociedad japonesa, acostumbrada a culminar todo lo que empieza gracias a una milenaria tradición de disciplina y honor, y pone como contraparte de ejemplo a la cultura nacional, que no maneja los mismos parámetros que la disciplina asiática.

Suárez reconoce otras causas para el ejercicio de la procrastinación. “A veces una actividad produce mucha ansiedad y frustración, miedo a fracasar, y la persona dice: ‘mejor no lo intento porque quizás no me vaya bien’. Es una forma de evadir lo que no resulta agradable”, sostiene.

En el caso del miedo a realizar una tarea, hay que plantearse el trabajo en periodos cortos. “Enseñamos las estrategias para superar el problema, como una buena rutina, hábitos nuevos; la persona acostumbrada a procrastinar es alguien que no cumple, que no termina rutinas, en muchos casos son personas indecisas que siempre necesitan que alguien las oriente”, dice.

Otro origen de la procrastinación puede ser neurológico. “Los niños con déficit atencional o hiperactividad, tienen una deficiencia muy importante en el área ejecutiva, es la que plantea la organización de las tareas, pero eso se trata de una desorganización neurológica. En este caso es importante establecer un plan especial de actividades diarias para ellos y lograr que las cumplan a diario, pero para eso tienen que estar encima los padres, se necesita la motivación constante”, sugiere Katherine.



Una de las más tristes consecuencias de la excesiva procrastinación es la percepción de los demás. “La persona conocida por posponer las cosas termina perdiendo la confianza de los demás porque incumple a menudo”, asegura Suárez.

La especialista en Sicología dice que la procrastinación no se repliega solo al ámbito laboral y productivo, sino que puede trascender a la rutina familiar, personal, social, etc. “Un ejemplo es la mujer que está siendo maltratada y que pospone dejar a su pareja porque teme enfrentarla. En esa área he tenido consultas, pero también puede ocurrir en el diario vivir, en el compromiso de dejar de fumar, en los hábitos de higiene personal, en actividades con los hijos y hasta en las famosas reuniones de amigas”, argumenta.

Gestión de emociones

“La procrastinación es un problema de regulación de emociones, no un problema de gestión de tiempo”, dijo Tim Pychyl, un profesor de Psicología y miembro del Grupo de Investigación sobre Procrastinación en la Universidad Carleton en Ottawa, Canadá.

En un estudio de 2013, Pychyl y Sirois descubrieron que la procrastinación puede ser entendida como “la primacía de la reparación del estado de ánimo a corto plazo, por encima del objetivo de las acciones planeadas a un plazo más largo”.

La ironía radica en que la gente procrastina para evitar sentimientos negativos, pero termina peor, es un sesgo del presente. “No fuimos diseñados para pensar hacia adelante en el futuro más lejano porque necesitábamos enfocarnos en proveer para nosotros mismos en el aquí y ahora”, sostiene el sicólogo Hal Hershfield, un profesor de Mercadotecnia en la Facultad Anderson de Administración de la Universidad de California en Los Ángeles.

Apps para no procrastinar

El sitio redact jobs sugiere algunas aplicaciones para dejar de procrastinar. Una de ellas es TimeTune (Android), que ayuda a organizar tareas y horarios. También está Todoist (Android e iOS), bastante recomendada y que recuerda las tareas pendientes. Otra alternativa es Forest: Stay Focused (Android), dirigida a quienes no pasan un segundo sin mirar su smartphone; ayuda a superar esa adicción con una curiosa plantita que crece si no se sale de la app, y muere si se permanece en Facebook. Por último está Quality Time (Android), con estadísticas del tiempo usado en las redes sociales.



 




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