ENTREVISTA

“El día que el cohete parta a Marte voy a sentir una gran satisfacción”


Camila Velasco es la primera boliviana ingeniera espacial en participar de la elaboración de un rover que será enviado al planeta rojo el 2020 para seguir buscando indicios de vida. Trabaja en Francia

Camila estudió en el colegio Franco de La Paz
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09/07/2018

Las salidas de noche al jardín para ver las estrellas y los planos que su padre les compraba a los tres hijos para identificar los planetas, siempre hicieron soñar a Camila Velasco Landeau (26). Imaginar cómo son los astros es una constante que la acompaña incluso ahora, que ya no es una niña. Su camino hacia las estrellas se fue cimentando con las horas dedicadas al club de astronomía en sus días de colegiala, cuando Camila y otros chicos como ella querían contagiar a más muchachos su curiosidad y daban charlas para la divulgación de la astronomía. El cosmos siempre la hizo soñar y todavía confiesa que si hubiese podido ser astronauta, lo habría sido. 

Sus fantasías empezaron a materializarse cuando se graduó como ingeniera espacial del Instituto Superior de Aeronáutica y Espacio (ISAE) en Francia. Y ahora más que nunca tiene derecho a creer que va a dejar su huella en el mundo, o en este caso en el suelo de Marte. Es la primera boliviana en trabajar en la construcción de un rover (robot) que será enviado al planeta rojo el año 2020.

Es parte de un equipo internacional de cerebros norteamericanos y franceses que le han dado cuerpo al proyecto Mars 2020. Más específicamente está trabajando en SuperCam, el único instrumento francés del rover y que se constituye en la cabeza del robot, del que destaca su cámara. Se está armando en Toulouse y después debe entregarse a Estados Unidos para su integración al cuerpo del robot, a cargo de la NASA. La SuperCam posee una cámara láser, registro de imagen a color e infrarrojos para comprender cómo se asocian los átomos de las muestras marcianas que recoja el rover y, por lo tanto, llegar a predecir si hubo o no vida en

Marte, así lo explican diferentes revistas científicas que han puesto gran expectativa en esta obra de la ciencia moderna.

Mientras tanto, Camila acude a diario al trabajo, la mayor parte del tiempo sin tener plena conciencia de lo grande que será este evento en el que está envuelta. Solo cuando se lo cuenta a alguien se percata de la grandiosa oportunidad que el destino le puso en frente. 

Del otro lado del teléfono hay una voz que no puede disfrazar un dejo de francés, por ratos arrastra la ‘g’. Suena muy juvenil y al mismo tiempo sus palabras están cargadas de madurez. Allá son seis horas más que en Bolivia y Camila le roba unos minutos a su trascendental faena para hablar con nosotros.

 ¿Cómo conseguiste estudiar Ingeniería Aeroespacial?
Para mí fue más como un golpe de suerte y un conjunto de circunstancias. Obtuve mi bachillerato francés en el colegio Franco Boliviano (en La Paz) y me fue bien, el Gobierno francés me otorgó una beca que me permitió venir a Francia a hacer mis estudios superiores. Empecé con una formación científica un poco generalista, que aquí en Francia le llaman clases preparatorias (son dos años de ciencia pura, muy intensivos, seis días a la semana, diez horas diarias estudiando). Sobre esa base se hace un examen que en función del resultado se obtiene el acceso a distintas escuelas de ingeniería y yo lo tuve para la Escuela ISAE, que es el Instituto Superior de Aeronáutica y Espacio. En ese instituto obtuve mi diploma de Ingeniería Espacial, que me permitió buscar trabajo aquí en Francia en el ámbito espacial y con mucha suerte encontré este proyecto que es dirigido por el Centro Espacial de Toulouse en Francia, y que colabora a la NASA. Se trata de un rover que va a ir a Marte en el 2020 y aquí se hace la cabeza del robot, que consiste en una cámara que está diseñada para determinar si existe agua en marte y en qué estado y qué compuestos químicos hay, sobre qué átomos y qué moléculas.

¿Estás consciente de que lo que es un sueño de muchos para vos es una realidad?
Al principio no lo podía creer que me salga una oportunidad así, pero en el día a día uno está tan ajetreada con las cosas que tiene que hacer que no piensa mucho en la oportunidad de estar trabajando en algo así, pero ya cuando la gente me pregunta, me doy cuenta de la suerte que tengo de trabajar en un proyecto que sea tan importante en el ámbito científico mundial y me siento afortunada.

Todos alguna vez pensamos en dejar nuestra huella y la tuya va a estar en este equipo que va a viajar hasta Marte...
Dicho así suena muy importante, pero yo pienso que simplemente estoy contribuyendo, sola no podría hacer esto, es un conjunto de muchas personas, muchos ingenieros, muchos científicos que con el trabajo del día a día podemos hacer este proyecto y mandarlo a Marte. No diría que soy yo la que manda el instrumento, yo contribuyo. 
Ya son dos años de este trabajo, que es un esfuerzo que viene de hace mucho tiempo. Un proyecto marciano toma 10 años desde el comienzo del diseño hasta el lanzamiento del cohete en el que irá el instrumento. Este proyecto lleva mucho tiempo en la cabeza de mi jefe, Sylvestre Maurice, que lo lleva imaginando desde hace muchos años. Es muy lindo ver en los ojos de los científicos cómo sus sueños se están haciendo realidad.

 ¿Cómo es tu laboratorio?
Mi trabajo está en el Instituto de Investigación en Astrofísica y Planetología (IRAP), debemos ser 20 personas las que trabajamos en la integración de esta cámara (que es la cabeza del rover). Por otro lado, está el trabajo de documentación, ahí deben ser 30 o 40 personas, y en la NASA son muchas más, que es donde está el robot entero. Allá hacen las ruedas y el cuerpo.
Este es un esfuerzo internacional, el proyecto se llama Marte 2020, aunque es muy probable que un año antes del lanzamiento se le dé otro nombre, y la cámara que se está haciendo aquí en Francia se llama SuperCam.

Explicanos en términos sencillos ¿qué es un rover?
Es un pequeño automóvil que se parece un poco a un tanque con ruedas huecas por dentro porque el terreno en Marte está lleno de  rocas que son muy cortantes que hacen difícil su desplazamiento. El cuerpo es una especie de tanque que avanza con una cabeza, esta se puede dirigir 360 grados. Está provista con una cámara que tiene dos frecuencias de láser para analizar qué átomos componen la roca y qué tipo de moléculas hay. El objetivo de todas estas misiones es saber si Marte fue alguna vez habitable, si pudo haber existido vida. Se sabe que hoy tal cual está no, pero la idea es probar que sí en el pasado. Ahora, ¿por qué los científicos se interesan en esto? Porque quieren descubrir por qué Marte  cambió tanto y si esto le puede pasar a la Tierra. Ya nos parecemos mucho en tamaño y composición; la idea es descubrir las posibilidades de evolución de los planetas e intentar entender cada vez un poco más.
 

¿Qué dimensiones tiene?
La cabeza debe ser de unos 50 cm de largo por 30 de ancho. El rover es mucho más grande, deben ser de unos dos metros y medio de largo. El rover lo hacen en EEUU, al igual que el cohete que se lanzará desde Guayana Francesa.

 ¿Cuántas horas al día trabajás en esto?
Depende, en todo este proyecto hay periodos, hay días de trabajar demasiado y otros son más tranquilos. Hay veces en que puedo salir a las 7:00 y volver a las 23:00 a mi casa. 

Francia es conocida mundialmente por su cultura, su gastronomía y el romance, pero por lo visto, también se hace ciencia allí... 
Francia invierte mucho dinero en investigación científica y tiene muy buenos institutos en términos de formación de científicos, hay muchos jóvenes muy calificados. Es un país que está en vanguardia de lo que es la investigación y en lo científico no estamos mal. 

¿Qué sentiste cuando viste la placa que llevará la cabeza del rover en la que está tu nombre?
Los nombres están grabados hacia el interior de la cabeza, es parte de la estructura misma de la cámara y es una pequeña satisfacción. La placa está hecha en aluminio y cubierta en oro porque este metal tiene cualidades de conducción térmica y eléctrica que son muy buenas y que permiten mantener la temperatura de la cámara bastante homogénea.

¿Con esto ya sentís que estás dejando una huella?
Es difícil imaginar, pienso que el día en que el cohete parta y seis meses después cuando el cohete aterrice en Marte voy a sentir una gran satisfacción de decir que yo toqué ese instrumento y mi nombre está ahí grabado. Si algún día logramos enviar gente allá y se les ocurre abrir la cabeza de ese rover, encontrarán los nombres de tantas personas que pasaron días y noches trabajando duro. 

¿Qué dice tu familia de este logro?
Están muy orgullosos, a mi madre la hace soñar y a mi padre más aún por su perfil científico porque su pequeña hija está trabajando en algo así. 

¿Dónde vive tu familia?
Mi esposo es francés y no tenemos hijos aún. Mis padres viven en Bolivia, mi papá, José Enrique Velasco, era científico, hacía investigación. Hace poco se interesó mucho en los drones y abrió una empresa de servicio de drones y está intentando hacer proyectos para los teleféricos en La Paz. Mi madre, María de los Ángeles Landeau, se dedica a la educación infantil.  Mi hermano mayor vive en Argentina, hace cinematografía y mi otra hermana estudió Arqueología y Antropología y vive en Francia también. 
 

¿Vas a venir pronto a Bolivia?
Mi última visita fue hace dos años, por eso voy a ir en septiembre para ver a la familia. 

¿Has escuchado hablar del Túpac Katari?
Escuché cuando anunciaron que lo iban a comprar y cuando lo lanzaron, después no volví a escuchar de él. 

¿Estamos cerca de fabricar nuestro propio satélite?
Hay que convencer a la gente en Bolivia de que la educación es muy importante. El conocimiento es muy poderoso y la ignorancia también. Realmente hay que apoyar la educación. No estamos lejos, con la educación se toman buenas decisiones y con esto se fomentan muy buenas cosas. No hay por qué pensar que sería un sueño lograrlo (hacer ciencia en Bolivia). Basta decir okey, queremos esto, entonces nos educamos, nos formamos y lo hacemos.  

¿Qué nos falta a los bolivianos?
Somos una juventud capaz, tenemos que dejar de pensar que somos menos, hay que permitirse soñar siempre y más que todo trabajar duro. Cuando uno trabaja duro por lo que quiere, creyendo en lo que quiere y convencido de que lo va a obtener, se logra; incluso si hay malas sorpresas, siempre se va a tener una satisfacción al final. Hay que creer en la gente y que podemos, no hay razón por la que seamos menos. 
 



 




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