EL DEBER VERDE

Aves en peligro de extinción mueren enceguecidas por la luz en Chile y en Perú


La contaminación lumínica afecta a las aves marinas en todo el mundo y países desarrollados han tomados medidas para disminuir los impactos. En Chile y en Perú, la problemática aún no está instalada entre los tomadores de decisiones y miles de aves mueren al estrellarse, atraídas por la luz artificial


Aves en peligro de extinción mueren enceguecidas por la luz en Chile y en Perú
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09/02/2019

Una noche tibia de septiembre de 2004 comenzaron a caer, estrellados contra el suelo, los pollitos de mar (Phalaropus fulicaria). Habían partido desde Canadá, en su migración anual, para alimentarse en la corriente de Humboldt, frente a las costas de Chile. No se supo si habían caído exhaustos de tanto volar, como las polillas, alrededor de las luces que alumbran el puerto de Mejillones, en el norte del país, o si, encandilados, se estrellaron contra los grandes alumbrados.

En tres meses, al menos 130 de estas aves murieron a causa de la luz. Los operarios del puerto fueron los primeros en dar la alarma y el Servicio Agrícola Ganadero inició un programa para cambiar las luces del puerto por unas que no generaran tanta atracción y para que fueran apagadas en caso de no ser necesarias. Desde entonces, muy de vez en cuando, un ave perdió el camino en los alrededores del puerto de Mejillones.

Los amantes de las aves comenzaron entonces a observar otras especies y otros lugares donde posiblemente ocurriera el mismo problema. Resultó ser que los pollitos de mar no eran las únicas aves enceguecidas por la luz de los puertos, de las concentraciones urbanas a orillas del mar o de los barcos navegantes. Ese mismo año, en un mes y medio, unas dos mil golondrinas de mar (Oceanites gracilis) cayeron muertas en la aduana de la ciudad costera de Iquique. Este año ha sido el turno de los yuncos (Pelecanoides garnotii).

Los yuncos atraídos por la luz

Esta ave es un petrel perteneciente a la gama de los zambullidores y se encuentra en peligro, según la clasificación de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Son pequeños, bucean, cosa que no hacen los otros petreles y como se alimentan de krill, suelen andar junto a las ballenas, dice Yerko Vilina, biólogo experto en aves marinas e investigador de la universidad Santo Tomás de Chile.

Solo seis colonias existen en todo el mundo de las cuales dos están en Perú y cuatro en Chile. Una de estas últimas es la más grande y se ubica en Isla Choros, en la reserva nacional Pingüino de Humboldt, donde numerosas especies habitan, transitan o permanecen durante un tiempo siendo este lugar el destino final de sus rutas migratorias.

En la caleta de pescadores Punta de Choros, frente a la reserva, cada noche caen los yuncos, atraídos por la luz de este poblado que ya no es tan pequeño como lo era hace pocos años atrás.

Isla Choros. Foto: Ecología y Diversidad de Aves Marinas

Durante el mes de enero, unas 70 de estas aves han sido encontradas estrelladas, desorientadas por la luz, en esta caleta. Un número alto si se compara con los 165 individuos registrados entre 2010 y 2018, asegura el veterinario y candidato a doctor en medicina de la conservación, Frederick Toro. Él, junto a un equipo de jóvenes científicos, se encuentran desarrollando una campaña para rescatar a los yuncos durante la noche. Aquellos que sobreviven, son liberados al mar al día siguiente.

El veterinario cuenta que esta temporada fueron instaladas por los pescadores, que buscan proteger su producción y evitar los robos, fuertes luces en dos sectores de Punta de Choros. Según señala, esa sería una de las variables que estaría provocando una mayor caída de yuncos.

Por otro lado, 60.000 turistas al año recibe Punta de Choros, principalmente durante los meses de enero y febrero, atraídos por las ballenas llegan a reproducirse, después de un largo viaje desde las aguas australes.

Polluelo de yunco. Foto: Ecología y Diversidad de Aves Marinas.

Las pruebas científicas

Según una investigación publicada en la revista Conservation Biology, “la alteración de los niveles de luz natural en el medio ambiente, o la contaminación lumínica, se ha incrementado dramáticamente durante el último siglo y ha provocado la pérdida de paisajes nocturnos naturales en todo el mundo”.

Incluso, señala que la contaminación lumínica ha intervenido en la partición del tiempo de las poblaciones, las interacciones interespecíficas, la reproducción, los movimientos provocando efectos de cascada en el funcionamiento del ecosistema. En consecuencia, “la contaminación lumínica se reconoce como una gran amenaza para la biodiversidad” siendo una de las consecuencias ecológicas más graves los eventos de fatalidad masiva inducidos por la luz.

Las aves marinas se encuentran entre los grupos de aves más vulnerables a nivel mundial, y los petreles (Procelariiformes) tienen una de las proporciones más altas de especies amenazadas. Una segunda investigación científica publicada en la revista Plos One señalan que son principalmente los polluelos que se sienten atraídos por las luces en la noche en sus primeros vuelos al mar.

En efecto, los yuncos recogidos en caleta Punta Choros, así como las golondrinas que cayeron masivamente en la frontera de Perú y Chile, aves nuevas o volantones que están aprendiendo a volar y a orientarse, explica Vilina. Las pequeñas aves, atraídas por la luz revolotean alrededor de los faroles. Es por ello que los científicos aún no saben con certeza si el trauma que presentan las aves rescatadas es producto del golpe que recibieron al estrellarse contra un poste de luz o al caer al suelo, exhaustas de tanto volar, explica Vilina.

Científicos realizan necropsia a un yunco para determinar la causa de muerte. Foto: Frederick Toro

Toro agrega que hay estudios que demuestran que estas aves “se orientan por las estrellas y por la luna”. De hecho, “cuando hay luna llena, se pueden quedar toda la noche buscando alimentos”, agrega.

Según la investigación publicada en Conservation Biology, 56 de 113 especies de petreles que anidan en madrigueras y que fueron monitoreadas en diferentes partes del mundo, se conectan con tierra por las luces. “Una estimación más del doble del número reportado en publicaciones anteriores (Reed et al. 1985)”, señala el estudio.

Vilina señala que “el problema de las luces como atractores de aves es conocido hace mucho tiempo. Pero sobre todo es tratado en Europa, Canadá y Estados Unidos. En Chile y en Perú, no es tema”, dice.

De hecho, agrega que los estudios de impacto ambiental del proyecto minero Dominga y portuario Cruz Grande no consideran el impacto que generarán con las luces de sus infraestructuras. Ambos proyectos, el primero actualmente en la Corte Suprema esperando el veredicto final que decidirá si será o no construido, el segundo ya aprobado, se ubican a pocos kilómetros de la reserva nacional Pingüino de Humboldt. “Esa fue una pelea grande que yo di”, dice el biólogo quien asegura que, de construirse estas dos obras, el amenazado yunco corre grave peligro así como todas las especies protegidas de una de las reservas ecológicas más importantes de Chile y de toda la costa pacífica.

Yunco es asistido por el equipo de científicos a cargo de la campaña de rescate en Punta de Choros. Foto: Frederick Toro

Pequeñas soluciones

En 2015, en el complejo fronterizo Santa Rosa, en Tacna Perú, en la frontera con Chile, más de 700 golondrinas de mar cayeron durante el mes de enero. “Eran entre 30 y 50 todas las noches”, recuerda Jhonson Vizcarra, especialista en evaluaciones poblacionales de fauna de la Administración Técnica Forestal y de Fauna Silvestre del Perú.

“Cuando íbamos al mar a liberarlas, de regreso, subiendo hacia Santa Rosa, nos dimos cuenta de que las luces del complejo fronterizo del lado peruano eran amarillas incandescentes. Las del lado chileno, en cambio, eran blancas medias verdosas, como si fueran Led”.

Vizcarra nunca supo si fue por causa del tipo de luz que cayeron ese año tantas golondrinas. Lo que sí era cierto que del otro lado de la frontera no pasó lo mismo.

El ejemplo del puerto de Mejillones, cuando en 2004 cambiaron el tipo de luces y dejaron de caer los pollitos de mar, es para Vilina el mejor ejemplo que lo que se puede hacer de manera concreta, rápida y efectiva. Según asegura, el tipo de luz que se utiliza puede ser determinante a la hora de aplicar medidas que ayuden a mitigar este impacto.

Al mismo tiempo, una mayor conciencia a la hora de utilizar la luz y un turismo responsable también pueden hacer la diferencia.

 



 




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