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OPINIÓN



| 30/12/2018


Deseos para 2019

Que los malos augurios para 2019 no se cumplan. Ni los que se vaticinan para el país en el campo político, ni los que se pronostican en el ámbito personal. Que cada una y todas esas malas predicciones sean anuladas de raíz, sin que para ello sea necesario recurrir a la violencia y menos aún haya que sacrificar vidas y sueños. Que el sentido común le gane al sinsentido. Que la coherencia se imponga al cinismo. Que la honestidad en cada acto, sea individual o colectivo, sea la regla y no la excepción. Que nada turbe nuestra paz interior ni convulsione la necesaria convivencia entre iguales, distintos y hasta opuestos.

Si acaso no alcanzaran los buenos deseos para desterrar los malos augurios que insisten en convulsionar el nuevo año, que sí sean suficientes nuestras ganas de combatirlos y de sobreponernos a ellos. Ganas alimentadas en la voluntad de vivir cada día mejor, en la de disfrutar nuestras libertades para amar, decir, decidir, compartir, volar y ‘ser’. Ganas de ser felices, aceptando y celebrando nuestras diferencias, sin complejos ni miedos, sin caer en chantajes ni someternos a presiones de cualquier naturaleza. Ganas de cambiar el mundo (sí, se puede), a sabiendas de que se empieza cambiando antes nuestro propio mundo.

Que las buenas noticias suenen más fuertes que las malas noticias. Que ganan titulares de portada con mayor frecuencia. Que sean el gran negocio de los medios de comunicación tradicionales, y también el mejor en las redes sociales. Que ese boom sea real, no forzado ni inventado. Que sea resultado de una apuesta verdadera y concreta muy particular, y a la vez colectiva y pública, de acciones renovadas y transformadoras. Porque nada cambia por acaso, no hay transformación efectiva si obedece apenas a un impulso marginal. Porque tal como reza el dicho: “Uma andorinha só não faz verão”.

Que 2019 sea el año de humanización de nuestras sociedades. En todos los sentidos. Que seamos capaces de frenar en seco el retroceso vivido en casi todas las áreas en este año que termina. Sobre todo en la institucionalidad democrática, en la convivencia pacífica, en el reconocimiento y respeto a los derechos humanos más elementales. Porque, para pesar de la mayoría, hemos retrocedido mucho en cada uno de esos ámbitos. Bolivia es un ejemplo de este retroceso, en especial en lo político y lo social. Los pocos avances, sin duda importantes, en independencia de poderes, justicia y equidad, han sido abortados.

También hemos retrocedido en las luchas contra la discriminación, el racismo, la violencia política y, sobre todo, la violencia contra las mujeres. Hay más normas y leyes, pero menos voluntad política y medios necesarios para encarar cada uno de esos combates. Ojalá que en este nuevo año, que se inicia pasado mañana, esas luchas recuperen el tiempo y los espacios perdidos. Con urgencia, con consignas renovadas y poderosas como la que ya va tomando cuerpo y ganando terreno: #toleranciacero a toda y cada forma de violencia hacia las mujeres. No da más para aguantar a tantos violentos impunes. Ya no más.

Que sea, además, el año del reconocimiento auténtico y efectivo de la fuerza de los niños y de los jóvenes. Que los derechos de niños y jóvenes dejen de ser letras muertas, y sean acción y hechos concretos. Que dejemos de llamarles ‘el futuro’ de Bolivia y asumamos que son el presente del país. Ellos son los verdaderos transformadores de Bolivia. Lo son hoy mismo. Y merecen, por lo tanto, toda la atención. Que 2019 así los reconozca. Que en este nuevo año cada niño, cada adolescente, cada joven sea escuchado y atendido en sus demandas básicas y urgentes: derecho a una vida digna, con buena salud, excelente educación y valiosas oportunidades para su desarrollo integral.

Que sea, finalmente, el año de la plena recuperación de la democracia boliviana. Dentro y fuera de cada hogar. En cada lugar de trabajo o de estudios. En todos los partidos y las organizaciones políticas. En los tres niveles de gobierno. En cada repartición pública. En el corazón, en la mente y hasta en los bolsillos de todas las élites, incluidas las empresariales y profesionales. Que 2019 nos encuentre unidos en este propósito: plena vigencia del Estado de derecho. Sin cortapisas. Sin trampas. Sin muertos.





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