ENTREVISTA

Víctor Rodríguez Núñez: 'Lo peor para la poesía y los poetas en general no es la censura, sino la autocensura'


El poeta cubano es uno de los invitados principales de la V Semana de la Poesía. Fue admirador y amigo del argentino Juan Gelman. Acaban de publicar una antología de sus versos en Bolivia titulada Inversa

Escuchar el artículo Pausar Lectura

05/04/2018

La V Semana de la Poesía de Santa Cruz se inició la noche del martes en el Centro Simón I. Patiño con una lectura de los poetas bolivianos Valeria Sandi y Daniel Ayoroa, que fueron acompañados por el cubano Víctor Rodríguez Núñez, que también, esa noche, presentó una antología de su obra publicada en nuestro país por el sello Agua Iluminada (Plural Editores). 

Rodríguez Núñez es una de las figuras de este encuentro literario, que  concluye hoy. Periodista, académico, traductor, docente y poeta, vive actualmente en Estados Unidos, donde es profesor de Literaturas Hispánicas en la Universidad Kenyon College, de Ohio. 

Uno de los aspectos que se menciona de su trabajo es el de periodista, y de tres antologías en los 80 que produjo y definieron una generación...
Yo leí una vez un ensayo de Roque Dalton donde hablaba de César Vallejo, y una de las características que más le interesaba a Dalton de Vallejo era que el poeta peruano tenía consciencia de generación. Vallejo sabía que no era un electrón libre, sino alguien que tenía una relación con los otros poetas, que era parte de un proyecto y de un grupo en general. Entonces yo, desde el principio he tenido consciencia de generación. Y yo intenté, con mis modestas fuerzas, organizar un proyecto e hice tres antologías de mi generación. La segunda de ellas, que se llama Usted es la culpable, es un clásico de la literatura cubana.  

Ahora me han pedido que haga una versión facsimilar de esa antología, pero no estoy muy animado, ya que muchos de los poetas que estaban ahí ya no me gustan.

¿Cómo ha cambiado su poesía en este tiempo? ¿Cuáles son sus búsquedas ahora cuando escribe poesía?
He cambiado mucho, sobre todo ahora busco una poesía sin bordes, sin fronteras, por eso renuncié a todos los signos de puntuación y también a las mayúsculas. A mí me interesa que haya una transición entre una idea y otra, y que no haya básicamente un borde para el sentido, incluso que se pueda mezclar un verso con otro. Eso es porque trato de acercarme a cómo funciona el pensamiento, nosotros no pensamos con puntos y comas ni con mayúsculas y minúsculas. Nosotros pensamos como un fluido. Desde que escribo de esa manera he podido expresarme mejor. 

¿Piensa que los poetas se contienen mucho? ¿Se dejan limitar por el lenguaje?
¡Oh, sí! Lo peor para la poesía y para los poetas en general no es la censura, sino la autocensura, las cosas que uno se impone a uno mismo. Y los límites que uno cree que existen, pero que son absolutamente falsos, artificiales. Cuando yo dejé de escribir poemas y empecé a escribir poesía, entonces, yo pude desarrollarme más, yo pude expresarme mejor. Yo antes pensaba en la estructura del poema, en el inicio y el final del poema, ahora ya no me importa eso, yo simplemente lo que hago es estar atento a lo que pasa. Uno no tiene que estar consciente de lo que
pasa, debe dejar a su consciencia trabajar, porque ella sabe muy bien hacia dónde vas, no tiene que explicártelo todo.  

En su libro despegue (con minúscula inicial), con el que ganó el premio Loewe, toca el tema del desarraigo y tiene un verso que dice: “No crees en el sistema donde tienes hogar/nunca te dio un hogar el sistema en que crees...”

Sí, es un libro duro, donde suelto la lengua sobre montones de cosas. Sobre el título: yo tuve una gran amistad con Juan Gelman, él me dedicó un solo poema en la vida, que se llama Despegue, y cuando lo leí no me gustó y no lo entendí. Pero cuando Gelman murió, el poema como que se me reveló, él me había dado la clave de quién yo era.  Gelman supo ver mi identidad mejor que yo, él era como mi padre en la poesía. Un año antes de que él muriera falleció mi madre. Cuando muere Gelman yo me di cuenta de que me había quedado huérfano, y un poco este libro, desde el punto de vista sentimental, es una conversación con ellos dos. 

Por otra parte, a mí me gustan mucho los lugares. Es por eso que  despegue es una colección de lugares públicos y privados. Yo dejo hablar a esos lugares, es una poesía del espacio, no del tiempo.  Aquí uso la forma soneto, que es algo que me gusta mucho, pero mis sonetos no tienen rima y ahí también hay una complicidad con Gelman, porque él los hacía. Una vez le mandé un libro y le dije: ‘Juan, aquí van estos sonetos que son falsos porque no tienen rimas’ y él me respondió: ‘Falsos son los sonetos que tienen rimas’; entonces, eso me dio mucha fuerza, ya tenía el visto bueno del maestro. Mi libro despegue es una búsqueda de si en realidad alguna vez me fui de Cuba. Yo no me fui de
Cuba por razones políticas, sino única y exclusivamente porque me dio la gana. En el libro está el dilema de si yo realmente vivo en La Habana o en Estados Unidos. También se discute si es falso que me haya ido, y si es falso también el que haya regresado. Básicamente, uno está en el medio en ese proceso.

Perfil

Eximio poeta
Víctor Rodríguez Núñez nació  en 1955. Ha publicado los poemarios: Cayama; Con raro olor a mundo (Premio David, 1981); Noticiario del solo, Premio Plural, 1987; Cuarto de desahogo, 1993; Los poemas de nadie y otros poemas, 1994; El último a la feria, 1995; Oración inconclusa, 2000; Con raro olor a mundo: Primera antología, 1978-1998, 2004; Actas de medianoche, 2006; y Actas de medianoche II, 2007. Fue redactor y jefe de redacción de la revista cultural El Caimán Barbudo, donde publicó trabajos sobre literatura y cine. Seleccionó las antologías: En su lugar la poesía, 1982; Usted es la culpable, 1985, y El pasado del cielo: La nueva y novísima poesía cubana, 1994.



 




En esta nota