Una selfie al país: la mirada de los jóvenes

ESPECIAL

Siete reportajes nos cuentan la mirada de los jóvenes sobre Bolivia. Relaciones humanas, su opinión sobre los temas más importantes, lo que piensan del futuro, el trabajo, sus hábitos, qué códigos usan. Todo en este imperdible especial


EDITORIAL

Este aniversario patrio decidimos mostrar el futuro, que hoy dice presente. La sangre nueva de esta Bolivia expresa sus necesidades y sus sueños. Las semillas ya brotaron y ahora quieren mostrar sus mejores colores para pintar otros paisajes, con nuevos aires y sonidos.

La generación denominada millennials creció con el nuevo siglo y tiene una herencia, pero vaya si tiene futuro. Son los que nacieron entre 1981 y 1999 y entienden el mundo online y el offline como una realidad integrada. Entre lo digital y lo analógico.

Hay un sincero reclamo por no sentirse escuchados y creen que hay otras formas de ser útiles para una nueva Bolivia. Esta generación selfi valora las experiencias personales y se siente única. Son grandes descubridores a pesar del saber de antaño y bucean en las redes sociales donde la libertad les sonríe.

Ávidos de novedades, espacios y de amigos digitales, les preocupa la pobre educación y muchos prefieren nuevas oportunidades, lejanas y ambiciosas como sus sueños: salir, capacitarse, volver y hacer otra Bolivia.

Desconfían de un presente que no les permite desarrollar sus actividades, tal vez por eso se refugian en los rincones de las nuevas tecnologías, que consideran las nuevas escaleras del futuro.

Prefieren trabajar en lo que les apasiona, aunque suponga mayor inestabilidad económica.

Les preocupa la discriminación, el racismo y otras miserias. Por eso apuestan por la inclusión y la diversidad.

El cambio en las relaciones humanas modifica concepciones del mundo, reflejadas en otro vivir. Creen en el amor, pero no tanto en el matrimonio. Son más tolerantes a la diferencia y al otro, sin tanto miedo a lo desconocido. Para ellos el sexo es sinónimo de libertad y la religión no es una atadura.

Viajar y destacarse es más que una selfi de alegrías. Más interesados en Instagram que en Facebook, prefieren compartir momentos. Estos ‘multidispositivos’ juegan en línea una buena parte del tiempo y prefieren crear marcas propias. De allí su emprendedurismo.

Ponen en jaque las viejas estrategias comerciales y se ubican en otras plataformas de la creatividad para llegar lejos y a todos.

Son adeptos a Netflix y a Spotify, pero también a Uber y a Airbnb. A pesar de que muchos mayores creen que son vagos, narcisistas e inestables y sin capacidad para planificar, ellos se comprometen con su futuro y creen que con nuevos conocimientos y capacidades se puede hacer un país mejor. Ellos viven, se expresan y sienten. Llegó la hora de reconocerlos y escucharlos.

Roberto Dotti/ Editor de Apertura de EL DEBER

Ellos primero

Gina Justinano

gina.justiniano@eldeber.com.bo

Santiago Gamarra tiene 22, estudia y trabaja en el Centro Interno de la Facultad de Ciencias Económicas Administrativas y Financieras de la UAGRM. Cree en el amor, pero no en el matrimonio que consta en los papeles. “Nada es para siempre y después viene el quién se queda con qué y quién se va con quién. Cuando se habla de concubinato los conservadores piensan mal, pero convivir es intentar pasar el resto de tu vida con alguien”. Santiago la tiene clara, cree más en valores y principios que en instituciones y ya lo tiene decidido, no quiere tener hijos. Considera que se viene un panorama difícil para la sociedad. “Traer un hijo al mundo require muchísima responsabilidad y compromiso, no quiero darle una vida y no poder satisfacer sus necesidades básicas”. Su rostro alargado y figura enjuta hacen creer que tiene menos edad, pero la seguridad con la que habla y defiende sus ideas obliga a reconocer que no es un advenedizo.

No es el único. Humberto Fernández, también estudiante universitario de la rama económica, no se visualiza pensando primero en formar una familia. “Mi generación se preocupa por crecer nosotros mismos en lugar de hacer crecer la familia. Primero necesitamos cultivarnos antes de cultivar a alguien más”. Humberto luce como el típico presidente de la clase, tiene el look de alguien que planificó bien su vestimenta, habla fuerte y no tiene pena de decir lo que piensa. ¿En serio no va a tener hijos nunca? “Tal vez cuando haya alcanzado cierto avance profesional y pueda mantenerme, podría planteármelo”.

Anteponer la realización personal a la de tener familia no es pensamiento exclusivo de ellos.María Soledad Mamani cree en el matrimonio y quiere tener hijos, pero antes que nada quire “sí o sí formarse y terminar una carrera. “Después de eso recién pensaría en una familia, me veo casada recién a los 35 o 40 años, antes quiero salir profesional y viajar. Tampoco quisiera llenarme de hijos”.

Juan Pablo (20), que tuvo que dejar la universidad para trabajar a tiempo completo y ganarse la vida tiene otro código bajo el cual regirse. “Yo creo más en una relación abierta sin compromiso, en la que dos están a gusto y se respetan. No puedo decir que creo en el matrimonio”. Para él pesan más el respeto, la comprensión y el ayudarse mutuamente.

Sobre educación sexual y sexo

“Tenemos educación sexual amplia, sabemos cuidarnos, conocemos todos los métodos que existen y no es para nosotros un tabú el usar métodos anticonceptivos, usarlos es algo natural”, es lo que una gran parte de los chicos responde casi de memoria.

Pero otros como Noelia (26), que se gana la vida como auxiliar de oficina, reconocen que no siempre la información que abunda es la correcta. “A veces se toma información errónea y se va desinformando a los demás”.

Hablar de sexo es pasar a hablar de aborto, el término está presente en las charlas de los jóvenes y hay una franja considerable que piensa que debería legalizarse. El debate lo instaló EL DEBER en el aula 06 de la facultad de Ciencias Económicas. Se congregaron 15 chicos y chicas para hablar ante todo con honestidad.

“No nos podemos mentir y pensar que no hay abortos. Los hay, son clandestinos y son practicados de mala manera en condiciones precarias. El hecho de legalizar el aborto no significa que todos van a empezar a abortar, más bien se trata de dar condiciones mínimas para que se pueda hacerlo sin poner en riesgo la vida. En vez de quitar una vida, se quitan dos al no legalizarlo porque muchas mueren abortando, por eso estoy de acuerdo”, recalca Humberto.

Pero como todo tema polémico que divide aguas, no faltan los que prefieren preservar la vida a toda costa y aseguran que hay otras opciones para entregar a ese nuevo ser vivo sin necesidad de acabar con él antes de darle la oportunidad de nacer. “Mis derechos terminan donde comienzan los del otro”, subraya el músico Alejandro Álvarez, que considera que si una criatura ha llegado hasta el vientre de una mujer merece darle la oportunidad de arribar al mundo y que existen hogares e instituciones que tienen la obligación de ampararlos.

Luz Vania Liceras solo toma la palabra para decir que el aborto marca a las mujeres para siempre y que no está de acuerdo en absoluto con la posibilidad de que se legalice esta práctica. Ha tenido amigas que no vieron otra salida y que no se reponen hasta hoy de la decisión que tomaron y del giro que dieron sus vidas.

Comunidad LGBTI

Tienen compañeros de la comunida de lesbianas, gays, bisexuales, trasn e intersexuales que caminan junto a ellos. Todos los consultados están convencidos de que se trata de seres humanos antes que nada y que sus preferencias sexuales no los definen. Pero eso sí, en su gran mayoría no comparten sus demandas, cuesta apoyarlos cuando piden derecho al matrimonio y a adoptar hijos. “No pueden imponernos su forma de pensar y convencernos que está bien que se casen entre ellos, los respetamos, pero eso es todo”, dice Luis Felipe Paredes para quien no hay dónde perderse, se nace mujer o se nace hombre. “Al momento de nacer el doctor no le dice a la madre ‘nació gay o nació lesbiana’, los que dicen eso son los que siguen una copia de afuera”.

Mientras que para Noelia la sociedad sigue siendo hipócrita y a su comunidad (LGBTI) les vulneran derechos todos los días. “Algunos han tenido que volver a esconderse en el clóset para poder acceder a un trabajo o para estar tranquilos en el área educativa. Eso sin contar que estigmatizan a las trans y a los gays de que son ladrones y drogadictos”.

EL DOBLE RETO DE SER UNA MUJER TRANS

Flavia (18) y Juan Pablo (20) son pareja, viven juntos hace menos de seis meses. Ella es colegiala en un nocturno y de día atiende un snack. Le gusta estar pintada, con aros grandes y llamativos y usar ropa ajustada al cuerpo. Desde que tenía 14 definió su sexualidad a capa y espada.

Juan Pablo era heterosexual hasta que la conoció, la vio y le gustó. Fue un camino sin vuelta atrás. En breve planea llevarla a Beni, para que la conozca su familia. Desde que Flavia entró en su vida, él ha entrado en su mundo y afirma: “Son como cualquiera, no son extraterrestres”.

Para Flavia siempre el reto ha sido doble: validarse como mujer y como persona. “Siempre me he sentido observada, siempre me van a mirar de pies a cabeza. Si sos una mujer transexual te van a tirar indirectas”.

Su estrategia ha sido agachar la cabeza, no hacer caso a los comentarios que no le aportan y refugiarse en el deseo de que mañana la socierdad pueda entender.

 

Nuestra voz

Christopher André

christopher.andre@grupoeldeber.com

Alessandra frunce el ceño y por un momento vuelve a la sala del cuartel, en el que vestida de uniforme y rodeada de sus camaradas premilitares, ve un video en el que una muñeca, que representa a una mujer, es insultada y golpeada. “Ahí estaba el comandante y no hacía nada”, rememora con indignación. A sus 16 años, a uno de salir bachiller, lamenta que el machismo, la violencia, el feminicidio, un término que se cansó de escuchar, se cuenten entre sus principales preocupaciones.

También le preocupa la basura, no entiende cómo las autoridades no le dan prioridad a este tipo de temas, de los que depende el futuro. Con la misma vehemencia habla Joel del agua: “me da hasta terror pensar que un día pudiéramos quedarnos sin qué tomar”, cuenta este muchacho, de la misma edad que Alessandra.

Alessandra y Joel pertenecen a la generación Z, también conocidos como centennials (nacidos a partir de 1997). Nativos digitales, tienen sus hábitos y formas de consumo vinculados a alguna red social o plataforma online. Aunque una de sus mayores preocupaciones no es tecnológica.

El medioambiente es uno de los asuntos que más les llama la atención. Una encuesta realizada en octubre pasado por la Utepsa señala que un 86% de los jóvenes de esta generación dice que todos deberían reciclar y el 77% prefiere comprar productos más caros si la garantía es que no dañen el medioambiente.

No temen salir a las calles para expresarse y autodenominarse activistas. Los últimos años del colegio y los primeros de la universidad son sobre todo los que más aprovechan para alternar sus estudios con actividades como campañas de limpieza o de ayuda a sectores vulnerables. Su visión de instituciones como el Ejército y el Servicio Militar muestra cómo ven a la Bolivia del futuro, opinan que “hacer Patria” no es estar un año obligado en el cuartel, es ser un buen ciudadano, ayudar a los demás sin pedir nada a cambio.

El principal obstáculo con el que se cruzan sus propuestas es la poca atención que reciben de los adultos, “piensan que porque somos jóvenes no nos interesan los temas serios, entonces simplemente nos ignoran”, cuenta Betzabé, una joven de 18 años, que trabaja como voluntaria en grupos de ayuda social.

Y y Z, juntos, pero no revueltos

En la frontera generacional, los centenials conviven con los millennials (nacidos entre 1985 y 1996). Son jóvenes que ya se independizaron o están en busca de la independencia económica y que no pierden de vista los problemas del país. En esta etapa temas como la política toman relevancia.

Romané, con 23 años y a un paso de graduarse como licenciada en Comunicación, cuenta que unos años se hubiera negado a meterse en política, pero que ahora lo pensaría. “El país necesita ideas nuevas, propuestas actuales y reales que ayuden de verdad”, dice, pero también asume que no serían escuchados. Regresa esa terrible certeza: “lastimosamente no se confía en la propuesta de los jóvenes”.

Y, a veces, el desencanto llega: entrar en política es un riesgo. Juan Pablo, un médico de 28, cuenta su terrible experiencia: “Yo tengo un tío tránsfuga, nefasto. Entonces yo dije que quiero ser lo contrario de él y traté de incursionar. Cuando quise entrar o charlar con ellos (los políticos) todo era oscuro, todo era ‘no sale de aquí’ y yo no podía creer que eso fuera tan corrupto”, cuenta decepcionado.

Bienvenido a la vida adulta

Como saliendo del cascarón, el joven boliviano empieza a enfrentarse a temas más sensibles para su futuro. Es el caso de la economía. Yetly, de 28 años, es licenciada en Idiomas y trabaja en una aerolínea que está a punto de marcharse del país, reconoce que las expectativas que tenía cuando estudiaba en la Universidad eran otras y que a veces teme por el futuro. “A ratos hay incertidumbre por lo que se viene”, dice. A pesar de todo tiene confianza, cree que si hay una cualidad que tienen los bolivianos es la de saber sobreponerse. “En esos momentos más oscuros es cuando más nos unimos”, dice.

Comprar una casa, un automóvil, mejorar la calidad de vida empiezan a convertirse en los dilemas, que muchas veces se convierten en frustraciones. Andrea, una médica con especialidad en medicina interna, de 28 años, tuvo que partir hacia México ya que no lograba conseguir trabajo en Bolivia. Ahora estudia una subespecialidad con la esperanza de que, al regresar en dos años, el panorama laboral mejore.

La mayoría siente que los empleadores no respetan su formación intelectual, esta falta de oportunidades es también percibida como otra forma de silenciarlos, de quitarles oportunidades.

Alessandra, Joel, Betzabé, Romané, Juan Pablo, Yetly y Andrea, pertenecen a esa generación de nuevos bolivianos que tiene una mirada crítica sobre su país. No se callan y, sobre todo, no pierden la esperanza. Habría que escucharlos más.

 

SER JOVEN Y MUJER EN BOLIVIA 

Las noticias más recientes de feminicidios, violaciones, trata y tráfico de mujeres han puesto en alerta a las jóvenes bolivianas. Cuando hablan de sus preocupaciones no evitan mencionar la situación que vive el país respecto a la violencia de género, consideran que no se ha hecho lo suficiente.

El bombardeo mediático también ha hecho su parte, ellas creen que más allá de contar cómo murió una mujer hace faltan noticias que les enseñen a detectar los malos tratos, muchas veces normalizados en casa o instituciones como la escuela y el colegio.

Los chicos también se preocupan, los hombres más jóvenes opinan que solo con educación se puede erradicar el machismo, evitar que haya más muertes por cuestiones de género.

Así miran al futuro

Sofía Otero Arteaga

sofia.otero@grupoeldeber.com

“Aquel que no conoce la historia está condenado a repetirla”. Ésta fue la famosa frase de Napoleón Bonaparte que citó Stephania Peterson, de 18 años, al referirse a la historia de Bolivia. Para ella es importante que los jóvenes y futuras generaciones la conozcan y sean conscientes de los errores cometidos en el pasado y así en el futuro aprendan de ellos. Mariana Ribera, de 25 años, miembro de la fundación, “Yo Soy Mi Primer Amor”, cree que, es necesario conocer la historia y aprenderla pero se debe dejar el pasado atrás y mirar hacia adelante, y no ahogarnos con -por ejemplo- la historia de la pérdida del Litoral. Sobre este tema el emprendedor y gerente general de “Tugerente.com”, Freddy Arredondo, más duro manifiesta que “la famosa historia del mar nos tiene hundidos”, cree que se debería eliminar este “cuento” de la historia de Bolivia, ya que entiende que el país tiene otras riquezas que pueden ser explotadas para el crecimiento, no solo económico sino también cultural, piensa que aquella lucha es netamente política y una manera de justificar el fracaso de los bolivianos.

La activista política, Ana Sofía Urresti, de 28 años, comentó que se siente identificada con la historia y le gustaría que los “nuevos bolivianos” la conozcan y se sientan orgullosos de ella a pesar de los fracasos. Ana Sofía habló del amor y el respeto que siente por los símbolos patrios, como la bandera boliviana, que es parte esencial de cada lucha que tuvo en las calles por la democracia del país. Pero otros jóvenes expresaron que sí los conocen pero que sienten que han perdido importancia ya que se han politizado de sobremanera. Pero si de patriotismo se trata, Ángela Cárdenas, jugadora de la selección boliviana femenina de fútbol, dijo que entonar el himno nacional antes de un partido le llena el corazón de orgullo, y la motiva al igual que a sus compañeras cuando representan al país en las canchas. Del himno nacional nació el blog El Hado Propicio’ en el que el comunicador Gustavo Lozada, habla de cultura y viajes por Bolivia, a su vez que hace una crítica social. El mismo manifestó que la cultura boliviana tiene tradiciones maravillosas que debemos valorar y rescatar en todo el territorio, pero que otras deben extinguirse ya que vienen cargadas de violencia machista y homófoba, un tema contra el que lucha constantemente.

Para André Reckeweg, de 17 años, las tradiciones y costumbres son lo que identifican a los bolivianos. Pero, para Camila Roca, estudiante de 16 años, las tradiciones no la han marcado, esto lleva a preguntarse, ¿qué se consideran tradiciones hoy en día para los jóvenes? Mariana Ribera cuenta que tomar el “tecito” y comer masitas típicas con su abuela con quien conversa sobre la Santa Cruz de antaño, es una tradición familiar. Freddy, cree que las tradiciones no son malas pero que el boliviano y sobre todo el cruceño es muy fiestero y para emprender, como hizo él, perjudica bastante. Esto nos lleva a hablar del Carnaval, una fiesta importante para todas las regiones del país. Algunos dijeron que les encanta porque muestra la cultura y esencia del país al mundo, como es el caso del Carnaval de Oruro, mientras que otros consideran que ya no debería celebrarse en algunos casos por temas de religión.

Si bien los consultados se identifican con la religión católica, su forma de relacionarse con Dios es más libre. Por ejemplo, Stephania es agnóstica – ateísta, aunque viene de formación católica, le gusta leer mucho sobre filosofía al igual que Gustavo que es agnóstico y cree ‘’si los jóvenes tienen que creer en algo es que puedan vivir en un país donde nos hagamos la vida más fácil los unos a los otros’’.

Mirando al futuro

Y, ¿qué desean los nuevos bolivianos para el futuro del país? Ana Sofía piensa que en 10 años se habrá construido un mejor país con oportunidades para todos; a Freddy le gusta pensar en un país con una mejor educación y que ya no existan las diferencias entre las regiones; Mariana espera que en el futuro los feminicidios y la violencia en contra de la mujer se acaben; Gustavo desea un país inclusivo y con más derechos para la diversidad LGTBI+, Ángela quiere que la corrupción desaparezca de Bolivia y que se brinde un apoyo equitativo a los deportistas bolivianos. Stephania desea una nación que explote lo mejor que tiene y lo aproveche al 100% para el crecimiento del país.

Los nuevos bolivianos tienen incertidumbres, pero lo que les sobra es esperanza y ganas de luchar juntos por una mejor Bolivia. Todos pueden ser parte de esta evolución, solo deben unirse para forjar un futuro más prometedor para la población.

Descubre cómo opinan del futuro estos jóvenes haciendo clic o tocando sobre la foto:

 

Hacer Patria

La diferencia entre riqueza y pobreza, entre ser exitoso y no serlo, tiene nombre. Se llama educación. Con esta afirmación, el ‘camarada Pinto’ (27), un guardia municipal, analiza y mira al vacío en un momento de descanso en uno de los mercados de la ciudad. Los jóvenes de hoy ya no son niños. No son pocos, esta nueva generación -los centennials- rondan los dos millones de habitantes, el 18% de la población del país, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Sus caprichos y juegos de infancia se transformaron en sueños y ganas de darle un nuevo aire al país, la nueva forma de “hacer patria” que se ve ensuciada por una configuración de estructuras que les queda obsoleta, pero que puede cambiar con dos brazos principales: educación y oportunidades.

Así como el ‘camarada Pinto’ considera que la educación es una de las puertas para las oportunidades (a la que no apunta a acceder), los jóvenes afirman que es un elemento básico para abrirse espacio, pero no el único. En esta línea, se perfila Pedro Coronado (24), un trabajador de una tienda de abarrotes del mercado Los Pozos que dejó sus estudios para laborar en algo a lo que no le gustaría dedicarse toda su vida. La falta de experiencia no le permitió encontrar algo en materia de Contaduría Pública. Vale mencionar que hay otros que no se insertan ni en el sector informal, los jóvenes son los más golpeados por el desempleo en Bolivia, con una tasa del 8,5%, según el INE.

“Yo quiero tener una consultora que atienda temas contables o ser un distribuidor mayorista de plásticos, pero por falta de dinero tuve que dejar el estudio. Es una pena”, lamenta.

Preocupaciones y aspiraciones

¿Los universitarios tienen la educación que desean? El hecho de que un grupo de la Facultad de Ciencias Económicas Administrativas y Financieras de la universidad pública cruceña quiera salir a especializarse al exterior despierta dudas. Incluso hay quienes apuntan a irse y no retornar.

Sin embargo, también existe una ‘nueva camada’ que después de ver el mercado internacional jugó sus cartas por Bolivia. Tal es el caso de Juan Miguel Román (25), director de Juventud Empresa, quien tomó la ruta del emprendimiento, una aspiración común entre los centennials.

“Estamos en constante aprendizaje y debemos movernos rápido porque nuestra competencia ya no es local, es global. Hay que cambiar enfoques para ser más competitivos y modernizar la educación, mejorar la conexión entre las universidades y las empresas, al igual que adaptar al sector privado para que las opiniones y la proactividad de los jóvenes sea considerada y se generen cambios en las empresas”, sostiene Román.

Asimismo, el tema de la tecnologización es un anhelo que esperan concretar ellos mismos. Daniela González (20), estudiante de Comercio Exterior e Ingeniería de Sistemas, y sus compañeros de facultad aseguran que esta herramienta puede ser la salida para dejar de depender de los recursos renovables y dar espacio a nuevos sectores.

Del mismo modo, para evolucionar estas viejas estructuras, también hay que dejar otros problemas sociales que frenan la evolución proyectada por la juventud. Según Sharon Sánchez (19), del Concejo Nacional Afroboliviano, el racismo y el machismo son limitantes para las etnias y minorías que conviven en Bolivia. “El futuro laboral debe tomar en cuenta la esencia, la historia, la diversidad y la cultura del país”, señala la joven que aspira a llegar a la universidad.

 

Las 99 maneras de divertirse

Cristian Massud

cristian.massud@grupoeldeber.com

Luis Subelza ríe con South Park. Mariana Reckeweg se divierte con Instagram TV. Valerie Monic baila ese “perreo tan abajo, que llega a conocer a Satanás”. Javier Saleck suda en el boot camp. Ana Sofía Urresti escucha Spotify. A Duber Drew le gusta la serie de las Kardashian que se emite por E! y Luis Medina se sacude en los boliches alternativos. Lucio Prado duerme con su pingüinito de peluche. Reinaldo Mercado solo usa un bóxer para conciliar el sueño. Marcelo Borda levanta varios kilos en el gimnasio. Jhojan Rodríguez usa varias aplicaciones en su Samsung Galaxy A50. Y Fernando Pascoe mira transmisiones en vivo de Call of Duty, su juego favorito.

Esos son los hábitos de los jóvenes en Bolivia. No hay un padrón único que los mida a todos. El panorama es variable y depende del estado de humor, del lugar o de la compañía. Muchos confiesan que fumaron marihuana, pero cuando hacen esta revelación piden el anonimato. Pero también hay los que aseguran que no les interesa las drogas y que jamás llegarían a probar una de ellas. Así “están bien” en sus vidas. Afirman.

Tele sí, pero no así

A los chicos no les interesa mucho la ‘caja boba’. Y cuando agarran el control remoto es para buscar algo divertido en Comedy Central o una peli en HBO, FOX, AXN, TNT o Cinemax. El adulado del momento es Netflix. Si no pueden acceder a él mediante el televisor entonces usan su celular y no se pierden por nada del mundo lo que suceda en La casa de papel, Stranger things, Dark, Lucifer, Rick y Morty, Los siete pecados capitales, One Punch-Man, Narcos, Élite, Sense 8 y Breaking Bad.

Ese bailecito...

Facebook, Instagram y Snapchat son sus redes favoritas. Todo lo que hacen lo registran en ellas. Si quieren divertirse optan por un boliche de música variada. Se atreven a bailar de todo y eso depende de la ocasión; no tienen un ritmo elegido. Pueden hacer pasos en la cumbia como en la salsa y animarse a moverse hasta abajo en un reguetón. No les parece anticuado bailar bien pegado, pero prefieren hacerlo solo con sus enamorados. Tampoco los identifica un solo cantante. Escuchan todos los hits que se desprenden de los artistas urbanos, como Maluma y Sebastián Yatra.

¿Ejercicios? ¿Qué comer?

Todos se preocupan por su aspecto. Algunos van al gimnasio y otros corren en la calistenia, el CrossFit y en el boot camp. Pero también están los que boxean, caminan y manejan bicicleta sin parar. Los jóvenes hoy prueban de todo. Pueden deleitarse con un rico pollo a la broaster o con un sushi gourmet. Hay los que se cuidan con cereal y verduras.

Celular, siempre

Unos tienen Samsung, otros Huawei o iPhone, pero todos usan teléfonos inteligentes hasta en el baño. Chatean en WhatsApp, Instagram y Facebook. Se divierten con las aplicaciones y les desespera cuando la batería ya está en rojo. Son pocos los que juegan Candy Crush. Y los que entran ‘en línea’ se dejan llevar por los gráficos de Fortnite, Dota 2, Free Fire, Mobile Legends y Call of Duty. Duermen con poca ropa, de bóxer, de pijama, con sus peluches y hasta con los ojos tapados. También prefieren un short, un vestidito más liviano o una polera vieja.

No hay un denominador común en la diversión para los jóvenes bolivianos. Importa algo la pinta. Pero, siempre se impondrá la personalidad.

 

Una mirada a la juventud

Yanine Peña

yanine.pena@grupoeldeber.com

Las manos manchadas, arrugadas y temblorosas. El cuerpo encorvado y la visión borrosa son la muestra de una vida llena de trabajo. Los ancianos bolivianos cargan en la espalda el peso de su historia y la preocupación por las decisiones de las futuras generaciones. “Los jóvenes tienen esperanza, son rebeldes, auténticos, viven por lo que creen que es verdadero, pero les falta compromiso”, expresó el escritor cruceño Édgar Lora (67), que fue docente por 42 años.

Esta aparente falta de entrega se muestra en todas las áreas de su vida. “Ya no se quieren casar, tampoco buscan tener hijos. Tienen relaciones esporádicas. Su hogar puede ser un pequeño cuarto o una finca en algún país lejano. Eso me apena, porque no podrán tener el calor de una familia, pero a ellos se los ve felices”, indicó la beniana María Morales (72), que trabaja en su hogar y como agricultora.

El celular y el cara a cara

Gran parte de la vida juvenil está visible en las redes sociales. Allí es donde los más chicos vuelcan sus pensamientos y sentimientos. La mayor distracción de la juventud, según los adultos mayores, se centra en el mal uso del teléfono, en ocupar la tecnología, no como fuente de conocimiento, sino para jugar y crear una vida para ‘el face’. “El celular se convirtió en algo imprescindible para ellos, pero debe utilizarse con límites. Los chicos no estudian como es debido, no ven por dónde caminan y ya no saben cómo relacionarse cara a cara”, dijo la profesora chuquisaqueña Esperanza Durán.

Es esta herramienta, que las “aletargadas” nuevas generaciones de bolivianos, en su gran mayoría, no utilizan para buscar becas o para investigar, es otra de las razones por la que no reaccionan ante temas ‘serios’, como la política y el cuidado del medioambiente. “Todos están concientes de lo que sucede en el país, pero reaccionan débil y lentamente, porque no están preparados y a veces no tienen los recursos y motivación para estudiar. Por eso se dedican a la delincuencia”, afirma el paceño Cruz Aleluya, que trabaja vendiendo café en la plaza 24 de Septiembre, de Santa Cruz de la Sierra.

Trabajo, la preocupación de los abuelos

La crisis económica y el desempleo tienen en vilo a muchos ancianos, que se desvelan pensando en las posibles perspectivas para sus retoños. “Me apena que los jóvenes migren a otras ciudades de Bolivia y al extranjero en busca de mejor calidad de vida porque no la encuentran aquí. No tienen incentivo y los emprendedores se ven sofocados por los temas impositivos”, manifestó la potosina Lourdes Herrera.

Si bien, existe una visión pesimista sobre el tema laboral, la gente mayor conserva la esperanza de que los jóvenes logren un cambio uniendo su creatividad a las herramientas tecnológicas y un mayor compromiso con la sociedad.

 

Jóvenes empoderados e icónicos

Jesús Alanoca Paco

jesus.alanoca@grupoeldeber.com

Son mayoría. Los jóvenes bolivianos representan entre un 80 a 90% en casi todas las redes sociales, salvo Twitter, y por eso desarrollaron sus propios códigos de comunicación, menos formal, más icónico, predominantemente audiovisual, pero como requisito fundamental: creativo.

Aseguran que Facebook, WhatsApp, Snapchat, TikTok e Instagram, sobre todo las dos últimas, les permiten expresar mejor sus emociones e interactuar con quienes comparten sus intereses, por eso pasan entre cinco a 20 horas pendientes de sus dispositivos móviles, que consideran como una extensión de sus cuerpos.

“Les llamamos ‘videos memes’, son esos que tienen texto arriba, abajo y pasa algo al medio, eso es lo que más pega entre nosotros los jóvenes, no nos gusta que todo esté serio”, cuenta Gianmarco Canales, de 17 años y practicante de ‘parkour’, una disciplina de saltos mortales y agilidad física.

Su musculatura en línea

Datos recopilados por Tonny López, especialista en métrica en plataformas digitales, indican que en el país existen 7,3 millones de cuentas en Facebook, de las cuáles un 88% son jóvenes de entre 15 a 28 años; le sigue WhatsApp con 8 millones de usuarios; luego está Instagram, con 2,8 millones de cuentas, un 92% población joven; y en cuarto lugar ingresa TikTok, con casi 3 millones de cuentas, donde un 99% son muchachos.

Su lenguaje es variado. Por ejemplo, BAE, acrónimo de la expresión inglesa ‘before anyone else’, entendido como “antes que nadie”; YOLO, ‘You Only Live On’ o “solo vives una vez”; LOL, ‘Laughing Out Loud’, traducido como “reírse a carcajadas”; y WTF, vulgarismo inglés ‘What The Fuck’ que muestra asombro, son algunas de las varias palabras más utilizadas por los chicos y chicas, que también se valen mucho de los emoticones para reflejar sus estados de ánimo.

 

UN ANTES Y UN DESPUÉS

La investigadora, Eliana Quiroz, considera que existen tres puntos de quiebre que marcaron un antes y un después en la presencia de los jóvenes en las redes. Momentos que hicieron que pasen de una existencia virtual a un protagonismo en las calles: la IX marcha del TIPNIS, el referendo del 21 de febrero de 2016 y, algo más trivial, la llegada al país de ‘Luisito Comunica’.

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