SÉPTIMO DÍA

AMLO se coloca al centro antes de tomar las riendas de México; no será Chávez ni Evo


Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se acomoda más cerca de la ‘izquierda vegetariana’ que impulsó Lula da Silva en Brasil que la ‘alternativa bolivariana’ más radical que propugnaron Hugo Chávez y Evo Morales

Nueve hombres y ocho mujeres integrarán el Gabinete “paritario” de Manuel López Obrador
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08/07/2018

Las primeras señales tras su histórica elección muestran a un Andrés Manuel López Obrador (AMLO) cauteloso, más lanzado al centro, antes de tomar las riendas de México el 1 de diciembre, cuando termine el mandato de Enrique Peña Nieto. 

Lejos de la estridencia populista que ostentaba Hugo Chávez y que aún ensaya Evo Morales, y más cerca de la ‘izquierda vegetariana’ (socialdemócrata) de Lula da Silva, el mandatario electo de México planteó que “la prioridad serán los pobres”, pero tendió la mano al ultraconservador Donald Trump para llegar a un acuerdo por los migrantes y el TLC, acordó con los empresarios para relanzar la economía mexicana y habló de “reconciliación” antes que de venganza para resolver la grave crisis de Estado que enfrenta el segundo país más importante de América Latina después de Brasil.

Los empresarios ya le esgrimieron la idea de la modernización del país y la necesidad de "entrar en un contexto de las nuevas tecnologías y un mundo global".

¿Choque de populistas?
López Obrador y Donald Trump prometieron sacudir a las élites políticas y poner a su país primero. ¿Chocará el populismo del izquierdista Andrés Manuel López Obrador, presidente electo de México, con el del mandatario derechista de Estados Unidos, Donald Trump? ¿O será una oportunidad de redención para los países?  

El arrollador triunfo de López Obrador el domingo, con más del 52,9% de los votos, supone una ruptura con el sistema político de México y abre un signo de interrogación sobre el crucial vínculo con el vecino del norte, su principal socio comercial y hogar de 12 millones de mexicanos.   
Tras meses de tumultuosos lazos bilaterales -con Trump insistiendo en levantar un muro fronterizo y manteniendo una posición dura en temas migratorios, comerciales y de seguridad, y AMLO, como todos llaman al político mexicano, prometiendo "poner (a Trump) en su lugar"-, ambos señalaron en las últimas horas su intención de desarrollar una buena relación.

El asesor de seguridad nacional de Trump, el ‘halcón’ John Bolton, dijo incluso que su jefe espera "ansioso" un encuentro con AMLO y que este puede ser muy productivo. 

Más Lula que Chávez 
AMLO, de 64 años, llega a la presidencia en su tercer intento y con una agenda de "cambio radical", pero se espera que su gestión sea más moderada que su acalorada retórica electoral.

"Gobernará más como Lula da Silva en Brasil que como Hugo Chávez en Venezuela", dijo el economista y politólogo Mark Rosenberg, de la consultora GeoQuant.

Jason Marczak, director del centro para América Latina del Atlantic Council, fue enfático: "AMLO no es Chávez".
"¿Buscará implementar reformas sociales de forma pragmática, como lo hizo Lula? Sí, en ese sentido, creo que AMLO seguirá ese camino. Él, como Lula, también es visto por sus seguidores como un salvador. Pero el contexto económico en el que AMLO llega al poder es muy diferente del que Lula heredó", explicó.

Marczak insistió en que "AMLO no es la versión mexicana de Trump" y que ganó por el hartazgo de la gente con la corrupción, la impunidad y la violencia, y no por los arranques de ira del mandatario estadounidense hacia todo lo que venga del sur del Río Grande. "Washington puede y debe aprovechar este momento para recalibrar las relaciones con México", indicó.

Almas gemelas 
Aunque con pasado distinto, AMLO, exalcalde de Ciudad de México, tiene mucho en común con Trump, el magnate inmobiliario de 72 años.

"Ambos son nacionalistas que se sienten redentores que deben combatir un 'establishment' corrupto e ineficiente y poner la agenda de su país primero. Esto puede hacer que Trump vea en AMLO un alma gemela y se genere un espacio de entendimiento, aunque la posibilidad de conflicto es alta", opinó Juan Carlos Hidalgo, del Instituto Cato.

"Son populistas y los populistas necesitan enemigos para sobrevivir políticamente. Es probable que AMLO encuentre en Trump ese enemigo externo", apuntó. "Al mismo tiempo, AMLO parece entender que hay poco que ganar en una pelea con Estados Unidos", señaló por su parte Michael Shifter, presidente del centro de estudios Diálogo Interamericano.    

TLCAN y proteccionismo 
"AMLO dijo que quiere mantener el Tlcan y la cooperación en asuntos de seguridad. El tema más sensible y volátil es el de la inmigración, que podría aumentar las tensiones", señaló.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan), vigente entre Estados Unidos, México y Canadá desde 1994, se renegocia desde agosto a pedido de Trump, que lo considera perjudicial para los intereses de los estadounidenses. Para Rosenberg, las motivaciones proteccionistas mutuas pueden volver más difíciles las conversaciones para renovar el Tlcan.   

Hidalgo coincidió: "Es probable que promesas de campaña de AMLO, como la búsqueda de autosuficiencia alimentaria, compliquen aún más la renegociación".   "AMLO no dudará en presionar a Estados Unidos", señala Marczak.

Políticas asistencialistas

"Por el bien de todos, primero los pobres", fue el mensaje de López Obrador, que muestra su coherencia con las ideas de igualdad social defendidas durante sus 18 años de lucha política por la Presidencia, pero también choca con una parte del electorado que desconfía de la viabilidad de una política asistencialista.

El politólogo Salvador Mora, profesor de ciencias políticas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), considera que este tipo de ideas es lo que rechaza una parte del electorado más conservador, que teme las ideas del presidente entrante.

Según Mora, el elector defraudado con el resultado reacciona "de forma individualista", apelando al trabajo propio para levantar el país -como han señalado muchos usuarios en redes- "al sentirse derrotados". Además, ven que el futuro presidente no los incluye en su propuesta de país, de la que dudan porque "no tiene un buen diagnóstico ni una buena respuesta al problema".

López Obrador tiene claro que resulta vital cambiar algunas cosas en el modelo económico para mejorar las condiciones de vida de los pobres, un 43,6% de mexicanos, según el último reporte del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social.

Entre las propuestas de auxilio a los más desfavorecidos que sustenta ese "primero los pobres" destacan los ingresos a adultos mayores y las becas a estudiantes de bachillerato y universidad que más lo requieran.

Por su parte. Miguel Ángel Quemain, profesor de literatura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), apunta a miembros de la clase empresarial como los principales descontentos con el discurso de AMLO.

Agrega a las personas asalariadas de origen relativamente humilde que, por otras razones socioculturales, también rechazan la ideología izquierdista del líder.

Al afirmar que primero van los más desfavorecidos, López Obrador se refiere a las grietas del actual sistema económico de México, eminentemente neoliberal y que brinda bienestar a unas pocas élites, incluyendo a los empresarios, pero "provoca un enorme rezago a algunos sectores del país", afirma Quemain.

"Primero los pobres implica una política de protección al ambiente, de protección al salario, de protección a la salud, de garantía de la educación. Eso da muchísimo miedo a un sector que siempre ha tenido la oportunidad de estar en el orden más privilegiado", expone el experto mexicano.

Siete primeras medidas económicas

1. Aumentar en salario mínimo
La propuesta es incrementarlo 15.6% cada año, para al final del sexenio llegar a los 171 pesos diarios, más la inflación que se haya generado en el periodo.

2. Jubilados y jóvenes
Propone una pensión universal para todos los adultos mayores, 1.500 pesos al mes. Becas para jóvenes que no estudian, ni trabajan (ninis), de 3,600 y 2,400 pesos mensuales. 

3. Congelar los combustibles
Esto significa que los precios de este combustible no pueden subir más que el índice de inflación general en México.

4. Disminuir el iva en frontera
Con el objetivo de incrementar el consumo en esta zona, el proyecto del candidato electo contempla pasar ese impuesto de 16% a 8%.

5. No aumentar impuestos
Esta propuesta implica mantener el Impuesto sobre la Renta en un tope de 35% y el IVA en 16%.

6. Autonomía del Banco Central
Esto ayudaría a evitar decisiones unilaterales del Gobierno como poner tope a la tasa referencial.

7. Mantener el TLC
Se mantendrá vigente este tratado comercial con EEUU y Canadá.

 

A la tercera, la vencida en las urnas

Edmundo Paz Soldán / Escritor

 

Andrés Manuel López Obrador (AMLO) llega a la Presidencia mexicana al tercer intento con un mandato contundente (53%). El carismático líder populista tuvo seguidores fieles desde sus años como alcalde de la Ciudad de México, pero no el amplio apoyo nacional del que goza ahora; en estos 12 años, desde la primera vez que fue candidato, la continua descomposición social del país, atenazado por la corrupción y por la violencia del narcotráfico, a las que ni el otrora poderoso PRI ni el derechista PAN supieron domar –más bien, las exacerbaron–, fueron preparando el terreno para servirle el triunfo en bandeja. La modernización de su discurso, su ataque frontal a un sistema político caduco –enarbolando la bandera de la ‘regeneración’ moral–, su cercanía con la gente, hicieron el resto. Quienes agitaron el temor a que México se convirtiera en una nueva Venezuela –algo que tan bien funcionó en las últimas elecciones en Colombia– poco pudieron hacer ante la fuerza de las esperanzas depositadas en este viejo líder izquierdista.
López Obrador no tendrá tiempo para gozar de la tradicional “luna de miel”. Le esperan duros desafíos, entre ellos la cada vez más recalcitrante posición de su vecino Donald Trump ante el tema de la inmigración y el tratado de libre comercio. Frente al narcotráfico, ¿será pragmático, como los viejos líderes del PRI, o buscará el enfrentamiento directo, a la manera de Calderón? ¿Y cómo podrá limpiar los establos de la corrupción si este es un problema estructural? ¿Qué planes sociales llevará a cabo para alivianar el desempleo y la pobreza? De cómo responda a estos interrogantes dependerá la viabilidad de su proyecto. 

 

“No somos ni de la izquierda ni de la derecha, sino todo lo contrario”

José Rafael Vilar / Analista políticos

Me he prestado la famosa frase atribuida al expresidente mexicano Luis Echeverría Álvarez para caracterizar a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), recién elegido presidente de México y lo hago por dos razones: porque el discurso de poder de AMLO tiene sincronía con la “época dorada” priista —Echeverría Álvarez fue el epítome de lo que Mario Vargas Llosa denominó “La Dictadura Perfecta”— y porque el concepto de “izquierda” de López Obrador mezcla el caudillismo de entonces —como señalaba Enrique Krauze Kleinbort en “La vuelta del caudillo” (The New York Times, 27/05/2018)— con el “socialismo 21” del chavismo —aunque AMLO trate de desmarcarse de la cercanía que le tuvo Hugo Chávez Frías.
¿Por qué lo afirmo? AMLO se formó y creció políticamente dentro de ese PRI desde mediados de los años 70 —dentro del sexenio presidencial de Echeverría Álvarez— hasta 1989 que se une al nuevo Partido de la Revolución Democrática (PRD), con el cual fue gobernador de Tabasco y Jefe de Gobierno del Distrito Federal; durante este último período (2000-2005) implementó medidas sociales sobrecargando el financiamiento público —la deuda pública del DF en su período aumentó de más de 32.000 millones de pesos a más de 41.000 millones de pesos—, fue exitoso en bajar moderadamente la delincuencia pero creció el desempleo, bajó la inversión foránea y los escándalos de corrupción se sucedieron continuamente —aunque fueron en su círculo cercano, no le “salpicaron”.
Para sectores de la izquierda latinoamericana —sobre todo entre los desplazados del poder—, la elección de AMLO es el triunfo nuevamente de esa izquierda en la Región, la misma que acepta como válido defender sin cuestionar a cualquiera que se autocatalogue de izquierda, llámese Maduro, Kirchner o Correa. ¿Pero esto es certero? Aunque muchos sectores populares y de izquierda mexicanos —no todos— se agruparon alrededor de su Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) y para estas elecciones hizo alianzas con el Partido del Trabajo (PT) de tendencia socialista 21, también se le alió el Partido Encuentro Social (PES) de centroderecha-derecha y catalogado como confesional cristiano —AMLO describió esa alianza «para buscar el bienestar del alma».    
López Obrador será por un buen tiempo el último de los “Salvadores Universales” a los que Latinoamérica ha sido tan proclive —Álvaro Uribe Vélez lo sigue siendo en la sombra. En resultados preliminares, MORENA ganó con más de 53% de los votos válidos y será mayoría en el Congreso de la Unión (como Chávez Frías y Morales Ayma); su mayor reto estará en negociar —migración, narcotráfico, TLC— con Trump, ambos similares: proteccionistas, endogámicos, populistas, ególatras.
Echeverría Álvarez —quien se autodenominaba “de izquierda”— también dijo: “Antes estábamos a un paso del precipicio... ahora hemos dado un paso al frente”.



 




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