7º DÍA

Charagua espera a su mesías: la carretera


Una lucha de más de 50 años por fin fue escuchada. La ciudad benemérita dejará el enclaustramiento caminero para que el asfalto la llene de vida

Arrancó la construcción de la carretera que demorará tres años
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04/11/2018

El que la carretera asfaltada llegue hasta Charagua es el sueño con el que se acuestan y levantan los habitantes de esta ciudad benemérita atormentada por el caminito de tierra que la mantiene oculta del resto del país como si estuviera en una galaxia muy lejana o al otro lado del mundo, y no a solo 270 kiló- metros de Santa Cruz de la Sierra hasta donde a sus habitantes les cuesta llegar porque más de 100 km de ese tramo es polvo y pozos salvajes en época seca y charcos enjabonados durante la lluvia inclemente.

El sueño de tener una carretera asfaltada está por dejar de ser la gran pesadilla porque los habitantes de Charagua ya están enterados de que por fin, después de una lucha de más de 50 años con episodios de huelgas de hambre y bloqueos de camino y represiones de la fuerza del orden en varias ocasiones, han empezado las obras para que el camino de tierra dé paso al asfalto y quede atrás la amargura que significaba salir de Charagua o entrar en ella. La bendición le ha llegado de un solo golpe y por partida doble.

El Gobierno ha anunciado que el asfaltado empezará en El Espino y que no llegará solo hasta Charagua, sino que pasará rumbo a Boyuibe y que en todo ese tramo de 159 kiló- metros, que tendrá una inversión aproximada de $us 253 millones, tardará 36 meses en ser terminada y se beneficiarán localidades campesinas como Aymiri, Saipurú, Mapicho, San Francisco, San Antonio del Parapetí, entre otras.

En uno de estos pueblitos vive Cristian Farfán, de ochenta y tantos años, pies curtidos de tanto andar, de tanto moverse de aquí para allá, a pie, en tren, en camiones destartalados, en buses que se quedaban plantados en medio camino, ya sea por el barro de la lluvia o por el sol que recalentaba el motor y el radiador o por las espinas que salpicaban de los costados del monte y terminaban pinchando las llantas remendadas. “Gasté media vida en moverme.

Ese es el costo de vivir en una ciudad hasta donde no llega el asfalto”, cuenta, aún incrédulo de lo que está pasando. Y lo que está pasando es que varias máquinas están removiendo la tierra muy cerca de su casa, en ese camino por el que él siempre transitó cuando necesitaba viajar a Charagua o a Santa Cruz.

“En ambos casos era un sufrimiento”, dice porque su rancho queda justo en medio camino, en un paraíso donde dan sombra el algarrobo y el mistol y las aves despiertan con los primeros cantos de los gallos que él cría desde que era un niño, desde que sus papás le enseñaron a amar los viajes porque los viajes, para él, son parte de la vida, tan importantes como comer o respirar. A doña Germania Barba de Rodas se le nota el brillo en sus ojos que irradia con mayor fuerza desde que hace ya varias semanas ha visto a la maquinaria y a los trabajadores de una empresa china que está construyendo la carretera.

“La carretera para nosotros es un medio de vida”, dice, sonriente, mientras atiende en el surtidor que es de propiedad de su familia. Recuerda que en los peores tiempos de mal clima las cinco horas que normalmente se demora en llegar desde Charagua hasta Santa Cruz sube a ocho y hasta a 10 horas. Y cuando las tormentas se ponían feroces, recuerda, los camiones cisternas que traían el combustible al surtidor tardaban una semana y los conductores tenían que sacar fotos a los vehículos que se plantaban en el camino para enviarles a YPFB y avisarles que el diésel y la gasolina tardaron en llegar.

Pero para que la carretera se haga realidad se han realizado muchos esfuerzos de vecinos cuyos nombres quedarán en el anonimato, pero sus memorias guardadas en el corazón de los charagüeños. Doña Germania recuerda a su papá, Heradio Barba, que además de ser un luchador cívico, fue historiador y autor del libro Caciques, tradiciones e historia de Charagua.

El surtidor de doña Germania está entre el pueblo viejo y la estación de Charagua. Ella ya sabe que la carretera pasará como a 100 o 200 metros de este lugar. Eso no le quita la sonrisa, aunque no esconde su interés de que el asfalto pueda pasar lo más cerca de su surtidor y los conductores no tengan que “comerse” un tramo largo de tierra. Para Herland Gómez, presidente de la Asociación de Ganaderos de Cordillera (Agacor), la construcción de la carretera asfaltada ayudará a convertir a Charagua en un polo de desarrollo agroindustrial en el que la actividad ganadera ha sido uno de los puntales valiosos para esta zona del país.

Gómez considera que Charagua está destinada a proponer nuevas fórmulas de transformación social, inclusiva e integradora, que cuenta para ello con un fuerte liderazgo natural y exuberante materia prima y que la ganadería es la nueva cara de Charagua, signo de orgullo regional y nacional. El dirigente recuerda que en 1880, se produce la ocupación de extensas pampas naturales en los alrededores de la Ciudad Benemérita, al este del río Parapetí y en los humedales del Bajo Isoso, que representa la aparición de una incipiente actividad ganadera, que en poco tiempo se fue incrementando hasta rozar los umbrales de la Guerra del Chaco (1932-1935), para reaparecer luego en 1950 con fuerza inusitada, gracias a la presencia de empresarios y estancieros visionarios.

En la era del conocimiento y la tecnología, cree que Charagua se proyecta como una fuente inagotable por las grandes ventajas y beneficios que conlleva su excepcional ubicación geográfica que ahora saldrá a flote con la carretera asfaltada. Para el presidente de la Asociación de Residentes de Charagua en Santa Cruz, Adhemar Suárez, Charagua figura entre los municipios más grandes de Bolivia, con una superficie de 71.745 km2 y con apenas 29.000 habitantes, y gracias al trabajo tesonero de sus hijos, hoy apunta alto bajo la gran noticia de la carretera asfaltada.

“No es un espejismo, es una bella realidad: marcha al galope para convertirse en un emporio pecuario en el espectro nacional”, resaltó Suárez, que recordó que Charagua, tierra de promisión y capital de la segunda sección municipal de la provincia Cordillera junto a los cantones de Isoso, Parapetí Grande y Saipurú, fue creada mediante ley del 6 de septiembre de 1894 por el presidente Baptista Saavedra.

“¡Llegó mantequilla de Isoso!”, recuerda Suárez que ese era el mejor pregón que los cruceños escuchaban y se deleitaban desde comienzo del siglo pasado, ligada a una fábrica de embutidos y productos lácteos instalada por la empresa alemana Esner. “Luego llegó el boom de sus variadas y deliciosas uvas y vinos pateros, provenientes del sello inconfundible de familias arraigadas en esas actividades, como los Bossi, los Salek, los Salas, los Mery, los Kibiskoski, los Peralta, entre otros. De sus huertos lujuriantes se cosechaban las más exquisitas paltas (aguacates), mangos, granadas y manzanas verdes, que embelesaron el mercado nacional”, enfatiza así la importancia que siempre ha tenido Charagua, pese a su enclaustramiento a causa del camino de tierra que impedía que fluya el tráfico vehicular y que cueste entrar y salir de esta ciudad histórica y rica en cultura.

 

A lo largo del camino hay ranchitos donde los habitantes producen chancaca
Los tractores ya remueven la tierra que será cubierta por una lengua de asfalto