7º DÍA

Los espacios públicos y la ciudad


Ana Carola Traverso hace un análisis sobre la importancia de la sociedad y los espacios públicos, puesto que a través de ellos palpita la ciudad


El parque El Arenal es uno de los símbolos de recreación de la ciudad
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06/01/2019

No todos los espacios públicos son iguales, aunque todos son igual de importantes para la vida urbana. Estos cumplen una serie de funciones, como acercar unas a otras a las personas. En ellos se genera confianza, se crea tolerancia y solidaridad, al igual que sentido de pertenencia e identidad. Los espacios públicos pueden ser una fuente importante de desarrollo de la vida urbana económica y social, propiciando innovación y servicios. Cuando estos incorporan criterios de sustentabilidad, pueden tener efectos positivos para el medio ambiente (por ejemplo, pueden crear mayor cobertura arbórea).

Sin importar el país o cultura, cuando están bien gestionados, garantizan la vitalidad y capacidad de atracción hacia ellos y hacia la ciudad en sí. Los principales factores que definen los espacios se resumen en su grado de conexión y accesibilidad al resto de la ciudad (¿está este conectado con el transporte público o vías expeditas de circulación?); su diseño e imagen (¿es un lugar con mobiliario cómodo y/o es limpio?); los usos y actividades que allí se generan (¿qué se puede hacer o disfrutar en ese sitio? ¿Está regulado el comercio en su interior?); y finalmente, el grado de sociabilidad que despierta en sus usuarios (¿es este un sitio visitado por personas de todas las edades -especialmente de mujeres y niños- y qué tipo de comportamientos sociales se reproducen en ellos?).

Durante muchos años, me intrigó el estudio de los espacios públicos. La plaza 24 de Septiembre, los mercados, el parque El Arenal y el parque Urbano, las bibliotecas, las plazas, plazuelas y parques son algunos ejemplos locales que despertaron mi interés y curiosidad por la ciudad. Entendía que la ciudad palpitaba a través de ellos, y veía cómo se articulaban códigos sociales de comportamiento y prácticas urbanas (tanto positivas como negativas), que caracterizan la vida urbana local.



Al observar los espacios públicos cruceños, uno pronto descubre que rara vez cuentan con un proceso de diseño arquitectónico participativo. Su gestión espacial tampoco incluye a sus principales usuarios o a sus vecinos inmediatos de manera explícita. Muy pocos espacios cuentan con políticas que integren arte, cultura, deporte o políticas de desarrollo económico. Si existe comercio, es generalmente espontáneo, poco planificado, y con poco control público. En términos de accesibilidad, su encerramiento no es ni será positivo, y la falta de integración planificada con el transporte solo tenderá a debilitarlos más. Si bien se puede rescatar aspectos positivos como la organicidad y voluntad de emprendedurismo entre sus usuarios, prevalece la desatención, producto de una visión obsoleta y poco informada respecto a cómo optimizarlos.

Cuán necesario es que nos replanteemos nuestra relación con los espacios públicos. Desde la ciudadanía, podemos proponer nuevos modelos que reivindiquen nuestra participación plena y nuestro derecho a una ciudad con espacios públicos de calidad. Su diseño y uso deben estar adecuados a nuestras necesidades sociales y culturales. Su administración debe garantizar su cuidado y mantenimiento, incluyendo modelos de gobernanza que permitan alianzas público-privadas y que incentiven voluntariado activo. Para que sean lugares seguros y amenos, podemos replantear nuestra interacción con y en ellos, reivindicando el derecho a disfrutar (y no usufructuar) de los mismos. Para entender su lógica social, necesitamos reconfigurar nuestras percepciones, a veces erradas sobre el espacio público y sus usuarios.

Los espacios públicos son y serán centros neurálgicos para la vida urbana, ya que canalizan la interacción social. Cuando están adecuadamente gestionados, gana la ciudad entera.

Asumamos la responsabilidad de construir mejores espacios públicos. Exijamos respeto a los ciudadanos y sus usuarios. Reivindiquemos usos diversos en ellos. Transformemos nuestros espacios públicos y nuestra ciudad, para convertirlos en parte esencial de nuestra experiencia urbana.