7º DÍA

Malos hábitos del ciudadano ahondan el desorden y la suciedad en el espacio público


La formación ciudadana sigue siendo la pata coja en las políticas públicas municipales. Las infracciones van desde no respetar señales de tránsito hasta botar residuos en todos lados

Este es el basural en el sexto anillo, zona sur de la ciudad, donde la municipalidad ha tenido que poner vigilancia.
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13/05/2018

La resistencia gremial al ordenamiento de mercados, que ha de-satado violencia en La Ramada, es también una muestra de la falta de formación ciudadana para combatir el desorden y la suciedad. 

“Que venga Tránsito, ¿acaso estoy haciendo trancadera?, esperá un rato que estoy cobrando”, fueron las respuestas del conductor de un trufi a un anciano controlador de Tráfico y Transporte del municipio el martes cerca del mediodía. El chofer estaba parado en la esquina, dos cuadras antes del segundo anillo, donde se ha instalado el punto de control para evitar que los minibuses que llegan de provincias ingresen al centro de la ciudad. La llamada de atención que el controlador le hizo, soplando el pito y haciendo señas con las manos para que transite,  molestaba aún más al chofer, que al terminar de cobrar se quedó sentado por unos segundos para hacer notar su disconformidad, pese a que detrás suyo los demás vehículos maniobraban para pasar.

Este comportamiento de intolerancia es el pan del día, confirma Claudia Canedo, una de las educadoras viales que trabaja en la dirección de Tráfico y Transporte de la comuna cruceña. Como muestra de ello son los hematomas que sufre ella y sus colegas, por los golpes que recibe de conductores que se resisten a respetar el carril al lado derecho y la ruta que se establece. “Somos agredidos, nos dicen de todo e intentan pasar por encima, incluso muchas veces lo hacen golpeando los conos. Cantidades de veces he terminado golpeada con los espejos, nos dan en las piernas y los pies”, comenta.

Pero este mal comportamiento también lo ven los ciudadanos de a pie que recorren la ciudad. Adrián Rodríguez (23) usa el transporte público, y asegura que muchas veces es el pasajero el que obliga al chofer a incumplir las normas, porque se molesta y lo reprende si no para donde le pide, lo que hace que no se respeten paradas. Aunque tampoco hay paradas establecidas en toda la ciudad.

Faltas al conducir 
Estas malas acciones también son frecuentes en las faltas a las normas de tránsito. El mismo Rodríguez, que maneja motocicleta, reconoce que al igual que muchos ciudadanos se dan modos para cruzar semáforos en rojo. “A veces uno dice, si los otros pasan yo también, y así nos hemos acostumbrado”, señala.
De este modo para muchos se ha hecho hasta normal pasar semáforos en rojo, girar a la izquierda en lugares que no están permitido, no respetar el paso de cebra, estacionar en doble o triple fila y en lugares prohibidos y conducir en estado de ebriedad y a alta velocidad.

En la higiene
A esto se suma que desde los micros y vehículos particulares salen ‘volando’ papeles, envolturas, envases de gaseosas, entre otros. 
De igual manera hay ciudadanos que sacan la basura en cualquier horario, sin respetar la frecuencia que pasa el camión recolector. Los bordes de los canales, los espacios que hay en las rieles del tren que pasan por la ciudad, rotondas y aceras, cualquier lugar público es propicio para convertirlo en microbasural.

La Empresa Municipal de Aseo Urbano de Santa Cruz ha tenido que desplazar personal durante el día para vigilar algunos lugares para evitar que las carrozas dejen basuras en algunos puntos de la ciudad, donde se forman basurales. Uno de ellos es el sexto anillo, que va desde la avenida San Aurelio hacia la avenida La Colorada, donde dos funcionarios hacen guardia y distribuyen volantes para hacer conocer que la ley autonómica municipal de Aseo Urbano 295/2016 establece multas que deben pagar los infractores, que van desde 15 por ciento de un salario mínimo nacional que está en Bs 2.060 (por ejemplo los que no limpian sus aceras) hasta 19 salarios mínimo nacional (donde contemplan a  los que dejan la basura en botaderos clandestinos o quienes queman residuos sólidos peligrosos). Los que se resistan a pagar las sanciones económicas, el monto será incluido en el sistema de cobranza de la tasa de aseo o de los impuestos de vehículos e inmuebles.

Johnny Bowles, gerente de Emacruz, explicó que ya concluyeron con la elaboración de la reglamentación de la ley 295 donde establecerá las sanciones, y esperan que esta próxima semana pueda entrar en vigencia, lo que permitirá hacer operativos con las unidades de Medioambiente y Seguridad Ciudadana. De forma paralela impulsan una norma para controlar a las carrozas, que están ocasionando problemas porque proliferan microbasurales. Se está estudiando  hacer el decomiso de las carrozas y los animales por la vía legal.

Bowles coloca a las carrozas, como las principales generadoras de microbasurales. “Son un cáncer para nosotros, porque tiran escombros, restos de poda y residuos domiciliarios”, dijo. 

Subrayó que Emacruz ha conseguido disminuir de 3.000 a 2.000 microbasurales que se acumulan en distintos puntos de la capital cruceña, pero todavía no consiguen controlar a los comercios y algunos domicilios que sacan bolsas todo el día. 

La  capital cruceña es la que más basura acumula, pero también la ciudad más poblada de Bolivia. Un reporte del Instituto Nacional de Estadística del año pasado, con datos de 2016, señala que en Santa Cruz de la Sierra la recolección de residuos sólidos alcanzó a 558.229 toneladas, en la ciudad de El Alto, 216.836 toneladas y en La Paz, 212.554 toneladas. Las demás ciudades: Cochabamba,171.337; Sucre, 60.987; Oruro, 57.044; Tarija, 56.648; Potosí, 47.335; Trinidad, 28.069; y Cobija, 17.950.

En este momento la capital cruceña recolecta diariamente 1.700 toneladas diarias, de las cuales  400 toneladas la generan los mercados, con  lo que anualmente ya sobrepasan las 600.000 toneladas.

Algunas medidas

En el tema de educación vial el municipio está recibiendo asesoría de entidades internacionales, como la CAF, que han hecho un diagnóstico de la situación actual y de sugerencias a implementar, aunque el pasado mes se inició un trabajo de educación ciudadana en tres unidades educativas, en dos turnos, por lo que se ha llegado a unos 2.000 estudiantes.

También se está tratando de llegar al peatón en las calles, junto con la mano de los efectivos de Tránsito que salen a controlar diferentes puntos. 

Mónica Soliz, responsable del programa de Educación Vial en el municipio, explicó que se está trabajando para incorporar educadores ciclistas, que pronto implementarán en la ciudad, que se empezará en el primer circuito del tercer anillo que va a integrar el parque de las Flores hasta la avenida San Martín. 

Los efectivos de Tránsito también salen a las calles a hacer educación vial, incluso se dan forma de hacerlo de manera creativa para concienciar lo peligroso que puede ser no respetar las normas. Estos esfuerzos todavía no son suficientes para formar a los ciudadanos. 

Hay que dar ejemplo

José Antonio Prado, director de Revolución Jigote, una campaña permanente de Formación Ciudadana del Centro de Estudios para el Desarrollo Urbano y Regional (Cedure) observa que cuando se vulneran las propias normas desde la administración pública o no se tiene coherencia y no se las hace conocer, es evidente que los ciudadanos tampoco van a respetarla. “No es que haya ningún problema medular con los cruceños, nuestra genética no está mal”, subraya al explicar que cuando el ciudadano sale a otro lado se comporta de acuerdo a las normas que rigen en ese determinado país.  

Explicó que las autoridades no solo tienen la tuición de reprimir, sino también de armar un marco regulatorio y dar ejemplo de cumplimiento, para que la sociedad civil pueda seguirlo, para así evitar que la gente se vaya acostumbrando al desorden, a la injusticia y a vivir con el que es más abusivo consigue lo que quiere. “Si hay comunicación, con buenas campañas, y si además hay condiciones para que el camión haga la recolección diferenciada, entonces entra el control y la sanción”, explica Prado.

Otro aspecto que hace notar, que puede ser la clave del éxito en el trabajo es la formación ciudadana desde las escuelas.

En otros países

La lucha contra las malas prácticas ciudadanas está en todos los continentes y es constante. A principios del año pasado, las sanciones por ensuciar las calles de Madrid han alcanzado su registro más elevado porque el Ayuntamiento de la capital puso en marcha un grupo de 20 agentes de la Policía Municipal encargado exclusivamente de multar a las personas que dejan desperdicios, no recogen los excrementos de sus mascotas o miccionan en la vía pública. Llevan permanentes campañas para el cuidado del espacio público y la eliminación de los residuos acumulados en calles. 

En Bogotá (Colombia)  impulsaron un programa de Basura Cero, en materia de reciclaje, recolección de basuras e inclusión de la población recicladora, pero continúa siendo una lucha. En los reportes de prensa que se dan a conocer fuera de sus fronteras todavía quedan varias cosas por hacer, una de ellas es la educación y la formación de la niñez en la cultura del manejo de residuos y que ello podrá garantizar que los fenómenos no se repitan. 

Algunas iniciativas

Instituciones, fundaciones, municipio y Tránsito llevan adelante algunas campañas que buscan concienciar a la población.

1.- Por seguridad. Cuando se conduce un vehículo debe colocarse el cinturón, no exceder el límite de velocidad, respetar las señales de tránsito, no conducir en estado de ebriedad, no usar el celular mientras maneja y usar el casco.

2.- A través de volantes. El municipio hace conocer que la ley municipal 295/2016 establece como infracciones no realizar la limpieza de las aceras por parte de los usuarios. No contar con canastillos o contenedores para el almacenamiento de residuos sólidos. Sacar la basura fuera de los horarios y frecuencia establecida para su recolección. Arrojar y depositar residuos sólidos en canastillos o contenedores que no sean de su propiedad. Arrojar desde su vehículo público o privado residuos sólidos en vías o espacios públicos. Depositar o abandonar residuos especiales en lugares no autorizados.