Christian Peña y Lillo H.
Luego de participar de los operativos antinarcóticos en la población de San Germán, distrito del municipio de Yapacaní, uno se explica por qué en esta localidad la gente repelía la presencia de extraños. Las fábricas y los pequeños laboratorios de cocaína están a dos cuadras de la carretera, funcionan bajo la mirada cómplice de la gente que se acostumbró a convivir con el narcotráfico.
“Decir que no estamos informados sobre esta realidad es mentira”, afirma la concejala de Yapacaní por el Movimiento Sin Miedo, Guida Gallardo. Esta mujer advierte de que hablar de los temas relacionados con los traficantes de droga es peligroso y que en algunas oportunidades, cuando trató de plantear en la agenda edil estos tópicos, fue amenazada.
Pero en qué momento una localidad dedicada esencialmente a la producción de cítricos, a la lechería y a la crianza de ganado vacuno dejó de ser un pueblo tranquilo y se convirtió en una zona roja del narcotráfico, donde asientan aeronaves para llevar la producción del alcaloide a los mercados europeos y americanos.
Cirilo Sonabi, dirigente vecinal y habitante de Yapacaní desde hace más de 20 años, no logra precisar con exactitud en qué momento las cosas cambiaron en esta localidad de la provincia Ichilo, donde habitan capos colombianos del tráfico de cocaína y lugartenientes locales que se dan una vida ‘de reyes’, en inmuebles con antenas parabólicas y vehículos de lujo estacionados en sus puertas. Las empedradas calles sangermaneñas, solo aptas para vehículos todoterreno, casi siempre conducen a espacios donde el olor a la hoja de coca molida y al líquido que sale de los tambores de destilación, que luego se convertirá en pasta base de cocaína, impregnan el lugar.
Resulta poco usual ver cómo la gente, que al parecer no tiene una relación directa con los narcotraficantes, observaba desde sus casas cómo la Policía ingresó a las casas de sus vecinos y luego quemó los precursores, la hoja de coca y los utensilios que se utilizaban en estas fábricas. Nadie decía nada, todo era silencio.
Ayer, durante el segundo día consecutivo de la presencia de los agentes antidroga en San Germán y su incursión en Nuevo Horizonte, la gente parecía no prestarle importancia a la acción, ya que todo parecía normal. Incluso hubo los que calificaron como un show el operativo y que dentro de poco todo volvería a ser como antes: narcos en las calles, vuelos sospechosos y olor a droga a diario.
Presencia permanente
Rolando Fernández / Excomandante policial
La zona de San Germán se ha salido de todo control y ha ingresado a una situación de total ilegalidad. Estas personas están apoyando a los narcotraficantes extranjeros.
Los operativos policiales que se han venido ejecutando en los últimos días son una acción conveniente, porque para que el control vuelva a la zona se deben realizar megaoperativos. Se debe tener la presencia permanente y planificada de los efectivos del orden y no debe ser una acción esporádica.
El Estado tiene que sentar en esta localidad, como en otras el imperio de ley.