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Santiago de Chile se ha transformado en el nuevo punto de negocios para confeccionistas bolivianos, quienes cuentan con talleres de costura, especialmente en la comuna de Recoleta.

Rolando Ramos Galarza es un cochabambino que llegó a principios del año 2000 a Santiago; su hermano Juan Jaime ya estaba radicado y lo invitó a sumarse a su taller de confección de ropa.

Luego de trabajar un tiempo con su hermano se independizó y montó su propio taller. Dice que de esa manera también otros bolivianos, que llegan a trabajar de dependientes, luego de un tiempo de 6 a 8 meses, abren su propio taller con una y dos máquinas, al principio. Después, de acuerdo con el éxito de sus ventas comienzan a crecer y se hacen más conocidos.

“Aquí en Chile hay mucho apoyo, se junta la mitad del dinero y el banco te da la otra mitad para comprar las máquinas y los materiales”, dice Ramos, que atribuye el éxito de la venta de ropa, especialmente prendas para bebés y recién nacidos, porque el chileno le gusta comprar todo nuevo.

De esta forma considera que ya hay en Santiago más de 100 talleres de confección de ropa. Agrega que los hilos son importados, pero la tela se fabrica en Chile, lo que garantiza la calidad de las prendas de vestir.