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La jornada de elecciones judiciales se realizó en un ambiente de tranquilidad. Hubo acatamiento del auto de buen gobierno, especialmente en el centro de la ciudad, donde abundaron las bicicletas y disminuyó sustancial- mente la presencia de vehículos automotores. No obstante, en los barrios más distantes, la situación fue cambiando, porque se notó la circulación de autos y vagonetas sin autorización.
Respecto a la votación se notó mayor orden en los recintos de votación del centro, donde incluso se prestó ayuda a los adultos mayores para que sufraguen. En algunas mesas de barrios periféricos hubo desinformación de las mesas electorales y se registró ausentismo de jurados en ciertas mesas del Plan 3.000.

Pausa en el centro
En la zona central de la urbe cruceña el auto de buen gobierno se acató a conciencia en horas de la mañana, pues las calles y avenidas pintaban un paisaje quieto y ausente de vehículos. Los negocios privados, oficinas públicas, mercados amanecieron cerrados, excepto algunas gasolineras que atendieron al público, como el surtidor Tero Tero de la avenida Paraguá, entre el tercer y cuarto anillo.
En el casco viejo de la ciudad fue raro no ver ni un alma en la convergencia del mercado Siete Calles, que normalmente es presa de un enjambre de gente, de vehículos, de negocios y del caótico tráfico vehicular. Solo se advertía movimiento en las afueras de los recintos electorales, donde desde temprano se apostaron las venteras de comestibles, de dulces, de refrescos y canillitas con los periódicos locales. 
Doña Carlota Ruiz llegó antes de las 7:00, acompañada de su hija y con una enorme olla humeante llena de mazorcas de mote cocido y con otro recipiente provisto de tortas de quesillo. Se acomodó en la acera de la unidad educativa Monseñor Santistevan, ubicada en la esquina de las calles Caballero y Beni. Ofrecía el choclo cocido a Bs 4 y el quesillo a Bs 3 como desayuno para los comensales que llegaron temprano a emitir su voto.
En otro recinto electoral, en el colegio Otilia Vaca Díez, en la calle Sucre esquina Cochabamba, una familia instaló su mesa en plena calle frente el Mercado Nuevo (cerrado). Conforme fue transcurriendo la jornada, la gente se apoderó de las vías en bicicleta y a pie, como Melissa (17), que sacó a pasear a las 8:00 a sus tres mascotas de la raza chihuahua. “Pocas veces tenemos la oportunidad de hacerlos pasear al aire libre, así que me animé a sacarlos un rato”, dijo la muchacha, que llevaba de tiro a sus perritos por la jardinera de la avenida Viedma.
Después del mediodía los centros recreativos fueron tomados por la gente. Los parques municipales, el cambódromo y, sobre todo, la plaza principal 24 de Septiembre se llenaron de ciclistas chicos y grandes y de transeúntes que, en familia, se apoderaron de las calles y los paseos públicos.
El control policial se mostró firme en horas de la mañana en la zona central, pero en la tarde se relajó bastante al punto de que muchos motorizados, aparentemente sin autorización, empezaron a circular poniendo en riesgo a los transeúntes.
El ausentismo de jurados electorales en el Tecnológico Santa Cruz, donde algunas mesas recién fueron abiertas en torno a las diez de la mañana, causó malestar entre los vecinos, quienes hicieron colas desde las 8:00, hora prevista de apertura de las mesas

Fuera del cuarto anillo
En el colegio del barrio Santa Ana, al lado de la Subalcaldía del distrito 10, doble vía a La Guardia, cinco ciudadanos madrugaron a emitir su voto, pues a las 7:30 pedían que abrieran las puertas del establecimiento, cuando ni los mismos jurados de mesa lo habían hecho, pues según la Ley Electoral el proceso eleccionario arranca a partir de las 8:00. En dicho recinto solo hay una mesa que esperó durante ocho horas a los 235 ciudadanos registrados.
Unas cuadras más allá, en el colegio Óscar Únzaga de la Vega, en el kilómetro seis de la ruta a La Guardia, los problemas comenzaban, pues al existir 47 mesas con casi 11.000 votantes, el proceso tuvo irregularidades debido a la falta de jurados; para subsanarlo representantes del OEP procedieron a escoger entre las personas que hacían fila.
“Estoy esperando desde las 7:00 y no comienza la votación por la falta de jurados, deben sancionar duramente a los faltones”, indicó el vecino del km 6, Rubert Zeballos.
En el recinto del colegio Tierras Nuevas El Carmen III, el más grande sobre la avenida Moscú, con 50 mesas, hubo quejas como la de Martín Choque, que no aparecía habilitado en el sistema, pese a que votó en el referéndum del 21 de febrero de 2016. 
“¿Qué va a pasar conmigo?, exijo que el Tribunal Electoral Departamental me dé una certificación para que no me perjudique en las transacciones bancarias”, dijo Choque, en tono molesto.
En otro de los recintos grandes del sur, en el colegio Hernando Siles de Los Lotes, que tiene 53 mesas con alrededor de 12.200 votantes, la dificultad que vivieron los ciudadanos fue la incomodidad en el momento de marcar las papeletas, pues el edificio es precario y pequeño, debiendo las mesas 52 y 53 improvisar gabinetes dentro de un arco de fulbito, los que no garantizaban la privacidad del voto.
Si bien en gran parte de los recintos de los distritos 6, 7, 8, 9, 10 y 12 había poca información para el elector, la falencia fue mayor en el colegio Rancho Nuevo, en la avenida Virgen de Luján, en el D-6, donde los ciudadanos no encontraban la mesa 37, una de las 42 habilitadas. Hubo gritos de desesperación hasta que aparecieron funcionarios del OEP que calmaron las aguas.

Otros casos especiales
En algunos recintos, los ciudadanos vertieron declaraciones sobre el perjuicio que generó habilitar las mesas de votación en la segunda planta, ya que adultos mayores o personas con capacidades diferentes se vieron afectados para sufragar. 
Estos casos se dieron en recintos como las unidades educativas Josefina Goytia y 6 de Junio, así como el colegio Marista, en el centro; no obstante, en contraparte, los jurados y notarios electorales se hicieron ver con el voto asistido, procedimiento para que una persona reciba ayuda en el sufragio, garantizando sus derechos.