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El papa Francisco salió esta mañana de la sede de la
Nunciatura en Quito con dirección al aeropuerto para viajar hasta
Guayaquil, en el suroeste de Ecuador, donde, entre otras
actividades, celebrará una misa multitudinaria.

Cientos de personas despidieron al papa en las afueras de la
Nunciatura y en las calles de Quito mientras avanzaba en un modesto
automóvil desde el que saludaba y bendecía a transeúntes, algunos de
los cuales le lanzaban pétalos de flores mientras lo vitoreaban.

En Guayaquil, el papa visitará el santuario de la Divina
Misericordia y ofrecerá en el parque Samanes una multitudinaria
misa, la primera que oficiará en Ecuador, adonde llegó la tarde de
ayer.

Tras la misa, el sumo pontífice almorzará en el Colegio Javier
con la comunidad de los jesuitas
y su séquito, donde tiene un amigo que no ve hace 30 años. 

Luego de ese encuentro, el papa retornará a Quito, donde ofrecerá una visita de cortesía al jefe de Estado, Rafael Correa, en el palacio de Carondelet, sede del Ejecutivo, situado en el centro histórico, catalogado en 1978 como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

A la salida de Carondelet, el sumo pontífice visitará la Catedral
metropolitana
, situada a un costado de la casa de Gobierno, con lo
que terminará la jornada de hoy, en su segundo día de visita al país
andino. 


En encuentro después de 30 años


Tras la misa, cuyo argumento será la familia, Francisco almorzará
de manera privada con 20 padres jesuitas del colegio Javier y en
cuyas aulas han estudiado muchas personalidades del país.
Allí le espera un amigo, el jesuita español Francisco Cortes
García, conocido como padre Paquito, de 91 años.

Francisco conoció al padre Paquito en 1980 en ocasión de un viaje
y nació una amistad y una colaboración, cuando el entonces superior
provincial de los jesuitas en Argentina envió algunos sacerdotes a
formarse en este centro.