Opinión

Carreteras de la muerte

El Deber Hace 12/12/2017 8:00:00 AM

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Al menos seis personas perdieron trágicamente la vida en diversos accidentes de tránsito registrados durante el fin de semana en Santa Cruz. Un niño y el conductor de un vehículo murieron en la carretera a Camiri, luego de chocar contra un tractor. Dos personas fueron atropelladas y otros dos conductores murieron al chocar sus vehículos con otros motorizados. Finalmente, un bus interdepartamental se volcó en la vía a Cochabamba. 

El panorama vuelve a confirmar que las rutas en Bolivia se han transformado en verdaderas autopistas de la muerte por cuatro razones fundamentales: imprudencia, conducción peligrosa bajo efectos del alcohol, exceso de velocidad y mal estado de las vías.

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Bolivia es el tercer país de la región con más muertes por hechos de tránsito. En América Latina, la tasa se sitúa en 15,9 eventos fatales por cada 100.000 habitantes, pero en siete países la estadística supera las 20 muertes: República Dominicana (29,3), Brasil (23,4), Bolivia (23,2), El Salvador (21,1), Paraguay (20,7) y Ecuador (20,1).

Las cifras son estremecedoras. En 2015, 47 personas murieron por accidentes de tránsito mientras que en 2016 se reportaron 52 fallecidos por las mismas razones. 

Pese a las medidas adoptadas por los Estados, cada año mueren cerca de 1,3 millones de personas en las carreteras del mundo entero, y entre 20 y 50 millones padecen traumatismos no mortales. 

Los accidentes de tránsito son una de las principales causas de muerte en todos los grupos etarios, y la primera en personas de entre 15 y 29 años, señala la OMS.

A la imprudencia de los conductores se suma el mal estado de las carreteras, lo que aumenta el riesgo de accidentes por efectos sobre los motorizados. 

Las organizaciones internacionales alertan que los accidentes viales están destruyendo vidas en las edades más productivas para la sociedad, especialmente, en países en vías de desarrollo. El 93% de las muertes se producen en países de ingresos bajos y medianos. 

La expansión descontrolada de los parques automotores, la debilidad de las autoridades policiales, la deficiente señalización y la falta de cultura ciudadana en relación a la responsabilidad que se asume a la hora de conducir un vehículo están detrás de este grave panorama vial.

Ojalá todos reflexionemos sobre esta dura realidad. Ciudadanos, autoridades, choferes y organizaciones sociales deben movilizarse para transformar estas carreteras de la muerte en vías para el transporte seguro de pasajeros. Ahora que vienen las fiestas de fin de año, no está de más recomendar: si bebe, no conduzca; si va a conducir, no beba. Su vida y la vida de los otros están en juego.