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Unos 147 millones de brasileños están habilitados para votar hoy en una de las elecciones más inciertas y violentas de los últimos tiempos. Bolsonaro, apologeta de la dictadura militar (1964-85), anticipó que impondrá mano dura contra la corrupción, la inseguridad y los disidentes de izquierda. La elección brasileña tendrá un alto impacto en América Latina.

El excapitán del Ejército lidera los sondeos con más de 12 puntos por encima de Haddad (56- 44%, según Datafolha). Bolsonaro, de 63 años, ganó la primera vuelta con 46% de los votos, frente al 29% para Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT).

 

Los electores prestaron más atención a las promesas de Bolsonaro de combatir una criminalidad galopante flexibilizando el porte de armas y a sus denuncias contra la corrupción que a sus exabruptos misóginos, homofóbicos y racistas o a su falta de iniciativas importantes en sus 27 años como diputado.

 

El vencedor deberá gobernar junto a un Congreso con partidos debilitados por los escándalos y dominado por los lobbies conservadores de la poderosa agroindustria, de las iglesias

Quien resulte electo sustituirá el 1 de enero de 2019 al conservador Michel Temer, el presidente apoyado por sectores evangélicos y defensores del porte de armas.

 

El PT seguirá siendo la primera fuerza en la Cámara, pese a haber perdido varios diputados tras ser uno de los partidos más golpeados por las investigaciones sobre sobornos en Petrobras.

 

Ese escándalo llevó a la cárcel a su líder histórico, el expresidente Lula da Silva (2003-2010), que purga desde abril una pena de 12 años de cárcel.

 

Haddad, de 55 años, fue designado candidato en septiembre, en reemplazo de Lula.

Su despegue se dio sobre la base de millones de brasileños que se beneficiaron de las políticas de inclusión social de Lula. Pero no consiguió, superada la primera vuelta, más que el “apoyo crítico” de los principales dirigentes de centroizquierda, que reprochan al PT sus manejes político-financieros durante sus años en el poder.

 

América Latina y Bolivia

 

La elección presidencial en Brasil tendrá un alto impacto en América Latina por la dimensión de la democracia brasileña. Un giro a la ultraderecha con Bolsonaro anticipa un cambio radical en la política exterior de Brasilia, en particular, hacia el Mercosur, Venezuela, Cuba y Bolivia. Haddad alerta que un voto por Bolsonaro abrirá la puerta al fascismo en la región con graves consecuencias para la democracia latinoamericana.

 

EL DEBER habló con los analistas internacionales Márcio Aguiar y José Rafael Vilar. Ambos coinciden en el enorme impacto que tendrá esta elección en la región.

 

“Los ojos de América Latina estarán dirigidos a Brasil este domingo, porque de esas elecciones va a salir una de las dos propuestas sugeridas: una conservadora de ultraderecha y otra socialista de izquierda”, remarcó Aguiar.

 

“En el caso de que Bolsonaro sea electo, Brasil tendrá un nuevo rumbo en lo que respecta a las relaciones exteriores pasando por un sesgo más nacionalista”, explicó.

Por otro lado, “si es elegido, Haddad comprirá la agenda de su partido (PT) más cerca de países como Cuba, Nicaragua, Venezuela y Bolivia por ejemplo”, alertó.

 

Con ello, “las relaciones entre Brasil y Bolivia específicamente deben cambiar, ya que el ex capitán del Ejército brasileño no concuerda con los moldes de la política exterior de Evo Morales”, anticipó el analista brasileño.

 

Con independencia de quién sea el elegido, “Brasil es la primera economía latinoamericana y, sobre todo, precisamente desde la década de los 60 (cuya “nostalgia” de crecimiento económico es uno de los motivadores del crecimiento electoral hacia Bolsonaro), ha ejercido una posición de liderazgo subregional, algo que con Lula da Silva trató de retomar y que, frente al más avasallador liderazgo de Chávez (su competidor directo), volcó hacia África, sobre todo la lusoparlante, y hacia Irán”, explicó José Rafael Vilar.

 

¿Qué impacto tendrá un triunfo de Bolsonaro?, les preguntamos.

 

El primero, “el final en Brasil de la hegemonía de la izquierda “dura” alineada en el Foro de San Pablo (que no es la única corriente de izquierda, es necesario aclararlo, pero ha sido hegemónica en Brasil desde 2002 y hasta ahora, incluso después del impeachment a Rousseff ) a través de la declinación sostenida del PT y de que, tras la no subida de Haddad,

Lula da Silva tiene muchísimas probabilidades de haberse acabado políticamente”, señaló Vilar.

 

Segundo, “para la izquierda latinoamericana, la misma situación: la izquierda “dura” alineada en el Foro y seguidora del socialismo 21, con la pérdida de Brasil se cierra ese ciclo: El Salvador con el FMLN aplastado electoralmente en las legislativas y regionales de este año y, con seguridad, en las presidenciales del próximo; Nicaragua y Venezuela agotándose rápidamente sus regímenes; Bolivia en puertas de crisis económica y dentro de una crisis política creciente, más Uruguay a las puertas en 2019 de definir si continúa el Frente Amplio, fragmentado entre los seguidores del Foro y los moderados”.

 

Tercero, “con Bolsonaro se solidifica hoy un arco moderado-conservador en Sudamérica con base en apertura de mercado que, con variaciones, va desde el centrismo de Ecuador (Uruguay indefinidamente), pasando por la centroderecha y derecha moderada de Perú, Chile y Argentina hasta la derecha “dura” que será Brasil”.

 

El último, es que Bolsonaro representa un populismo de derecha de corte más autoritario que, paradójicamente, se imbrica con el populismo autoritario de izquierda a lo PRI que representa Andrés Manuel López Obrador en México, indicó Vilar.