Opinión

Un año sin saber qué pasó

El Deber 13/7/2018 04:00

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Un día como hoy, hacen 365 días, las redes sociales se estremecían con la noticia y después con los videos de un robo violento en la joyería Eurochronos. Había rehenes, los delincuentes estaban armados y los policías tenían rodeado el local comercial, con uniformados que también disparaban. Hubo cinco muertos: la gerenta del negocio, un policía y tres delincuentes, mientras también estaban en riesgo las vidas de ciudadanos que trabajaban o pasaban por la zona.

A pesar de las versiones iniciales de la Policía, que decían que la bala que mató a la gerenta pertenecía a un atracador, las pericias demostraron que el tiro fue disparado desde un lugar en altura, frente al edificio de Eurochronos. Se cree que salió del arma de un policía. Dentro de la joyería, un uniformado baleó a otro ejecutivo del negocio, quien aún sobrevive con el proyectil en el cuerpo. También circularon imágenes que muestran que al menos un delincuente fue rematado en el ingreso al local. Otra secuencia, de las cámaras de seguridad, revela que un guardia sacó relojes nuevos de una de las vitrinas.

¿Qué policías dispararon y robaron? Es un hecho que, 365 días después del atraco, se mantiene en el misterio. Ni las investigaciones de la Fiscalía ni las declaraciones de los policías lograron esclarecer el peor asalto ocurrido en la historia de Santa Cruz. Los escasos avances se produjeron gracias a los videos filmados por celulares de ciudadanos, los cuales permitieron que no se perpetúe la versión inicial de la Policía, en la que se hablaba de que los atracadores (ya muertos) eran culpables de todo lo ocurrido.

Ha pasado un año con graves daños emocionales, sicológicos y económicos para las víctimas. Los que perdieron a sus seres queridos acribillados, el gerente que aprendió a sobrevivir con el peligro constante de la bala cerca de su corazón y el negocio que, después de haber sido próspero, tuvo que cerrar su local, trasladarlo a un centro comercial y sufrir cuantiosas pérdidas económicas.

Uno de los mayores daños los ha sufrido la sociedad cruceña y la credibilidad minada de la Policía Boliviana. El esclarecimiento total de este hecho es una herida abierta, una deuda pendiente que no se salda ni con mentiras ni con medias verdades. Los ciudadanos necesitan creer en sus instituciones, pero cuando estas ocultan la realidad y pretenden tapar el sol con un dedo, lo único que consiguen es mayor desconfianza. 
La esperanza que queda es que la verdad siempre sale a relucir, pero sería ideal que en este caso se pudiera investigar, pero en serio, y encontrar a los culpables materiales e intelectuales de este hecho de violencia que queda en la memoria de Santa Cruz y de Bolivia.