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_José Miguel Insulza, que fue incluido como vocero chileno frente a la demanda marítima boliviana, insistió, cuando estaba en la OEA, en que este era un tema bilateral.
Hay que entender que era muy difícil convencer a un secretario general de la OEA de nacionalidad chilena sobre nuestros argumentos. Por cierto, uno de los temas que estamos trabajando y que lo desarrollaremos en las próximas semanas es un encuentro formal y oficial con el nuevo secretario de la OEA (Luis Almagro).

_¿Y qué sigue en su agenda?
En lo inmediato estaremos en Estados Unidos para trabajar reuniones con autoridades. Espero que después de agosto sostengamos reuniones a nivel de Ministerio de Relaciones Exteriores en países como la India, China y Rusia, porque hay que explicar que Bolivia no está pateando el tablero de las fronteras internacionales a los países más influyentes del mundo.

El objetivo más importante de mi trabajo es decir que Bolivia respeta el tratado de 1904, lo firmó a disgusto, pero Bolivia lo ha reconocido durante 110 años, y lo respeta, y por supuesto su planteamiento no tiene nada que ver con el tratado de 1904, no pone en riesgo el sistema internacional de fronteras. Nosotros no nos basamos en modificar el tratado para la petición a la Corte, sino en los compromisos que Chile, después del tratado y al margen del tratado, hizo con Bolivia para entregarle un acceso soberano al mar.

_¿Bolivia condiciona algún lugar en el acceso?
Categóricamente no. La naturaleza de la demanda boliviana no es territorial. Bolivia no le está demandando a la Corte que Chile nos entregue un territorio para darnos soberanía. Le está demandando que le recuerde a Chile que sus compromisos eran sentarse a negociar, porque se niega a dialogar en condiciones normales para hablar de soberanía. Plantear que están dispuestos al diálogo, pero no se puede hablar de soberanía, es una contradicción en los términos.