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Antes... la timidez la envolvía. Las palabras no le salían. Lloraba de todo y de nada. Se escondía como una oruga en su capullo. Eso era antes. Ahora... salió de su hábitat, batió las alas y voló. Esa es Susy Diab. 

Susy, la mujer
Fue esa niña que jugaba a ser modelo. Fue esa magnífica de Pablo Manzoni. Fue la muchacha que soñaba con ser una estrella. Susy dejó La Paz, modeló en Santa Cruz y mostró su talento en los desfiles del argentino Roberto Giordano en Viña del Mar y Buenos Aires.

Triunfó. Pero no era feliz completamente. Se subió en un avión y se instaló en el país del tango. Allí integró las filas del agente de modelos Pancho Dotto y pensó que eso dejaría tranquila su esencia. Pero no fue así. Otro avión la separó más de Bolivia y la puso en EEUU. Hizo un curso de actuación en Nueva York y después, otra vez, hizo maletas y llegó a Hollywood, la meca del cine mundial.

Ya pasaron 12 años. Y no se arrepiente de todos los vuelos que hizo. Una vez quiso irse a Milán, pero antes tuvo que hacer una dieta ‘ridícula’ -como la llama ella- para que la aceptaran en la ciudad italiana. Comió según los consejos de Oprah Winfrey, pero pronto su organismo no respondió y cayó enferma. Eso la detuvo y la hizo reflexionar. “Debo aceptarme tal como soy”, se dijo y ya no quiso ‘castigar’ más a su cuerpo.
Se quedó quieta en Los Ángeles. Y poco a poco tocó el cielo. Se la vio como imagen de la cerveza Corona, la marca Elizabeth Arden, Head & Shoulders, Honda,  Porshe y en el videoclip High off my love, de Paris Hilton. Por todo eso se convirtió en personaje de EL DEBER en 2012. 

Susy, de vuelta

La última vez que la maniquí paceña pisó Santa Cruz fue hace cuatro años. El cineasta Pato Romay la invitó para que participara en Despéiname la vida, la telenovela de Unitel que se estrena este mes, y ella aceptó. 

Dejó por un momento su departamento y su auto. Serán seis meses alejada de todo el ajetreo de la metrópoli californiana. Será una pausa para transformarse en Danitza, la corteja de Ronico, y mostrar su versatilidad en la televisión. Es un rol antagónico, “quizás la villana”. Eso lo decidirá el televidente. 

Pero lo de malvada le sale natural y lo de dulce e inocente también. Eso en la ficción y en la vida real. “Soy el equilibrio entre la Susy tierna y la Susy bestia”, asegura y sonríe. La segunda aparece en dos escenarios: cuando una situación la obliga y cuando se pone los guantes sobre un ring para practicar el muay thai (boxeo tailandés). Ahí patea, puñetea, grita y es toda una fiera. “(si pudiera) patearía a Donald Trump...”, bromea.

Susy, la honesta

Nunca tuvo una corona sobre su cabeza porque le dijeron que los certámenes no eran bien organizados. “En Bolivia no está bien visto meterse en los concursos de belleza y esa forma de pensar debería cambiar. Hay países donde ser miss es un honor. Algo falla en Promociones Gloria (empresa organizadora), no sé qué es, porque he estado mucho tiempo fuera, pero después de Desirée (Durán), Bolivia no volvió a sonar. No sé si deberíamos cambiar la organización o la forma de selección de las chicas”, se explaya.

En Los Ángeles -según relata-Bolivia solo aparece cuando hay conflictos sociales y cree que con Evo Morales el país ha ido en retroceso. “Bolivia dijo ‘No’. Debería respetarse la democracia. Estamos siguiendo los pasos de Venezuela... Me gusta la política, pero meterme a ella sería un error”, explica. 

En el país de Donald Trump vive del modelaje y de la actuación, y asegura que -en estos tiempos de acusaciones contra las figuras del cine- jamás sufrió acoso, maltrato por ser latina o una oferta de dólares a cambio de triunfar en la pantalla. Cree que la culpa es compartida: “El acosador por proponer y la víctima por disponer”, dice. 

No se la cree cuando le dicen que es bonita: “No voy por las calles diciendo: ‘Soy la más hermosa, ¡mírenme!’...”, asegura. “Antes jugaba tenis y era medio marimacho. La belleza es relativa. Bella es una rusa de dos metros, no yo”, dice. Así es ella, una lady cuando debe serlo, actriz y modelo, pero siempre boliviana, al estilo Susy Diab.