Con cantos, regalos para las autoridades y para los promotores del proyecto, además de presentes y refrigerio para los niños, tal como son sus costumbres y forma particular de vida, las familias ayoreas celebraron ayer la apertura de una guardería infantil en la comunidad Garay, situada en el barrio San Silvestre de la capital cruceña. Allí asistirán niños, desde los seis meses hasta los cinco años, y podrán prepararse para la educación escolar.

Esta era una de las necesidades apremiantes de las 60 familias asentadas en dicha comunidad, que ahora piden la apertura de una escuela, donde se pueda aplicar el currículo del pueblo ayoreo, que contempla la educación bilingüe, toda vez que el idioma es una de las limitantes para los niños ayoreos que asisten a las escuelas regulares, así lo expresó Roxana Melgar, de la Central Ayorea Nativa del Oriente Boliviano (Canob).

La guardería Piotegui Ome Desiodé (Oportunidad para los niños) fue construida con recursos de los esposos Kolman, benefactores alemanes, que invirtieron $us 30.000 en la infraestructura.

La administración y el funcionamiento estarán a cargo del gobierno municipal. Inicialmente asistirán 25 chicos, de los 56 que viven en la comunidad y que están en edad para asistir al centro infantil. Los padres darán un aporte mensual de Bs 2 para la compra de alimentos frescos.

Los esposos Ruti Chiqueno y José Luis Dosapei son algunos que ya han asegurado espacios para sus hijos Matías, Amalio y Rosario. Ella, dedicada a las artesanías, y él, jardinero en casas particulares, están contentos porque ahora sus niños podrán aprender mientras ellos trabajan. Julia Posiño es otra madre de familia que estaba feliz porque inscribió a su hija, de cinco años.

Manuel Chiqueno, dirigente de la Canob, también habló de la necesidad de una escuela para los niños de la comunidad Garay, tal como ocurre en la comunidad Degüi, ubicada en la Villa Primero de Mayo.

Otras necesidades
En la comunidad Garay la mayoría vive en condiciones precarias, los servicios básicos son deficientes y el asentamiento es considerado ilegal, por lo que exigen títulos para sus terrenos. Precisamente por eso, los dirigentes piden mayor inclusión del pueblo ayoreo en los proyectos de desarrollo social, pues al establecerse en la gran ciudad solo han encontrado exclusión.

Las familias, además, piden mayores oportunidades laborales, pues muchos capitalinos los contratan por bajos sueldos o los utilizan para acciones violentas, como los desalojos de terrenos. Además, algunas niñas son utilizadas para trabajos sexuales