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Angelina Jolie tiene 39 años y debía esperar hasta los 50 para extirparse los ovarios. Pero prefirió no esperar, porque tiene dos genes que la predisponen a padecer cáncer de ovarios.

Los expertos consideran que la ovariectomía es demasiado agresiva para las mujeres que no han alcanzado la menopausia. Con la retirada de los ovarios se elimina el riesgo del tumor, pero también se desencadenan alteraciones hormonales similares a una menopausia precoz.

Hace dos semanas, la protagonista de Salt recibió una llamada de su médico, que le dijo que los resultados de un análisis al que se había sometido mostraban “una serie de marcadores de inflamación que se habían elevado y que podría ser una señal de cáncer descubierto a tiempo.
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Hormonas de por vida
Una consecuencia de la operación es la menopausia forzada. Después de la operación, escribió en el New York Times: “Independientemente de los reemplazos hormonales que tomo, tengo la menopausia. No podré tener más niños y espero algunos cambios físicos. Pero estoy tranquila con lo que llegue; no porque sea fuerte, sino porque es parte de la vida. No es algo a lo que temer”.

Continúa: “Mis hijos nunca tendrán que decir: ‘mamá murió de cáncer de ovarios”. La actriz es madre de seis niños, tres de ellos biológicos, junto al actor Brad Pitt, con quien se casó en 2014 tras nueve años de relación.

Jolie se sometió a una mastectomía en 2013. Le quitaron ambos senos pero le dejaron la piel. Ahora usa prótesis.

La decisión fue tomada porque en un análisis de sangre le detectaron que tenía una mutación en los genes BRCA1 y BRCA2. Eso le daba una estimación de 87% de riesgo de padecer cáncer de mama y un riesgo del 50% de tener cáncer de ovario.

Eran riesgos que no se podían tomar a la ligera. Su abuela, su tía y su madre murieron de cáncer.

Poco después de su primera operación, aumentó el número de mujeres que se sometían a pruebas preventivas para detectar el cáncer