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En la luminosa mañana parisina del pasado domingo primero de julio, el ataúd con los restos mortales de Simone Veil fue introducido solemnemente en hombros de la Guardia Republicana, un año después de su muerte, en el majestuoso edificio del Panteón.

Sobreviviente de Auschwitz, feminista, exministra de Salud en el gobierno de Giscard d´Estaing y presidenta del primer Parlamento Europeo electo, oficialmente pasó a formar parte del Santoral Laico de la Republica Francesa. El consenso sobre sus méritos fue amplio, afirma el periódico El País, de Madrid. La decisión del presidente Macron, que como jefe de Estado tiene la prerrogativa de decidir quién entra en la augusta necrópolis del Barrio Latino fue inapelable. En presencia de sus antecesores François Holand y Nicolás Sarkozy y de la amplia familia Veil, el presidente francés recorrió el legado de la difunta y al explicarla a ella -que como Macron fue una centrista y europeísta- intentó explicarse a sí mismo, y su visión de Francia y del mundo.  

El Panteón es un espacio central de la nación francesa, lugar donde se proyecta el relato nacional y también sus disputas. El presidente François Mitterrand lo visitó el día de su investidura.   

Hago este recuento de la historia personal de madame Veil y del reconocimiento dado hace pocos días por Francia a su memoria, porque justamente ella ejercía como presidenta del Parlamento Europeo en el momento en que en Bolivia se daba el golpe de estado del Gral. García Meza en 1980 y ella, desde esa alta función europea, cumplió un rol muy importante en colaborar con la aspiración democrática de los bolivianos en ese difícil trance.

En efecto, como respuesta inmediata al golpe de Estado que venía de ejecutarse, el Dr. Siles Zuazo conformó -desde la clandestinidad todavía- el Gobierno de Unidad Nacional (GUN) como la auténtica representación del pueblo boliviano. En el documento, que hizo público, encomendaba al vicepresidente electo que se hiciere cargo de las relaciones internacionales del mismo. Sabía él que yo me encontraba en el exterior curando las quemaduras que me había producido el atentado de aviación el 2 de junio anterior. Asumiendo inmediatamente este delicado mandato, di una conferencia de prensa en el National Press Building, de Washington, atestado de periodistas, definiendo lo que venía ocurriendo en Bolivia como un golpe de Estado civil-militar delincuencial, sostenido por el narcotráfico y la dictadura militar argentina. Anunciaba al mismo tiempo que emprendía un recorrido por América y Europa para que el gobierno emergente del golpe no fuere internacionalmente reconocido como sucedió en la realidad. 

Es en ese intento que, invitado por los bloques parlamentarios Social Demócrata y Demócrata Cristiano, visité el Parlamento Europeo en Luxemburgo, donde encontré a la presidenta Simone Veil. Desde el primer momento quedé impresionado por su imponente figura ya en la madurez, por su riquísima personalidad y su preocupación por los procesos de democratización en marcha en la Península Ibérica y en América Latina. Inmediatamente y de manera personal convocó a una sesión especial de la comisión de Relaciones Internacionales del Parlamento, más los jefes de los distintos grupos partidarios que lo componen, para que pudiere presentar ante ellos un informe de la situación en Bolivia.  El mismo día, en la plenaria de la Asamblea, Madame Veil introdujo desde su presidencia la resolución consensuada en la comisión condenando a la dictadura, demandando su urgente aislamiento internacional y convocando el necesario apoyo al proceso de instauración democrática en Bolivia. Esta resolución tuvo en su momento una enorme importancia para movilizar y concienciar la opinión pública europea sobre nuestra realidad nacional. Es por ello que el homenaje que Francia rinde a Simone Veil tiene también un eco y una significación para la democracia boliviana, más aún en los particulares y complejos desafíos que enfrenta hoy.