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Los presidentes de Venezuela y Bolivia, Nicolás Maduro y Evo Morales, respectivamente, han asumido el papel de mandatarios díscolos en las horas previas a la VII cumbre de las Américas, marcada por el tono amable de las diplomacias cubana y estadounidense a la espera del encuentro entre Barack Obama y Raúl Castro.

Maduro dijo venir en "son de paz a Panamá" y hasta ilustró su actitud cogiendo la batuta de la banda que interpretaba el himno de su país a su llegada a Panamá, pero su primer acto oficial fue una ofrenda floral en el monumento a los caídos ubicado en el populoso barrio de El Chorrillo, el epicentro de la destrucción provocada por la invasión de EEUU a Panamá en 1989 para derrocar al dictador, ahora encarcelado, Manuel Antonio Noriega.

Casi al mismo tiempo que el presidente Obama visitaba las instalaciones del Canal, Maduro aseguró que reclamará al mandatario de EE.UU que pida perdón a las víctimas y las indemnice por la invasión que fue "una masacre".

Previamente, la diplomacia venezolana intentó lanzar en el preámbulo de la declaración conjunta de los mandatarios reunidos en Panamá una condena a la política estadounidense hacia su país. 

La exigencia ha truncado un documento de consenso, que será sustituido por un "informe" del presidente del país anfitrión, Juan
Carlos Varela.

Evo criticó y jugó fútbol

Maduro tuvo sin embargo en el presidente boliviano un duro contrincante en el rol de protagonista crítico de la Cumbre. Evo Morales endureció su discurso con EE.UU. al afirmar que "quiere derrocar a Maduro por decreto" para extender su acusación a todo el continente al argumentar que intenta derrocar a los gobiernos por la vía económica.

El presidente boliviano, que llegó a Panamá vía Caracas, se arrogó el papel de portavoz de la paralela "Cumbre de los pueblos", cuyas conclusiones de comprometió a trasladar al encuentro de los jefes de Estado americanos. 

A la espera de éxitos políticos, el mandatario boliviano los consiguió en los juegos deportivos, al marcar cuatro goles en un partido de fútbol contra dirigentes sindicales panameños. 

Incidentes aislados

En paralelo a la cumbre, los únicos incidentes los han provocado
los enfrentamientos el jueves entre oficialistas y disidentes cubanos, en el foro de la sociedad civil y frente a la embajada de Cuba, con un saldo de 20 detenidos, liberados pocas horas después con una dura advertencia del presidente panameño, Ricardo Varela, que amenazó a los reincidentes con la deportación inmediata.

Esta mañana tomaron los defensores del Gobierno de Maduro y los
partidarios de la oposición, una colonia muy numerosa en Panamá,
país de acogida para miles de disidentes venezolanos.

A primeras horas de esta tarde estaba previsto que lleguen a Panamá
los presidentes de Argentina, Cristina Fernández, y Nicaragua,
Daniel Ortega.