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19/04/2014
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Para evitar el rezago en la producción de alimentos de forma competitiva, Perdomo, en el marco del VIII Foro Internacional CropLife Latin America: Alimentos Para el Mundo, subrayó que llegó la hora de que los países de la región se pongan al día en la regulación para el uso de la biotecnología.

En los que aún no lo hacen, seguirá el efecto de la denominada ‘soya Maradona’ que sale de Argentina y entra a los países con o sin barreras legales.

¿Cuál es la proyección del uso de la biotecnología?
El 90% de los que usan esos productos biotecnológicos en el mundo son agricultores chicos.

Entonces, el uso de la tecnología es una herramienta más en la caja de herramientas del agricultor que tiene sus fertilizantes, agroquímicos, el agua y el combustible para labrar la tierra, que serán usados de acuerdo a las ventajas que pueda darle al productor para controlar las plagas.

En Estados Unidos tenemos casi 300.000 hectáreas de maíz que es resistente a la sequía. Empezó hace dos años con 50.000 hectáreas de prueba y se quintuplicó por el beneficio.

¿Cómo ve el negocio agrícola con la baja de los precios internacionales?
Todos estos ciclos de los commodities son eso, ciclos. En 2008 y 2009 tuvimos precios tremendos donde la demanda estaba realmente rebasando a la oferta.

Ahora, estamos en un ciclo en que la oferta está siendo más que la demanda por diferentes situaciones económicas. China de por sí es uno de los países que mueve commodities y no solo en la parte agrícola sino en todo. China dice que bajará su crecimiento un 1%, lo que causó mucho roce.

Creemos que este es un ciclo que sin duda va a dar la oportunidad eventualmente a recuperarse. Pero veo industrias que han estado en una situación de caída año tras año por diferentes situaciones, y vemos la situación de la producción del mundo.

Aunque tiene sus altibajos, la tendencia es hacia arriba. Yo creo que el agricultor en estos momentos que está en productos de commmodities tiene que realmente ver todos estos escenarios. En los años de las vacas gordas deberíamos acumular para sobrevivir a las épocas de vacas flacas.

¿Esta baja de los precios internacionales de los commodities puede tener efecto en el ritmo de inversiones en la investigación?
La industria de la ciencia de los cultivos de alimentos trabaja en un horizonte de largo plazo. La industria invierte más de 7.000 millones de dólares al año solo en investigación y desarrollo en productos que van a salir posiblemente en los próximos 10 años. Es decir, creo que estos ciclos de baja de precios de los commodities no son considerados.
El uso de la biotecnología es asociado a grandes extensiones, ¿qué potencial tiene para el pequeño agricultor?
En la parte global hay más de 180 millones de hectáreas en manos de la pequeña agricultura.

El 90% de 108 millones de agricultores que usan la biotecnología en 28 países del mundo son agricultores pequeños con menos de dos hectáreas. Por ejemplo, millones de pequeños agricultores del mundo pueden sembrar algodón que, antes de la biotecnología, era prácticamente inviable, hoy día tienen la posibilidad de ser competitivos gracias a la tecnología.

¿Cómo ha visto el comportamiento de la biotecnología en un escenario de cambio climático que ha modificado el calendario agrícola?
Con la biotecnología están empezando a vislumbrarse oportunidades que tal vez algunos años atrás era complicado como el control de malezas o el control de una plaga específica.

Ahora se está viendo por ejemplo en Estados Unidos que hay maíces que son resistentes a la sequía. Eso da al agricultor la tranquilidad de sembrar en una situación que ayude en los ciclos productivos. Pero ese es el principio de muchas otras cosas que hemos estado trabajando en la biotecnología, en productos que sean resistentes a la sal por ejemplo.

Tanta tierra que tenemos pero no se puede sembrar porque es muy salubre.

Entonces, se está trabajando para que algunos cultivos puedan ser producidos en esos campos. Incorporar a la producción agrícola que hoy en día no es posible.

Entonces ahí viene otra oportunidad en materiales resistentes al cambio climático. Yo creo que ante el cambio climático que estamos viendo, las prácticas agrícolas o la biotecnología son otra herramienta para que el agricultor tenga la oportunidad de tener certeza de producir más con menos recursos.

¿Cómo se ve la contribución de la biotecnología en el tema de la productividad?
Ya se está produciendo más por hectárea, no solo usando la biotecnología, sino usando un control de plagas mucho más eficiente. Creemos que eso es parte del ingrediente clave al éxito que buscamos tener para producir un 60% más de alimentos con la misma tierra y con menos costos.

El costo de producción baja significativamente, lo que hace que los alimentos puedan llegar al consumidor a un precio mucho más cómodo. Entonces, creemos que el uso de la biotecnología nos va a ayudar a suplir las necesidades de alimentos a futuro en un ambiente equilibrado de agua, suelo tierra y aire.

¿Cuál cree que es el mayor desafío que tiene América Latina en su rol de proveedor de los alimentos al mundo para los próximos años?
Claramente se ve que América Latina tiene un potencial tan grande, pero al mismo tiempo tiene una carencia de políticas agrícolas progresivas en todos los gobiernos.

En realidad el ministro de Agricultura es como que está ahí, pero no figura, figura el de Economía, el de Minería y así nada más, cuando la agricultura no solo es tremendo generador de trabajo sino proveedor de alimento.

El gran desafío de América Latina es el de crear políticas progresivas que apoyen al agricultor, en financiamiento, tecnología, educación y mercados para desarrollar esa capacidad productiva que existe.

El Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) tiene estudios que prueban que el aumento del 1% del PIB agrícola reduce cuatro veces la pobreza más que cualquier aumento del 1% de cualquier industria.

Realmente la capacidad que tiene América Latina con su tierra, con la cantidad de su mano de obra es inmensa. Tenemos las facultades de seguir siendo el supermercado de alimentos del mundo de una manera cada vez más eficiente.

¿En la última década han visto un avance dentro del marco regulatorio de los países de América Latina con relación a la biotecnología?
Sí. Claramente en los últimos 19 años, más o menos, hay la incursión de la biotecnología en el mundo. Hoy día hay 28 países que están produciendo productos de biotecnología con toda seguridad y control que se requiere.

En Latinoamérica tenemos una cantidad de países en los cuales se la está usando. Son países que tienen marcos regulatorios y la biotecnología está siendo usada y está siendo acompañada con las nuevas opciones de cultivos.

Por eso, creemos que en este tipo de tecnología lo mejor que se puede hacer es entenderla, regularla de manera transparente para poder invertir y de esa manera dar seguridad. América Latina tiene sus marcos regulatorios en muchos países y en otros está en evolución.

Por un lado se habla de que no es suficiente la producción de alimentos, pero por otro se ve que se los desperdicia…

Un tercio de los alimentos que se producen en el mundo se tiran. Ese tercio de alimentos podría alimentar a dos millones de personas y hay 804 millones de personas con hambre. Hay que abrir los ojos.

En los países más desarrollados es donde más desperdicio de alimentos hay. Estudios del año pasado mostraban que en Europa y estados Unidos es donde hay más desperdicio.

En Estados Unidos hay un 45% de desperdicio porque el cultivo bonito es el que se va al mercado, el resto se lo tira. Después, está la pérdida en el transporte.

En Brasil se pierde un 3% de la soya porque se queda tirada en el camino. De ahí viene la pérdida por la cadena de frío. En los supermercados de nuevo se pierde. Entonces, ahí se va acumulando todo. Después estamos nosotros que no lo comemos todo.

Lo que sobramos o guardamos hasta que se arruinan lo tiramos. Tenemos que trabajar en la conciencia y educación de todos para comprar mejor y contribuir a reducir el desperdicio de los alimentos. Tenemos que ser más eficientes en el manejo, la producción, la compra y el consumo de los alimentos.

En el uso de biotecnología los países van a diferentes velocidades, hay otros como Bolivia cuya normativa prohíbe su uso pese al pedido de los productores ¿qué opinión le merece este escenario?
Bolivia es un ejemplo de cómo las tecnologías que agregan valor al agricultor atraviesan las fronteras con o sin un marco regulatorio que las norme. Porque eso se ha estado trabajando para crear ese marco regulatorio en el caso de Bolivia porque la tecnología ha fluido de Paraguay y de Brasil y ya está cruzándola y no hay la normativa.

Ahí es donde los gobiernos tienen que ponerse al día porque ya la tecnología está suelta dentro del mundo y no está parametrizada como debería ser para que haya una confianza en el medio de que está siendo bien usada con las buenas prácticas que se requieren. ¿Por qué?, porque la industria no puede entrar a ayudar hasta donde está el productor porque todavía no tiene la legalidad para poder actuar al respecto.

Entonces, por eso, como industria queremos las normas claras al mismo tiempo el marco regulatorio que nos permita no solo introducir la biotecnología de manera segura sino educar y llevar adelante el control de la misma de una manera directa.

En Bolivia el sector soyero usa biotecnología…
Es lo mismo lo que sucedía con lo que llamaban la ‘soya Maradona’, vino de Argentina, entró, se fue, se cobró y de ahí tuvieron que ponerle marco regulatorio. En Bolivia ha debido pasar así. Lo que pasa es que los países caminan a diferentes velocidades. A veces el mismo agricultor en sus necesidades de sobrevivir y de producir toma esas medidas.

¿Esa desigualdad en América Latina puede afectar la necesidad de potenciar el gran supermercado que representaría a futuro?
Sí, ese es el desafío de lo que se está tratando de lograr con los foros de Croplife porque en realidad, cada país es soberano de cómo se administra.

Nosotros como industria siempre vamos a trabajar dentro del marco de ley y buscar todas esas discusiones con los gobiernos para evitar desórdenes y al mismo tiempo tratar de que los países no se queden atrás en el uso de la tecnología que el vecino tiene, pero de forma ordenada. Estos atrasos y confusiones al final de cuentas los paga la sociedad porque podría tener más alimentos de los que tienen y eso significaría poder hacer negocios potenciales y una mayor riqueza para ese agricultor que se la juega por producir más para el desarrollo de cada país