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Los sanfermines, las fiestas populares más conocidas de España en todo el mundo, empezaron ayer con el clásico chupinazo (cohete), para dar paso a nueve días en los que el protagonismo será cada día para la carrera de los toros por las calles del centro.

Unas fiestas inspiradas en el peso de la tradición, aunque cada vez más moduladas al gusto de miles de visitantes (muchos extranjeros) que llenan las calles y los hoteles de la ciudad.

La ciudad de Pamplona, en el norte del país, que en el resto del año apenas llega a los 200.000 habitantes, multiplica esos días su población y nativos y foráneos se desparraman por sus calles día y noche, entre música, bailes y mucho alcohol.

Miles de personas siguieron ayer desde la calle el lanzamiento del cohete que, a mediodía, marca el punto de partida de las fiestas y las cadenas de televisión interrumpen su programación para emitir ese momento en el que la multitud enarbola un pañuelo rojo que a continuación pasan a anudarse al cuello