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Ya sea en un céntrico cementerio o en uno que esté en la periferia de la ciudad, que esté embardado o que solo tenga alambres de púas que encierren la última morada de las personas en esta vida, los dolientes llegan hasta allí para rezar algunas oraciones o para llevarles masitas como muestra del amor que le siguen teniendo.

Para algunos dolientes, la intermitente llovizna que cayó durante gran parte de la jornada dominical fue como un baño para las almas de los angelitos que ya partieron de este mundo, que ayer celebraron su día para recordarlas y que sirve como una antesala del Día de los Difuntos, que se conmemora hoy y que, según Meteorología de Aasana, tendrá un mejor clima después de las 10:00, con una temperatura máxima de 24 grados centígrados y una mínima de 17 grados.

Tumbas recién pintadas y otras que han quedado en el olvido se pueden apreciar en los diferentes camposantos que fueron visitados ayer. La humedad no perdona nada y, en algunos casos, la maleza se ha ido apoderando del espacio que seguramente en algún momento estuvo inundado de lágrimas cuando el difunto acababa de partir al más allá.
Muchos aprovecharon el día para limpiar los nichos y llegaron con escobas, baldes y trapos para dejarlos relucientes y recibir hoy a otros visitantes.

Wilson Terceros, administrador del cementerio Pampa de la Cruz (Villa Primero de Mayo), contó que si bien ayer fue un día para velar a los niños, muchas personas prefieren visitar ese día el camposanto, porque no hay demasiado tumulto.
“Si bien la norma señala que las personas solo pueden quedarse hasta las 23.00, nosotros los dejamos quedarse un poco más de tiempo, porque todos queremos tener un recordatorio digno cuando nos vayamos de aquí”, indicó, al destacar que ayer no hubo ningún altercado en el lugar.

Orden y seguridad
En un recorrido realizado por los cementerios Norte, Pampa de la Cruz, General, El Bajío, Ambrosio Villarroel, La Cuchilla y El Pajonal, se observó total tranquilidad en cuanto al orden y seguridad de los mismos. Algunos familiares aprovecharon la jornada lluviosa para limpiar, ya que el sábado no pudieron hacerlo debido al cierre de 24 horas dispuesto por la comuna para sacar la basura y los desechos de los camposantos.

Durante la mañana hubo poca afluencia de gente, pero en la tarde los camposantos comenzaron a llenarse de dolientes, quienes no solo fueron a velar las almas de los niños, sino que aprovecharon para dejar velas y flores para sus familiares adultos, ya que indicaron que hoy se dedicarán a descansar.
“No hubo mucho movimiento y la jornada transcurrió con relativa tranquilidad. Solo tenemos el reporte del decomiso de algunas latas de cerveza que se realizó en una tienda cerca del cementerio La Cuchilla”, informó Jorge Queirolo, director municipal de cementerios.

En algunos camposantos se notó, además de los gendarmes y de los funcionarios municipales, la presencia de uniformados de la Policía Nacional que llegaron con el fin de precautelar el orden ante cualquier contingencia. “En caso de desorden, tenemos la facultad de aprehender a las personas que provoquen desmanes. Mañana (hoy) igual estaremos aquí para cerrar las calles y controlar la afluencia de gente”, informó el cabo Samuel Cosme, que se encontraba afuera del cementerio Norte.
En algunos cementerios considerados clandestinos, como el Ambrosio Villarroel y El Bajío, no hay presencia policial para controlar el desorden.

Algunas historias
Con los ojos aún humedecidos, algunos familiares salían de los cementerios esperando que el alma de sus seres queridos reciba en el más allá sus oraciones y plegarias.

Felisa Cabero, que tiene a su esposo y a su hermana en el cementerio El Pajonal, esperó que pase la llovizna y en las primeras horas de la tarde estuvo junto con su hijo Wilmar visitando la tumba de sus familiares. Dijo que siempre prefiere ir un día antes del feriado, para evitar el bolleo. “Siempre vengo a dejarles flores, porque pese al tiempo que ya partieron de este mundo, los tendremos presentes en nuestros corazones”, dijo.
A su vez, Marisela López, tiene a una hermana que falleció a sus ocho años, enterrada en el cementerio Ambrosio Villarroel ayer estuvo, junto con sus hijas, realizando la limpieza de su tumba y elevando algunos rezos para su alma. Aprovechó para pedir un mayor control en el lugar, donde ya no queda mucho espacio para enterrar a más muertos.

Flora Salvatierra, que tiene a su esposo y a otros familiares en el Ambrosio Villarroel, donde llegó ayer acompañada de su familia, pidió a las autoridades un mayor ordenamiento en dicho cementerio, ya que si bien sabe que no está legalmente reconocido por la Alcaldía, ya cuenta con más de 30 años de antigüedad y considera que ya es tiempo de que se hagan cargo de su administración