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Ha vuelto la agitación a las calles. Diversas agrupaciones ciudadanas han hecho sentir su repudio a la decisión del TCP en todas las ciudades del país (con La Paz y Santa Cruz como puntos neurálgicos de la protesta); Evo, por su parte, se ha dado un baño de masas con sus seguidores en Cochabamba, entonando una vez más esas frases tan difíciles de creer: “Esto ha sido una sorpresa… no es mi sentir, es el sentir del pueblo”. El concepto “pueblo” es usado y abusado estos días: todos se arrogan su representación, pero en lo concreto el TCP y el Gobierno se han reído de su mensaje claro a través del referéndum.

Las protestas no han podido cuajar en una agenda; por ahora, son más que nada la expresión de una rabia visceral, una furia que no sabe cómo canalizar su desahogo y se lleva todo por delante a través de una lógica binaria (“si me criticas, defiendes a Evo”). Quizás sea temprano para pedir esa agenda, o quizás simplemente esto esté mostrando la preocupante ausencia de nuevos liderazgos; de manera pavloviana se ha ido a buscar esa guía en comités cívicos y sectores empresariales, como si no se hubiera aprendido nada de los últimos 10 años. Suena muy bien decir que ahora todos los ciudadanos deben ser líderes de este movimiento, pero quizás no es tan práctico.   

Si el MAS conquistó cierta hegemonía nacional fue a través de sus pactos con el empresariado; las plataformas ciudadanas de oposición deberían intentar también alianzas transversales, ir a buscar a los movimientos sociales que han sido la columna vertebral de Evo (y desterrar de una vez por todas el tufillo racista que ha vuelto a asomar su cabeza). De otra forma, la polarización le conviene al Gobierno. Tiene a su favor el tiempo, la fuerza y la interpretación arbitraria de la ley para imponer sus criterios antidemocráticos. 

Se ha mostrado capaz de aguantar movilizaciones de larga duración; confía en que los sectores que están en contra suya se diluyen si no ven resultados rápidos. Y no le molesta ser demonizado (esa es una de sus funciones, después de todo).