Bajo el ruido de palas y maquinaria, un batallón de bomberos, soldados y policías de Guatemala buscaba ayer a un centenar de personas desaparecidas en un deslave que causó al menos 30 muertos en un poblado al este de la capital.
En medio del panorama desolador y el luto, Josué Coloma, un mecánico de 40 años, observaba el trabajo de los socorristas que buscaban a sus dos sobrinos, de 11 y 14 años.

Los niños desaparecieron en el alud que ocurrió la noche del jueves en la aldea El Cambray II, del municipio de Santa Catarina Pinula, 15 km al este de Ciudad de Guatemala. "En el punto donde estoy parado tendrían que estar mis sobrinos. Confío en Dios en que estén bien", declaró Coloma a la AFP. En el sitio, precisó, fueron rescatados otros dos familiares