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Ayer por la mañana, el cineasta Paolo Agazzi dejó un ramo de flores en su tumba en el Cementerio General de La Paz, mientras que Mela Márquez, en la intimidad de su casa, lo recordó saboreando unos chocolates, “como a él le hubiesen gustado”. Por la noche, en la Cinemateca, en  la  entrega de certificados de la Escuela Andina de Cinematografía,  se proyectó un  corto de 1985 donde él aparece,  y algunos de los presentes recordaron no solo su aporte al cine nacional, sino también su carácter querible y generoso que lo hizo granjearse el cariño y la admiración de los que trabajaron junto a él. Más de esos sencillos homenajes, nada más recordó la memoria de  Óscar Soria Gamarra en el centenario de su nacimiento, pese a que es considerado el guionista más importante del cine boliviano.  

El escritor y guionista, que nació en La Paz el 28 de diciembre de 1917, trabajó en la gestación de  películas emblemáticas como Ukamau, Yawar Mallku,  de Jorge Sanjinés; en Chuquiago y Amargo mar, de Antonio Eguino y en Mi socio  y Los hermanos Cartagena, de Paolo Agazzi, solo por citar algunas de las más conocidas.   A ello  habría que sumar documentales y cortos guionizados para Jorge Ruiz y no menos importante es su  obra literaria plasmada en dos libros publicado en vida y uno póstumo. 

“Recorrer la trayectoria de Óscar Soria es en realidad recorrer la historia de nuestro cine en los últimos 30 años (1952 - 1985), los más intensos y los más apasionantes de un proceso que ha colocado al cine en los más altos niveles de la creación artística en Bolivia, pero que ha sido a su vez un testimonio notable sobre el difícil e intrincado proceso socio-político boliviano. Quizás el cine, en mucho gracias a los guiones de Óscar Soria, ha retratado mejor que otros medios la dimensión de nuestra realidad, sin ocultar nada, descarnada y honestamente”, dice Carlos Mesa, en la Aventura del cine boliviano y que reafirma al celebrar el centenario de su nacimiento.   

  “Era una persona maravillosa, muy noble, gran escritor y mejor persona. Una de las personas más íntegras y éticas que he conocido en la vida.  Creo que el mejor homenaje que se le puede hacer es que se lo lea y se vean sus películas,porque la juventud no creo que sepa quién fue”, comenta la directora de la Cinemateca, Mela Márquez, que considera a Soria su mayor inspiración y maestro, al que conoció cuando era niña, porque su tío Ricardo Rada  era productor de Jorge Sanjinés y que a través de él estableció una larga amistad. 

No creo que haya otro personaje que haya sido más amado en el cine boliviano, porque era demasiado bueno y generoso. Recuerdo que  venía a mi casa y se comía un brazo gitano; era un gran goloso de los dulces, por eso hoy lo recordé comiendo un gran chocolate, como  a él le hubiese gustado”, cuenta entre risas Márquez. 

“Entre otras virtudes, tenía una enorme  sensibilidad social, una mirada hacia el entorno muy profunda y esa era un poco la fuente de inspiración de su actividad. Sea como guionista o como escritor. Así como Antonio  (Eguino) me enseñó el oficio de cineasta, Óscar Soria fue mi maestro para conocer el país”, comenta Agazzi, que recuerda que el escritor era un hombre muy querido y respetado por su sencillez y humanidad. “Era muy buen amigo. Los últimos años, cuando estaba delicado de salud y yo ya estaba en la televisión, él venía una vez a la semana a mi casa para almorzar. Toda la gente que lo conoció destaca que era un gran amigo”, comenta el director de Mi socio. 

Soria falleció a finales de 1988  debido a un tumor en la cabeza que terminó afectando su salud. Sin descendencia solo el recuerdo de sus amigos han perpetuado su memoria en el centenario de su nacimiento.