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La construcción de regiones metropolitanas en torno a las ciudades de Cochabamba, La Paz y Santa Cruz se verá facilitada por experiencias que ya han logrado resultados en otros lugares. Afirmo que hay solución para todos los retos que enfrentamos y bastará identificar las preguntas para buscar e innovar las soluciones. La inteligencia estará en encontrar cuál es la variable esencial y ordenadora del trabajo colectivo, que si no se la trabaja adecuadamente, podría generar dificultades. ¿Se trata de desarrollo de servicios, economía, transporte, seguridad ciudadana, turismo? Identificada, será más fácil ejecutarse un proceso consistente de cohesión social.

Se necesita considerar el crecimiento poblacional del eje central y de sus capitales por razones de atracción, al mismo tiempo que debe incorporarse la presión migratoria y el despoblamiento rural para realizar proyecciones y adecuar la ejecución de políticas públicas correctivas.

Hemos llegado a un grado de certezas luego de estudiar el fenómeno en 2 dimensiones; un estudio de ciudades intermedias en Bolivia que nos ha proporcionado un instrumental de aplicación práctica con un sistema de medición y un análisis comparado internacional a través de 5 encuentros y el estudio de 15 experiencias de América Latina y España.

Estamos en condiciones de identificar las variables que inciden en la expulsión poblacional de las áreas rurales y de ciudades pequeñas. La presión migratoria se produce cuando parte del trabajo familiar no se monetiza, cuando existen actividades económicas de ingresos bajos y la infraestructura de servicios básicos es deficiente. La poca densidad poblacional que encarece los servicios, el desconocimiento/ruptura de realidades sociales, culturales y comunitarias en territorios marginados de los circuitos económicos con menores opciones de consumo y distancias, terminan idealizando la vida en las ciudades.

Igualmente, ya podemos identificar las variables de atracción que juegan en el imaginario de las personas. Acceso a actividades económicas de mejores ingresos, oportunidad de acumular activos financieros, acceso a servicios básicos y sociales, a circuitos generadores de riqueza que ofrecen mayores oportunidades de consumo y acercan el concepto idealizado de la modernidad, alejándolo de lo rural como valoración negativa.

Nuestra investigación ha identificado algunas preguntas para enfrentar el fenómeno. ¿Es inevitable que la gente viva en grandes ciudades? ¿Lograremos construir un camino concertado entre las visiones y los intereses plurales de quienes definen las políticas públicas en sus niveles nacionales, departamentales y locales? ¿Cuál es la agenda de actividades y cuál la ruta crítica definida en tiempos y tareas?

Todo esto alcanza utilidad práctica al estar acompañado de una propuesta de agenda que sugiere la dimensión de lo que necesitamos hacer. Lo primero, obviamente, es el trabajo orgánico sobre las áreas metropolitanas para la construcción de una agenda compartida, además de la incorporación de políticas públicas para consolidar ciudades intermedias con calidad de red y de nodos de servicios, que permitan que la gente no se vaya más lejos a la hora de necesitarlos. Aparece la necesidad de consolidar la sostenibilidad de los territorios, la generación de economía, trabajo y empleo para jóvenes y mujeres, ocio productivo y vivienda digna.