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A los 44 años, Guadalupe León vive una pesadilla sin dormir. La ira del río Acre se tragó su hogar y desalojó a su familia como escupida.

Ella y su esposo jornalero se han quedado sin plata y ningún albergue de refugiados quería recibirlos (rechazados, con todo y reprimendas), y donde consiguió guarecerse de las húmedas noches de Cobija, en la Caja Nacional de Salud, no llegó ni un bocado de comida para sus muchachos. No tiene nada. Y lo peor es que no está dormida, todo es real.

Quizás por eso Guadalupe, desesperada, como cualquiera que quiere alimentar a sus niños y no puede, fue a mendigar comida ayer al albergue de refugiados del coliseo Ernesto Nishikawa, donde vio al vicepresidente Álvaro García Linera pasearse entre refugiados que le lanzaban sus quejas (frío y hambre, básicamente) y lo increpó y le dio rabia tener que hacerlo y lloró.

Efectos
Esos son algunos de los efectos del desastre, azar de la naturaleza y algo de descuido de quienes se asentaron en las riberas del Acre. Por casos de ese tipo el gobernador de Pando, Édgar Polanco, y el alcalde de Cobija, Carmelo Vargas, han clamado por más ayuda al país porque, a decir de Polanco,“ya han sido rebasados en su capacidad de atender a los afectados”, que ayer habían aumentado a 3.200 personas agrupadas en más de 800 familias en 15 centros de evacuados. Un cuarto de Cobija ya es campo de refugiados.

Y no hay razones para ser optimista. El Acre ha hecho sentir su furia con 15,45 metros de altura en Cobija; son 12 barrios anegados, el puente de La Amistad luce indefenso, golpeado por el agua que casi lo desborda. García Linera dijo que no es un ‘profeta’ para predecir el futuro, pero sí se comprometió a dar una atención digna para los evacuados, sujeto a comprobación a partir de hoy.

Mientras el Gobierno entregaba unas 3,8 toneladas de alimentos adicionales ayer, Diego Gabriel Silva, líder de los refugiados del coliseo La Peta, sacó valor para interrumpir la conferencia del segundo hombre de la nación para reclamar que llegue alimento a las 80 familias de su albergue, pero nadie oye sus quejas de que en las madrugadas mojadas de Cobija hay 144 niños que padecen de frío.

“Hemos visitado los albergues, hemos oído sus quejas y preocupaciones. Y nos hemos reunido de emergencia con el alcalde, el gobernador y con nuestro ministro de Defensa. Nos estamos comprometiendo a que no falte ningún tipo de alimentos”, dijo el ‘vice’ en rueda de prensa y poco antes de subirse al avión que lo devolvió a casa