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Los vecinos del barrio Román Vaca, que tiene poco más de 50 años de vida, piden a gritos seguridad en su zona. La gente que vive allí habla de todo lo que pasa en sus calles, pero piden el anonimato para no ser víctimas de los pandilleros o de los viciosos que, afirman, pululan por las calles que forman parte de este espacio que colinda con el zoológico y la avenida Cristo Redentor, ‘encajonado’ entre el tercer anillo interno y externo.
“La semana pasada cinco tipos apuñalaron a una persona y se escondieron en una casa donde se vende droga”, contó una vecina, haciendo referencia al atraco que sufrió la madrugada del Viernes Santo Gabriel Salvatierra Lozano, el abogado de 31 años que fue atacado por cuatro colombianos y una connacional.

La mujer todavía tiene viva en su memoria el crimen de un extranjero en la esquina de una de las dos calles que tiene el barrio y el tiroteo que se produjo a pocos metros de su casa, cuando su vecino se percató de que tres delincuentes estaban robando las llantas de su vehículo y cuando intentó evitarlo fue repelido a tiros.

Esas historias son comunes entre los vivientes de esta zona, que lleva el nombre de un ex prefecto cruceño, que fue autoridad en la época de las dictaduras militares en el país.

Exigen más patrullaje
Otro vecino, que en sus cámaras de seguridad ha captado algunos hechos violentos en las calles de su barrio, pide que la Policía realice de manera más frecuente patrullajes preventivos, ya que siente que nadie se hace cargo de ellos porque son un barrio casi escondido.

La gente rumorea que en una de las calles funciona una casa de juegos clandestina. Dicen que ya hicieron la denuncia ante las autoridades pertinentes, pero lamentan que hasta ahora no se hubiera hecho nada para intervenir este inmueble, al que consideran un factor que favorece a la inseguridad del lugar.

El barrio Román Vaca, que nació con poco más de 80 familias, no tiene una plaza o un área verde. Se estima que ahora hay más de 100 familias conviviendo en medio del temor de salir a las calles y ser víctimas de los pandilleros