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A fines de la década de los años 50, Plácido Molina Barbery, cámara fotográfica en mano, documentó las Misiones Jesuíticas de Chiquitos. Consciente de su representatividad, fue precursor de la valoración y recuperación de los templos misionales.

Fue así que impulsó el trabajo de restauración de estas joyas arquitectónicas, con el apoyo esencial de personajes, como al arquitecto suizo Hans Roth. Los resultados de esta labor motivaron a un grupo de gestores, encabezados por el historiador Alcides Parejas Moreno, a promover ante la Unesco la declaratoria de las misiones como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

La buena noticia llegó un 12 de diciembre de 1990, las Misiones Jesuíticas eran patrimonio mundial y de esta manera se ponía en valor una riqueza que durante largo tiempo permaneció en el olvido.

En estos 25 años, se han llevado a cabo festivales de todo tipo, siendo el más representativo el de música barroca, además de un lanzamiento internacional y una serie de eventos y actividades que han puesto de manifiesto la sensibilización por parte de autoridades y gestores respecto a la promoción turística de la zona.

No es prioridad
Aunque se han logrado buenos resultados, más de uno opina que queda mucho por hacer en este tema. Una mejor infraestructura caminera y hotelera sigue siendo la principal demanda, pero también un mayor compromiso de las autoridades locales y nacionales, traducido en inversión y en proyectos de desarrollo en la zona.

“Primero hay que saber qué es lo que quiere el Estado respecto al turismo en la zona. A partir de ahí las respuestas tendrían que ser lógicas. Hasta el momento la Chiquitania no ha sido prioridad para el Gobierno en materia turística”, señaló el abogado Carlos Hugo Molina.
De la misma forma opina el músico Arturo Molina, que considera que las misiones han mostrado al mundo su cultura viva y, sobre todo, la riqueza musical, gracias al esfuerzo privado e individual de diversos actores.

Pero lamenta que la inversión por parte de los municipios y el Estado se siga haciendo esperar. “Hay hoteles buenos, pero no hay una política turística vinculada a la cultura de esos pueblos. Hay buenas carreteras, como la que conduce a San José de Chiquitos, pero faltan mejores caminos en lugares importantes, como San Ignacio de Velasco”, dijo Molina.

Cecilia Kenning, que durante varios años trabajó a la cabeza de APAC en la organización del festival de música barroca en la Chiquitania, lamentó que los permanentes cambios de gestión en los municipios no permitan la continuidad de los proyectos y de la inversión en materia turística, aunque admite que actualmente se percibe cierta armonía en la labor.

“La Gobernación tiene un departamento fuerte en el tema de turismo, pero el Estado tiene que acompañar con leyes, incentivos y créditos para el sector turismo. Se necesita de su apoyo para que el visitante no tenga trabas, sino facilidades para llegar”, expresó Kenning.

El ministro de Culturas, Marko Machicao, dijo que la promoción turística no se la refuerza desde las instancias municipales y departamentales. “En la práctica no se está dando un trabajo articulado entre las autoridades de cada región. Nosotros hemos apoyado todo lo que ha estado a nuestro alcance y se ha invertido en proyectos”, afirmó la autoridad