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¿Usted cree que se cumplió con la denominada agenda de octubre?
Creo que se ha ido mucho más allá. El 17 de octubre simboliza la expulsión, junto a Sánchez de Lozada, del sistema político partidocrático que fue desligitimado profundamente por sus acciones de corrupción y por sus medidas serviles al capital transnacional e interés externo.
Esa fecha no es la causa que explica el actual proceso de cambio, sino es el evento que permite el punto de inflexión. El conjunto de actores causales son una acumulación de elementos estructurales que tienen que ver con una deslegitimación del sistema político clientelar, divorciado de la realidad social. El pueblo se cansó de que las riquezas internas beneficiaban al capital externo y no a las regiones y sectores.

_¿Hubo un complot?
Hablar de que hubo cosa semejante refleja una ceguera inadmisible, porque en realidad fue una movilización de masas, que representa un verdadero levantamiento popular frente al orden constituido. El 17 de octubre simbolizó el agotamiento de un Estado republicano, colonial, con soberanía restringida, sin control del excedente económico que había generado demasiadas desigualdades sociales en la aplicación de las políticas públicas, que había sometido a la población a condiciones de explotación económica, exclusión política, opresión cultural.

_¿Se recurrió a Gobiernos de Venezuela, Cuba, Libia, para financiar la revuelta como dice Sánchez Berzaín?
Si lo afirma es porque perdió noción de la realidad. La gente se movilizó en defensa de la economía popular, identificó la necesidad de reconstituir el Estado que responda a sus demandas. En el occidente era la expulsión de las transnacionales y el control de la explotación del gas, el rechazo a un contrato leonino de venta de gas a Chile. Los movilizados eran alteños, no extranjeros.

_¿El decreto de amnistía de Mesa sesgó la indagación?
No, no es algo que debía resolverse en un litigio de tribunales, era un fenómeno sociológico muy profundo