Tres ejes sobresalieron anoche en Cobija, en el arranque del congreso de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (Csutcb), organización a la que tiene afiliación el presidente Evo Morales. El encauzamiento y unidad de los sectores que sustentan al Gobierno, la inclusión del debate sobre otra reelección del primer mandatario y, como una suerte de residuo de la polarización, las acusaciones contra Leopoldo Fernández, el exprefecto de Pando, procesado por el caso Porvenir.

Así lo mencionaron tres de los principales oradores de la noche: Ciro Cordero, dirigente de la Federación de Campesinos de Pando; Rodolfo Machaca, ejecutivo de la Csutcb; y el propio presidente Evo Morales.

El congreso, que hasta mañana debe elegir al sucesor de Machaca, fue inaugurado por Cordero con un llamado a recordar a “los caídos del 11 de septiembre de 2008”, que, para los campesinos fueron víctimas del prefecto de esa época. La banda del Ejército propició el minuto de silencio para los muertos a pedido de una testera que Morales compartió con el gobernador de Pando, Luis Adolfo Flores, y el alcalde opositor Gatty Ribeiro.

Leopoldo
Precisamente ayer se esperaba el arribo de Leopoldo Fernández a Cobija, después de casi siete años de detención, confinamiento y juicio en La Paz. Se pensó que sería trasladado desde su arresto domiciliario, en la sede de Gobierno a Pando a primeras horas del día, pero no ocurrió. Por orden judicial, se tiene programado que el exprefecto esté en Pando por tres días a fin de contribuir con datos in situ sobre los sucesos del 11 de septiembre de 2008, por los que él niega responsabilidad y acusa al Gobierno.
“Queremos saludar a nuestros héroes de Porvenir, a nuestros hermanos campesinos de Pando… Valerosos héroes que Leopoldo Fernández masacró”, fustigó Machaca, para luego pedirle al mandatario que revierta las tierras de Porvenir a favor del campesinado.

Reelección

Al final de su discurso, Machaca reveló otro de los ejes centrales del congreso: “Tenemos que debatir la reelección del presidente”, ganándose los aplausos de la parcialidad masista del campesinado nacional. Morales, igual que en Uyuni durante el Año Nuevo Aimara, se mantuvo cauto y no tocó la cuestión directamente.

Sin embargo, a su turno, además de obviar en la alocución a Ribeiro, se dedicó a exponer las bondades del periodo de su administración, que él llama proceso de cambio, destacando el despegue económico que hizo pasar a la economía boliviana de un PIB de $us 5.000 millones en 2005 a uno de $us 33.000 millones en 2014.

Estabilidad política, crecimiento económico y redistribución, enumeró el mandatario como méritos de su modelo de Gobierno, dejando en el aire la noción de que sus nueve años y medio en el poder han dado frutos.
“No puedo creer que después de nueve años y medio tengamos tanta aceptación”, recalcó un par de veces en alusión a una encuesta que, dijo, le da un 75% de apoyo en las capitales del eje troncal del país, más El Alto.

Para cerrar, Morales acusó “que la derecha, los caciques” tomaron el aeropuerto de Pando en 2008 y, según él, provocaron muerte y destrucción. Insistió en que inicialmente los movimientos liderados por la medialuna pregonaban la autonomía, pero el discurso cambió hacia federalismo, para, según él, mantener la confrontación