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Recorrer las calles que rodean los mercados de La Ramada, Los Pozos o el Abasto implica tener al menos cuatro cualidades. Uno, la capacidad para caminar sin pisar, patear, enredarse o golpear cuanto artículo está a la venta en las aceras; dos, no ser muy alto, porque el riesgo de golpearse la cabeza con los fierros de los toldos es inminente; tres, ser capaz de soportar todo tipo de empellones en pasillos tan agostos, que tener unos kilitos demás hace imposible ingresar a estos; y cuatro, no tener ningún impedimento físico que lo obligue a caminar con un burrito o muletas, porque es una odisea.

Así están ahora las vías aledañas a los tres principales centros de abastecimiento de la ciudad, sin contar que además de todo lo arriba descrito, hay zonas con malos olores y amigos de lo ajeno que esperan cualquier distracción de la gente para dejarla sin nada y con náuseas.
La Ramada, Los Pozos y el Abasto han crecido de manera desordenada y anárquica. Los edificios que los cobijaron en sus inicios ahora son depósitos de mercadería o espacios prácticamente desiertos.
“Hay semanas en que no vendemos nada”, señala Richard Vinaya, sentado en un pasillo de la segunda planta del edificio donde comenzó Los Pozos y terreno que la comuna entregó a los comerciantes en calidad de usufructo por 20 años.

Recorrer esa infraestructura, que está dotada de elevadores y que no funcionan, es como darse un paseo por un cementerio de tiendas donde abundan letreros anunciando la venta o alquiler de los puestos del ‘Moderno Mercado Los Pozos’, nombre con el que nació este edificio que ahora sirve de sombra para los miles de asentamientos callejeros.

Una situación similar se ve en La Ramada, donde los límites para encontrar un final a este mercado son solo imaginarios. Los asentamientos callejeros han ganado las vías de casi toda la zona, haciendo que quienes viven allí opten por dos caminos: negociar con los vendedores o trasladarse de casa.

“Mucha gente vendió sus casas o las remodelaron para construir tiendas. Así las alquilan y con ese dinero viven en otros barrios”, comentó Griselda Miranda (58), que vive a dos cuadras de la avenida Isabel La Católica. Ella sufre para salir o para retornar a su casa, ya que el tráfico en la zona en las horas pico es caótico y pelea con algunos gremiales que quieren asentarse en su acera para vender plantas medicinales.

Griselda asegura que son muchos los vecinos perjudicados y aunque afirma que no dejará la zona, siente que este problema pronto la cansará y deberá alejarse de su vecindario para encontrar otro más tranquilo para ella y sus hijos.

En los alrededores del Abasto se genera un problema igual, ya que la venta de todo en las acercas cercanas, incluso en medio de los basurales y los canales de drenaje con vegetales en putrefacción, ha hecho que la gente que consiguió un espacio en este espacio municipal mayorista, tenga que sacar sus productos fuera para poder vender.
“Yo tengo mi puesto debajo del tinglado, pero hay días en que no vendo nada y debo sacar mis productos a la calle para generar ganancia”, dice Patricia Quenta, oriunda de Potosí, dedicada a la venta de legumbres, que en los días malos apila en pequeños montículos para salir a las aceras del lugar y conseguir ganancias.
“Voy a sacar la ropa que tengo a la avenida Grigotá, para vender algo o no me alcanzará el dinero para pagar los servicios, comenta Susana Barrera, que tiene una tienda en un comercial en el interior de La Ramada, donde los pasillos están vacios, en contraste con el atolladero de personas que hay en las calles que ni el incendio de mayo de 2010 logró frenar su presencia.

Censo y ley municipal
El concejal Jesús Cahuana, uno de los tres dirigentes gremiales más importantes de la ciudad junto a la diputada Griselda Muñoz y el exconcejal Róger Labardens, tienen criterios distintos con respecto a las expectativas que hay sobre la aplicación de la Ley 136 sobre la Política municipal integral de abastecimientos y servicios.

Cahuana, proyectista de esta normativa, asegura que en menos de un año las calles que ahora son el escenario de crecimiento de los mercados serán ordenadas y los gremiales tendrán los espacios adecuados para sus necesidades.

Muñoz no cree que con esta política las calles queden sin gremiales, y advierte que, como ocurrió en el pasado, los mercados que se construirán serán botines políticos para las autoridades de turno y sus seguidores, dejando edificios vacíos sin clientes ni vendedores.

Labardens es más optimista y espera que la situación mejore. Cree que el censo gremial que se discutirá este lunes, se convertirá en una camisa de fuerza para los gremiales que están en las calles, que, de acuerdo con los datos que manejan los dirigentes, significa al menos el 80% de los más de 80.000 gremiales que se cree hay en la capital cruceña.
La presidenta del Concejo Municipal, Angélica Sosa, indicó días atrás que el reordenamiento de los centros de abastecimiento tomará al menos cuatro años