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Se trata de una revelación. En el zoológico municipal existen tres especies de árboles que ya no se encuentran en la zona urbana de Santa Cruz de la Sierra.

El asipapote, el mapaiso y el pororó. Además, en ese pulmón ecológico también se encuentra el motoyoé más viejo de la capital, que tiene más de 200 años de vida.

A esta conclusión ha llegado el ingeniero forestal Juan Carlos Montero, que, junto al Colectivo Árbol y la Revolución Jigote, están realizando un censo de los árboles en el zoológico, motivados por un objetivo mayor: unir fuerzas para que el terreno del zoo, cuando se haga el traslado de los animales a otro lugar, se quede como un parque y un pulmón verde y no se construya un teatro como lo anunció la Alcaldía municipal.

La Representación Departamental de la Defensoría del Pueblo solicitará de forma oficial al Gobierno Municipal de Santa Cruz de la Sierra información completa sobre los proyectos que existen para el traslado del zoológico municipal y la construcción de un teatro en sus instalaciones, con el objeto de analizar estos documentos e iniciar algunas acciones en la perspectiva de preservar y proteger esta zona como área verde o parque natural.

Así lo dijo ayer su máximo representante departamental. Hernán Cabrera, que ayer por la mañana comandó el rechazo de la construcción de un teatro y logró en las puertas del zoo reunir a algunas organizaciones como el Colectivo Árbol, Revolución Jigote, dirigentes de juntas vecinales y arquitectos que expresaron su posición de pedir al municipio que evite que se “cometa un atentado al medioambiente, construyendo una infraestructura civil en el zoológico municipal”.

El próximo lunes, dijo Cabrera, el delegado defensorial hará llegar una documentación a los 11 concejales para solicitarles la revisión de esta medida y su reversión, lo que implicaría que el teatro municipal debe construirse en otro espacio físico que el municipio debe encontrar.

Las tres especies y el motoyoé
El grupo que hace el censo, en el que también está José Antonio Prado y otros miembros de la Revolución Jigote del Colectivo Árbol, muestran con orgullo los hallazgos. El motoyoé está ahí, cerca del patio de comidas y a metros de la frontera que lo separa de la avenida del tercer anillo externo. Es un árbol frondoso, de dos metros de diámetro y de 15 metros de alto aproximadamente.

Juan Carlos Montero dice que es uno de los más viejos que ha visto en Santa Cruz y tal vez en el campo: “Tranquilamente está en el top de los cinco árboles más viejos de la ciudad”, dice, y recalca que este ejemplar es portador de vida porque a su lado están un bibosi, insectos y aves cantoras en sus ramas, y regala una sombra generosa.

Sobre las tres especies que ha encontrado, la comitiva dice de ellos que son especies raras en el sentido de que ya no se encuentra ejemplares en la zona urbana.

José Antonio Prado reconoce que el censo será muy importante para saber cuántos árboles hay en el zoológico y que mientras no se tenga ese dato, el sentido común dice que se trata de un capital ambiental importante y que, una vez sea trasladado el zoológico, debe conver-
tirse en un bosque urbano de la ciudad