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Sucedió en la vida real y fue una historia escandalosa: una reina británica anciana y un joven y apuesto empleado indio mantuvieron una cuestionada amistad; algunos rumores señalaban que se trataba de una relación platónica y otros hablaron de que era algo maternal, esto ocurrió hacia 1887. 

La historia de la película Victoria y Abdul va así: Abdul Karim viaja desde la India a Reino Unido para servir en la ceremonia de los 50 años en el trono de la reina Victoria. Entre ellos se forja una estrecha amistad, algo que no gusta en la Casa Real. Pese a las adversidades, Karim se convierte en Secretario de la India, nombrado por la propia reina, que concede a su amigo privilegios como viajar con ella por Europa, títulos, asientos de primera en óperas y banquetes y regalos.

El director Stephen Frears tiene experiencia en dirigir películas sobre la monarquía y tras su trabajo en La Reina, que obtuvo un Óscar, se embarca de nuevo en una historia parecida, esta vez con la reina Victoria como protagonista. El drama histórico adapta el libro Victoria & Abdul: the true story of the queen's closest confidant, de la periodista india Shrabani Basu que explica cómo Abdul Karim, se convirtió en siervo de Victoria y cómo logró descubrir el lado más humano de la monarquía. 

La actriz británica Judi Dench vuelve a interpretar a la reina Victoria en este filme tras haberlo hecho 20 años atrás en Su majestad Mrs. Brown (1997); mientras que el actor de Bollywood Ali Fazal encarna a Abdul.

Las críticas
“Victoria y Abdul muestra el carácter parasitario de la monarquía inglesa, que puede extenderse a cualquier monarquía, atavismo histórico ni siquiera comprensible ahora, si acaso por razón de la frivolidad humana. Igual, el filme es punzante al mostrar los juegos palaciegos por el poder, donde siempre las víctimas son los eslabones más débiles de la cadena”, califica el diario argentino La Nación.

 “Si fuera verdad que en sus años finales de vida la reina se encariñó –para sorpresa e indignación de toda su corte– con un súbdito de tez oscura y turbante, la película aprovecha este dato para jugar a dos puntas. Por un lado, coquetea con el humor obvio que provocan las diferencias y malentendidos entre distintas culturas y, por otro, hace de cartero y desliza un mensaje de corrección política, haciéndole ver a los británicos de hoy que la más recalcitrante de sus reinas era capaz de tener un amigo musulmán, aunque la película (como quizás lo hizo la propia Victoria) por momentos lo trate como a una mascota”, escribe, por su parte, el diario Página 12.