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Desde pequeño Guillermo Fabián Novellis (57), el líder, vocalista y compositor de la banda argentina La Mosca Tsé-Tsé, marchaba al ritmo de la música, pero nunca pensó que sería su medio de vida, su vida. Por entonces era un pasatiempo, no una profesión. Soñaba con ser artista, pero luego miraba su realidad y solo veía como un buen papá.


Comenzó a tocar guitarra a sus 15 años, pero luego descubrió que le interesaba más hacer canciones y que tenía una facilidad nata para contar historias con algo de fantasía. No todo lo que escribe le ha pasado y lo que sí ha pasado sale exagerado en las letras.
Comenzó como guitarrista de una banda, pero al no encontrar vocalista, los demás propusieron a Guille, como lo llaman de cariño. Así comenzó su carrera como cantante y compositor, aunque él insiste en que es “hacedor” de canciones.  


“Me queda grande la palabra de compositor y poeta. Me autodefino como un buen hacedor de canciones que se inspira en lo cotidiano, en historias de amor, en encuentros y desencuentros, en situaciones sociales”, remarca Guillermo, pasando la mano por su cabeza rapada y jugando con esas omnipresentes gafas negras que son su marca. 


Sus canciones, agrega, son como hijos. Todas son especiales, pero algunas son estrellas, suenan en todas partes, tienen videos y salen en la televisión. Otras se quedan en la intimidad de un disco. 


Afirma que no tiene favoritas, pero las que más satisfacciones le han dado son Para no verte más, Yo te quiero dar, Te quiero comer la boca, Todos tenemos un amor, Muchachos esta noche me emborracho, Baila para mí, Las mujeres de tu vida y Vuelvo a vivir, vuelco a cantar, por mencionar algunas de las más conocidas.

Relación de amor-odio
Es extraño verlo a cara descubierta. ¿Cómo surgió su romance con las gafas? “Por pura casualidad”, contesta y luego larga la historia. Anita, su maquilladora lo estaba arreglando para un video y tenía ese modelo de gafas puestas sobre la cabeza. 


El director  le dijo a la mujer: “qué buenos anteojos, a lo que contestó que se los habían traído de Miami”. En un arranque de espontaneidad, Guille se los puso para ver cómo le quedaban. 


“El director me dijo: hagamos el video así, ¡te juro que parecés una mosca! Ahí nos dimos cuenta de que pegaban y en el siguiente disco las gafas estaban en la tapa”, rememora.


Esas gafas oscuras, que obviamente no son las mismas que debutaron hace 20 años, porque ahora tiene hasta un sponsor para ese accesorio, le ahorraron años de trabajo al grupo.
“Una banda nueva necesita unir el nombre con las canciones y la imagen y con el nombre, con ese accesorio y la cabeza pelada, pegó rápido”, resume.

Con los anteojos, dice, ha tenido una relación de amor y odio. Primero se sentía ridículo, pero luego entendió que realmente era un ícono y que era parte de un personaje, eran parte del rostro de su ser escénico. “Era algo así como Diego De la Vega y el Zorro con su antifaz. A veces sentía que me escondía trás los lentes y que éramos dos personas diferentes”.

“Ahora son algo muy importante. Siento que puedo despegar y alejarme del personaje, porque cuando estoy sin ellas la gente no me reconocen hasta que hablo. Ahí quedo en evidencia. Siempre me han dicho que mi tono de voz es inconfundible”, señala.

Detrás de las gafas negras
Conversa con esa voz ronca que lo ha hecho tan reconocido en Argentina, en América y lejanos lugares del mundo. Nos recibe sin sus gafas negras, para no serel artista de los escenarios y encarnar sin distancias a la persona, al Guille que también es esposo, padre e hijo. Siempre está sonriente. Es simpático, amigable, humilde y se muestra muy predispuesto a conversar con la gente. 


Lo de famoso, asegura, no va mucho con él. Vive, al igual que todos los músicos de la banda, en la localidad bonaerense de Ramallo, de donde provienen todos. Esa decisión conjunta, asegura, fue la mejor, porque los ha mantenido unidos desde hace 22 años, y alejados de los males que no escasean en el mundo del espectáculo. 


En 1982 se casó con Marisa Minnucci (55) con quien tuvo dos hijos, Bruno (36) que es ingeniero en Sistemas, y Elisa (25), formada como sicóloga. Antes de cumplir 40 años, después de trabajar de forma paralela con la banda y en una empresa, decidió dejar su función como técnico en Seguridad e Higiene Industrial para darse del todo a la música. 


Su esposa tuvo que dejar su trabajo en una farmacia, dedicarse a atender a los chicos y hacerse cargo de la economía y de la administración de la casa durante sus ausencias, que cada vez fueron más largas y más frecuentes, porque daban conciertos en otras ciudades de Argentina, primero, y luego fuera del país.


“Era una locura. Cuando tomé esa decisión, mi esposa lo aceptó. Me indemnizaron en la empresa que trabajé diez años y con eso nos dio justo para sostenernos hasta recibir las primeras ganancias con la banda. Ahora vivimos bien, no somos ricos, pero hemos podido construirnos una buena vida, darnos nuestros gustos y tener cierta seguridad para el futuro”, señala. 


La mayoría de los músicos han formado empresas de música, estudios de grabación o restaurantes. En su caso, tiene buenos ingresos no solo por la música, dado que ha realizado inversiones en canchas de fútbol, gimnasios y ha apostado a los bienes raíces. 

El único músico
Creció en un pueblo pequeño del interior de Argentina, en una familia de clase media baja. Sus papás, Hugo Novellis e Irma Raña, eran funcionarios públicos y trabajaron duro para que a sus hijos, Guillermo y Claudio, tuvieran una buena educación.
“Nunca me faltó, pero tampoco me sobró nada. Tuve una infancia muy feliz, rodeado de mucho amor y cariño de mi familia y de mis amigos que los mantengo hasta ahora”, recuerda.


La mejor lección que le dejaron sus papás, ambos ya fallecidos (su madre hace 10 años y su padre, luego de sufrir de Alzheimer, en julio pasado) fue el apoyo incondicional a sus hijos, pero con mucha coherencia y con una buena dosis de cuidado, aunque también con un margen de exigencias, de orden y de amor.  


Guille es el único músico de su familia. Su hermano es odontólogo. Sus hijos tampoco siguieron sus pasos. Su esposa, que fue su segunda novia y a quien conoció cuando ella tenía 16  años y él 17, no tiene nada que ver con el mundo del espectáculo, por lo que en sus inicios, no fue fácil, pero sobrevivieron. A algunas giras lo acompañaba con sus hijos, pero en la mayoría de los viajes no y las ausencias se hicieron largas y tediosas. Con el paso del tiempo, eso causó desavenencias, que no fueron insalvables. 


“La fama me llegó de casado. Costó. Hubo tarjetas amarillas y rojas, reintegros, vacaciones largas y de invierno. Me llevé todo y luego volví . Fue complicado, pero también un tanto divertido, porque eso le pone adrenalina a la relación. Sufrí en su momento, pero así aprendí a valorar más a mi familia. No le hago lance a las cosas dolorosas, porque hasta de las angustias y del dolor, uno aprende”, asegura.
¿Esas separaciones fue por mujeres? No, no, para nada, dice muy enfático. Remarca que nunca fue mujeriego ni tuvo problemas por alguna escapada. 

Los conflictos fueron por momentos en los que no coincidieron los objetivos de ambos como pareja. Siempre, agrega, fue un hombre fiel y sus hijos han sido el norte de su vida.

Infarto en pleno concierto
El 11 de septiembre de 2015 Guille llevaba 45 minutos sobre el escenario durante un concierto en Roque Sanz Peña, una localidad de la provincia Chaco, cuando se descompensó y no pudo seguir. Fue llevado al hospital. Había sufrido un infarto de miocardio. 


Le hicieron un cateterismo, le pusieron un par de stents y su salud mejoró. Atribuyó el problema cardiaco a su adicción al cigarro y a pesar de que no fue fácil porque fumó, y mucho, durante más de  40 años, al fin, por obligación y por una cuestión de salud, dejó los puchos. 
“Siempre cuento este episodio porque todos debemos tomar conciencia de que  estamos en este mundo de paso  y que para podamos vivir más tiempo, tenemos que cuidarnos y dejar algunos vicios nocivos para nuestra salud. Lástima que a veces uno tiene que pasar por situaciones extremas para empezar a reflexionar”, manifiesta.


Después del susto, Guille no solo dejó de fumar con ayuda de un cigarrillo electrónico que lo acompaña a todos lados, sino que también se cuida en las comidas. No come nada frito ni grasoso para mantener estable su colesterol  y, además, hace ejercicios. 

Los placeres de su vida
No es un hombre de lujos. Tiene un buen auto. Puede tener algo mejor, dice, pero no le interesa. De vez en cuando le gusta ir a un buen restaurante, pero no es de gastar un dineral en algo que no lo vale. Opta por lugares donde se come bien y de buen ambiente. Alguna vez agasaja a su esposa e hijos, pero prefiere la calidad. “Los mejores momentos se los disfruta mejor no son por el lugar, sino por la buena la compañía”.


Desde el sushi hasta el asado, al cantante le gusta comer de todo, pero ahora más sano. Disfruta de compartir con su familia y sus amigos un buen vino, pero sin excesos. Le encantan las guitarreadas y alguna que otra vez ir a un  karaoke a cantar, pero no canciones suyas, sino de Andrés Calamaro, que es su artista favorito. También admira a Sabina, Soda Stereo y a Wilma Palma. 
Ama su pueblo, cree que es el mejor lugar para vacacionar. Allí la pasa genial y descansa. Generalmente tiene que lidiar con la adrenalina de los viajes y de los conciertos, pero luego se retira a la tranquilidad de Ramallo. 
 
El zumbido de La Mosca
Si bien la formación del grupo se consolidó en marzo de 1995, la historia de La Mosca se remonta a comienzos de los 90 con La Reggae & Roll Band, que hacía covers y temas propios en Ramallo y que luego se desintegró. Guillermo tenía su banda, Damas gratis, y tras su disolución, fue invitado a tocar la guitarra, pero luego fue fichado como vocalista.


Guillermo propuso cambiar el nombre para tomar distancia de las bandas anteriores, y aunque algunos se oponían decidieron ponerle La Mosca en referencia a un juego de naipes que suele entretener a los chicos de Ramallo. Cuando quisieron registrarlo, en 1996, se toparon con que ya lo había otra banda con ese nombre, así que decidieron agregarle el tsé-tsé en referencia a esa famosa mosca africano, como la música que tocan.


“La Mosca es ‘made in Ramallo’. Es una banda de pueblo, nuestra sala de ensayo está ahí y desde este pequeño pueblo del interior salimos para el mundo. Es la mejor decisión artística que asumimos, porque eso nos protegió de la locura, de los vicios, de las arbitrariedades y del mareo de la fama. Eso nos mantuvo a salvo y con los pies sobre la tierra. Por eso llevamos 22 años de historia y tengan por seguro que hay mosca para rato”, concluye Guille.

 

1. Conciertos. Guille tiene mucha actitud y da la vida sobre los escenarios. Le apasiona su carrera. Dejó todo por la música. 

4. Con Facundo Toro. Un folclorista y cantante romántico, muy conocido en Argentino. Con él grabó una canción para su disco que lleva esa caricatura del fondo en su tapa.