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Estos dos últimos años no hubo doble aguinaldo, lo que claramente muestra que la economía boliviana no ha estado tan dinámica como en años anteriores. 

Fue a principios del fatídico segundo semestre de 2014, cuando el precio internacional del petróleo WTI se desplomó por debajo de $us 100 por barril, que se desencadenó el ciclo de caída generalizada de precios de materias primas que ha afectado hasta ahora a los países exportadores de estos productos. 

En base a datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) las actividades agropecuarias, mineras y de hidrocarburos representan menos de la cuarta parte de lo que se produce en Bolivia anualmente. Es decir, la corrección de los precios internacionales de estas materias primas fue lo suficientemente fuerte como para desacelerar la economía como un todo y así hacer inviable el pago de los dobles aguinaldos en 2016 y 2017. Ello a pesar de que el Gobierno nacional ha impuesto una política fiscal agresiva para contrarrestar la caída de ingresos originados por este shock externo y a pesar también del dinamismo de los demás sectores de la economía.   

El consumo local y el gasto e inversión públicos por sí solos no pueden sostener el crecimiento de la economía indefinidamente, por aquello de no poner todos los huevos en la misma canasta porque, tarde o temprano, la canasta se va a caer. Entonces es importante determinar si es razonable esperar que los precios de materias primas sigan recuperándose como lo han venido haciendo desde 2016 y provean así inyecciones positivas a la economía boliviana. 

El precio del petróleo ha recuperado poco menos de la mitad de lo perdido en 2014 y 2015. El último reporte de diciembre 2017 de la Agencia Internacional de Energía (AIE) muestra que los productores yanquis de petróleo y gas de esquisto tienen unos costos tan flexibles como para no dejar que los esfuerzos de la OPEP y Rusia por colocar los precios del crudo por encima de los $us 70 por barril se materialicen fácilmente. Poniendo en contexto boliviano esta situación, al desafío de tener precios de petróleo más elevados se debe sumar la posibilidad de mantener reservas de gas natural y de poder colocarlas en mercados de energía cada vez más competitivos. 

En cuanto a los minerales, queda claro que han sido el grupo estrella de la recuperación gracias al impulso de China y su apetito insaciable por las materias primas. El contexto geopolítico internacional ha llevado a China a apostar por construir el equivalente a la Ruta de la Seda del siglo XXI. Si China ejecuta sistemáticamente esta megaobra de infraestructura internacional, puede que los minerales tengan buenos precios por buen tiempo. 

El grupo de materias primas agrícolas ha sido el menos afectado en cuanto a precios internacionales y al mismo tiempo el que menos recuperación ha mostrado hasta ahora; sin embargo, los shocks climatológicos de El Niño y La Niña han dejado huellas profundas en el sector agropecuario boliviano; aunque los últimos reportes sectoriales muestran una recuperación saludable en cuanto a los volúmenes producidos. Recientemente el equivalente a la Pepsi del mundo del comercio agrícola (ADM) decidió irse de Bolivia, reflejando lo desafiante de la coyuntura para la actividad agroindustrial a escala mundial y en Bolivia en particular.  

En cuanto a los esfuerzos gubernamentales por seguir desarrollando la agenda 2025 y de paso compensar la desaceleración, queda por ver si el sector público boliviano puede seguir estimulando la economía sosteniblemente en el mediano plazo sin deteriorar en demasía su posición fiscal. El ferrocarril bioceánico y hacer despegar a Uyuni como la Arabia Saudita del litio son proyectos de envergadura continental, que más allá de la estrategia política conllevan la aplicación de capacidades técnicas de nivel mundial para su ejecución y posterior mantenimiento.   

En resumen, creo que apostaría por un segundo aguinaldo en 2018; aunque primero debo pagar mi apuesta fallida por el segundo aguinaldo de 2017. ¡Felices fiestas!