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“Si te cela, si te controla, si te humilla: No te quiere, No te dejes”, “Quien te quiere, no te maltrata” “Aprende: el amor no lastima” expresaban decenas de esloganes de una buena parte de las farándulas de teatro callejero presentadas recientemente por la X Bienal Infanto Juvenil de Artes y Expresiones Socio Culturales que nuevamente tomó el centro de la ciudad con una movilización colorida de estudiantes de las unidades educativas destacadas en similares eventos a nivel distrital.

Como se sabe en la etapa de la adolescencia la centralidad de la familia es sustituida gradualmente por el mundo de las relaciones entre pares, proceso en el cual la presencia de jóvenes del sexo opuesto, que hacía muy poco resultaba indiferente y hasta grotesco, pasa a monopolizar todos los sentidos enamorándose de su propia imagen idealizada, es decir de quienes quisieran ser, por lo cual se trata de un amor platónico, que la mayoría de las veces no se concreta sexualmente, porque para los adolwescentes el amor romántico y la atracción sexual están disociados y unir estas dos instancias exige una maduración que muchas veces no se logra.

Por ello esta es la etapa crucial que exige que tanto madres y padres, como educadores superen los tabúes y barreras que impiden el acceso a la información y orientación sobre sexualidad lo más tempranamente posible, puesto que todos los estudios demuestran que los jóvenes y adolescentes que recibieron esta educación oportunamente generan relaciones de respeto y confianza y postergan el inicio de su vida sexual activa o en su caso tienen relaciones sexuales de forma protegida, lo cual disminuye tanto las formas de relacionamiento violento durante el noviazgo como los embarazos no deseados.

Considerando que la tasa de matriculación en primaria es alta y que la escuela es la principal fuente de información, las intervenciones de prevención de la violencia y el embarazo tendrían que iniciarse en el nivel primario como parte de la formación de mujeres y hombres, transformando el enfoque pedagógico, el mismo que debería centrarse en el incentivo a la innovación, la creatividad y el arte, puesto que los últimos datos de la neurociencia sostienen que el arte contribuye a la construcción de nuevos imaginarios y roles de participación; estimula conexiones cerebrales que generan empatía; impulsa la creatividad y nos permite aprender haciendo y jugando; desarrolla inteligencias múltiples y permite comunicar el estado del cuerpo y de la mente; ayuda a construir relaciones asertivas y relaciones democráticas; ayuda a construir relaciones respetuosas y a valorar las diferencias.