Las movilizaciones ciudadanas, a favor de los resultados vinculantes del 21F, y las que aceptan el fallo del Tribunal Constitucional que favorece la cuarta postulación consecutiva del presidente Morales, se pueden definir como oleajes políticos que tensionan la coyuntura preelectoral 2019, y que son parte de la discusión y enfrentamiento político-ideológico internacional.

No son casuales las palabras de Miguel M. Díaz-Canel Bermúdez (presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba) en el Encuentro del Foro de Sao Paulo: “Nuevamente la izquierda latinoamericana y caribeña se reúne para reflexionar sobre los problemas más apremiantes que enfrentamos y para diseñar estrategias de lucha frente a la agresión imperialista y sus aliados oligárquicos. Lo hacemos en un momento donde la ofensiva contra los procesos de cambio en la región aplica métodos de la guerra no convencional, lo que se pone de manifiesto en las acciones que aquí condenamos enérgicamente, contra la Venezuela chavista, la Nicaragua sandinista, el Brasil de Lula y la Revolución democrática y popular de Bolivia encabezada por el hermano Evo Morales. (…) El contexto político y social de la región merece la coordinación urgente de todas las fuerzas progresistas de izquierda, para la construcción de una plataforma anti-hegemónica. La unidad de los partidos de izquierda y los movimientos políticos parece ser hoy la única salida”.

Lo dicho supone un escenario mayor donde Evo Morales es actor estratégico de un bloque político internacional que considera necesario mantenerse con vida política. Bajo este contexto, las justificaciones discursivas del partido gobernante y su militancia respecto a la necesidad de continuar en el poder se empiezan a robustecer. Por tanto, es una ingenuidad política creer que no será candidato en 2019, teniendo en cuenta, además, la debilidad de algunas instituciones públicas para hacer cumplir las normas.

Ahora bien, los oleajes políticos de las plataformas ciudadanas que defienden los resultados del 21F, con movilizaciones en las calles y mensajes políticos en las redes sociales, así como el activismo digital de algunos militantes de partidos y agrupaciones opositoras en Twitter y sus publicaciones de columnas de opinión críticas con la gestión gubernamental; son hechos que empiezan a incomodar al partido oficialista porque le pre-anuncian las dificultades que tendrá para captar a votantes blandos y posibles (indecisos y sin militancia); no obstante, alimentan su credo ideológico contra el imperialismo norteamericano y sus supuestos aliados locales. Con todo, no es posible reconocer una batalla de ideas que superen las consignas ideológicas ya conocidas entre oficialistas y opositores; de ahí que los escenarios discursivos se limitan a denuncias (nuevo palacio) y contradenuncias (caso Quiborax), que tienen el trasfondo de desgastar al adversario político (dependiendo de la perspectiva epistemológica), con el costo de que la discusión sobre necesidades cotidianas queda relegada (el Hospital Oncológico de Santa Cruz funciona de la caridad).

Los oleajes políticos que se generan desde el MAS coadyuvan a la contención del voto duro que le da su militancia; los oleajes políticos que nacen principalmente de las plataformas ciudadanas, tienen a su favor a los votantes difíciles e imposibles (que no votaron ni votarán por el oficialismo), por lo tanto, ¿tendrán, en el futuro, la capacidad de capitalizar en un proyecto político (líder, discurso ideológico alternativo y estructura partidaria) a los votantes blandos? Admitamos por el momento que, para el bloque oficialista, pese a tener un proyecto consolidado, esta será una tarea más complicada que en elecciones anteriores por motivos obvios.