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La capturó una pesadilla. Sudó, lloró, gritó, se agitó. Cuando la supermodelo boliviana Andrea Herrera supo que le arrebataron el aliento a su padre, sintió que su mundo se le vino abajo. Sintió que su alma se desprendía de su cuerpo para tratar de evitar que Julio César Herrera se fuera. Sintió que se asfixiaba... Durante dos meses su vida se redujo a ella y las sábanas de su cama, a ella y las cuatro paredes de su cuarto.

No tenía ganas de peinar su cabellera dorada ni de delinear esos ojos celestes ni de mucho menos enfundarse en un atuendo de gala para posar ante una cámara. Renegaba contra la vida y contra la injusticia. Pero un día le pidió a Dios fortaleza espiritual para pelear contra esa pesadilla y vencerla en la batalla. Y así fue. Después levantó su cuerpo cansado, se miró al espejo, suspiró, cerró los ojos, se reconcilió con la vida y le dijo que no se dejaría caer de nuevo. Le prometió que, a pesar de que estaría de luto por siempre, seguiría luchando por ella misma, por su familia, por su retoño, Stéfano, y por su futuro. Eso hubiera querido su papá. 
 
Su padre, su presente
Todas las noches conversa con su progenitor. Le cuenta lo que hizo todo el día. Le pregunta cosas y le dice que lo extraña, que nunca lo dejará ir por completo. Y así como Andrea, el pequeño Stéfano, de apenas seis años, también charla con su abuelo. “Siempre lo nombra. Le digo que él lo está acompañando en todo momento. Le hace mucha falta a mi hijo”, relata con los ojos acongojados. Y agrega: “Después de perder a un ser querido nunca volvés a la normalidad, esta ya no existe”.

Interroga: “¿creés que es fácil para mí sacarme fotos, verme bonita, lucir ropa, ir a eventos? No lo es, pero es mi trabajo. Tengo responsabilidades con mi hijo, mi familia y las empresas que me esperaron durante este tiempo, que fueron pacientes, que no me presionaron, que me apoyaron y se portaron tan bien”.

Para la maniquí “todos los actos tienen su consecuencia” y no es bueno guardar odio o rencor. Ella practica lo que pregona. Reconoce que fue difícil estar en la misma sala donde sus asesinos respiraban el mismo aire que ella cuando le dictaron detención preventiva en la cárcel de Palmasola. Eso la hería más. Dentro de cuatro meses sabrá la sentencia final, pero más fe tiene en la justicia divina que en la humana. “Él (Dios) se encargará de ellos. Lo que se pueda hacer en la Tierra, eso es lo que quiero que ocurra”, señala.

Lleva el recuerdo de su padre en su brazo. Ella, sus dos hermanos y un primo se tatuaron cinco palabras: “Con todo mi amor papá” y ese es el mayor homenaje que le pueden hacer al abogado. 

No acude seguido a su tumba porque fue un pedido de Julio César no hacerlo. “Él era evangélico. Nos decía que cuando él se fuera, no quería que estemos todo el rato en el cementerio, porque ahí ya no había nada. Era su alma la que estaría con nosotros”, relata. 

Miami, Lima, Santa Cruz
Durante nueve años la barbie cruceña vivió fuera de Bolivia. Estuvo en Lima y Miami. Fundó, junto con su exmarido, Peter Petrov, la revista Luhho. Salió varias veces en CNN en Español hablando sobre el rol de la mujer y hasta la prensa internacional la confundió con “una bella hincha argentina” en el Mundial de Fútbol de Brasil. Solo fue una confusión.

Dejó todo eso y se volvió a su tierra, Santa Cruz. Ya era el momento de volver. A pesar de su alejamiento, las empresas la volvieron a contratar y ahora es imagen de tres muy prestigiosas, trabaja como influencer para ocho marcas y el modelaje publicitario no quiere soltarla. Eso sí, dejó de desfilar en el show de Las Magníficas y de vez en cuando retorna a la pasarela del Bolivia Moda. Perteneció a la agencia de Pablo Manzoni por 15 años y nunca terminará de agradecerle a él por ayudarla en su crecimiento como modelo. 

Ni diva ni exquisita
Nació para una vida así, llena de flashes, apuros y cámaras de televisión. Lo disfruta, le encanta. Y un punto a su favor es que se mantuvo, hasta ahora, fuera de los escándalos mediáticos. ¿La clave? Ser siempre ella, atender a la prensa y a la gente. 

Modela desde sus 13 años y conformó el grupo de las magníficas más consolidadas con otras grandes, como Carla Morón, Verónica Larrieu, Antoinette van Dijk, María René Antelo y Cecilia Sanabria. 

No cree ser una diva. “Diva es otra cosa, es alguien 
inalcanzable. Yo soy accesible. Diva es Gisele Bündchen y Verónica Larrieu. Yo no”, asegura.

Sin embargo, luce como una diva, siempre impecable. Le encanta vestir a la moda y cuidar su aspecto personal en todo momento. Si tiene que usar un vestido de marca lo hace y si tiene que reciclar algo, no lo duda y se atreve. Si va a un cóctel le gusta lucir bien. Si va a un gimnasio, también. Nunca pierde el glamur y no por nada se ha convertido en una de las mejores vestidas de la urbe.

Eso se lo ha transmitido a su hijo. “Él ya sabe de ropa, se elige sus atuendos”, cuenta. Y por lo que se ve en Instagram, es cierto. El pequeño Stéfano se apunta al modelaje, pero Andrea dice que más sueña con ser un 
corredor de autos que con posar o sonreír sobre una pasarela.

La TV, el amor, el futuro
Este mes tenía que debutar como conductora principal de un nuevo proyecto televisivo de la red PAT, pero su crisis emocional truncó la salida. Ahora ya está lista para hacerlo. Se trata de un programa de competencias que se estrenará en mayo y se emitirá todos los días por las tardes. Y la acompañará un varón. Así se lo contó en primicia a EL DEBER.

Está alejada de la revista Luhho. Peter Petrov se dedica más a dicha publicación. Después de su divorcio llevan una bonita amistad. “Viene seguido a Santa Cruz. Tenemos una relación madura”, cuenta. El amor la tocó de nuevo.  

Cupido la unió al empresario Harold Méndez desde hace un año y tres meses. El año pasado se acercaba el cumpleaños de Andrea y él le preguntó: “¿Qué querés que te regale?”. Ella respondió: “Nada”. Pero él insistió. Y así se subieron a un avión y se fueron a Dubái y a Abu Dabi en los Emiratos Árabes Unidos. Estuvieron allí por unos 12 días. Y fue, para ambos, una espectacular celebración que no olvidarán jamás.

Hablan de seguir juntos, de casarse y de sus proyectos futuros. Pero aún no hay el anillo de compromiso. Quizá llegue en algún momento. “Seguramente me casaré otra vez. Siempre quise una familia grande. Muero por tener una hija mujer, una muñequita para que le enseñe de todo”, revela y sonríe. Ahora puede reír. Hace dos meses, no. Hoy volvió a la vida. Por ella. Por su papá.