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La frontera está que arde. Perú decide crear un distrito de tres hectáreas que Chile reclama como propio; Chile moviliza a sus tres fuerzas para el ejercicio bélico Huracán 2015 a pocos kilómetros de allí; Bolivia busca apoyo en Europa y lo consigue, mientras Michelle Bachelet vuela hasta Asunción para ofrecerle un corredor bioceánico a Paraguay, sin pasar por Bolivia. De pronto todo parece un juego de guerra, algo absurdo, impensado, pero muy parecido a esos malos entendidos que han derivado en enfrentamientos bélicos.

Desde Bolivia, un ministro, Hugo Siles, ve la sombra de Pinochet en todo esto. Muerto el dictador chileno, su doctrina sobrevive. Para Siles, experto en relaciones internacionales, pero titular de la cartera de Autonomías, Chile aplica la receta geopolítica de Pinochet, tratando de hacer alianzas entre Santiago y Asunción, Quito y Brasilia para anular a sus vecinos Bolivia, Perú y Argentina. Otros, como el excanciller Armando Loaiza, que perdió su cargo de embajador en el Vaticano luego de hablar de más con un periodista chileno, ve que los medios y el Gobierno se toman muy a pecho el ‘normal’ ejercicio militar chileno.

Una visión que comparte el historiador mapochino Sergio González, pero no el político e intelectual Esteban Valenzuela Van Treek, director de la maestría en Estudios Sociales y Políticos Latinoamericanos de la Universidad Alberto Hurtado, que ve que esta es la hora de los duros en Bolivia, Chile y Perú, pero que pronto amanecerá.

La razón y la fuerza
“Los ejercicios de Chile son contrapuestos a la lógica de la región, de Perú y Bolivia, que han encontrado formas pacíficas para solucionar sus controversias”, dice Siles.

Para el ministro, Chile hace ejercicios militares de carácter disuasivo contra Bolivia y Perú. Los ha ejecutado en una frontera que genera susceptibilidades y cuestiones históricas con sus vecinos (antiguamente era territorio peruano) e incentiva los ánimos nacionalistas. “Lo del eje Santiago-Asunción es parte del libro de geopolítica de Augusto Pinochet. No nos sorprendería que mañana vuelvan los convenios y acuerdos militares entre Santiago y Quito”, añadió.

En la antípoda de esta posición está Sergio González, historiador chileno. Observa que estos ejercicios son normales y que se realizan todos los años. Tampoco le preocupan las escaladas verbales, porque también se van volviendo cotidianas tanto del lado boliviano como del chileno.

En esa misma sintonía está Loaiza. El excanciller cree que tal vez el hecho está muy amplificado por los medios de comunicación y que todo el tiempo se dan alrededor del mundo. Al igual que Siles, recuerda que las Naciones Unidas prohíben el uso de la fuerza como forma de amedrentamiento, pero no cree que Chile haya cruzado ese umbral. Siles tampoco, pero cree que de verdad está en el límite, a punto de pasarlo.

Al ministro le sorprende que uno de los voceros del ejercicio sea el canciller Heraldo Muñoz y no el ministro de Defensa. Para él, esto significa que Chile utiliza el ejercicio para enviar un mensaje a sus vecinos y como vehículo disuasorio.

El ex canciller chileno, Patricio Walker, no está en la misma línea que su colega Loaiza y advirtió a Perú y a Bolivia que no sigan toreando a Chile. Loaiza cree que las declaraciones bolivianas, las descalificaciones, refuerzan a los nacionalistas chilenos y alejan cualquier posibilidad de diálogo.

Cartas sobre la mesa
Valenzuela Van Treek, que fue alcalde de Rancagua y diputado, propone dar un paso adelante, que Chile deje de ser tan “obtuso y se siente a negociar”, que Bolivia se atreva a avanzar y que de una vez por todas pregunte a Perú si de verdad aceptaría un corredor soberano por Arica y que Perú deje de manipular y aclare si de verdad su apoyo a Bolivia es tan grande como para dar su beneplácito al corredor norte. Para él, la solución sería una zona tripartita al norte de Arica, una región de integración en la que los tres estados puedan ejercer su soberanía y generen desarrollo.

Y Aurelio Parodi, historiador peruano, catedrático de la Universidad Católica de Lima, no lo ve tan claro. Cree que es momento de ser pragmáticos, que es ridículo tanto conflicto entre Perú y Chile por tres hectáreas de costa desértica, que eso bien se puede resolver con un árbitro y que Bolivia puede entender que a Chile se le complica cederle territorio con soberanía por los mismos sentimientos nacionalistas que los bolivianos nunca dejarán su anhelo de volver al mar.

Cuando se le pregunta qué rol debe jugar Perú, ahí se nota que también corre un aura nacionalista en el país incaico. Para Parodi, lo máximo que puede hacer Perú por una salida al mar con Bolivia es aprobar Boliviamar, la concesión del puerto de Ilo. Acceder a una enclave por el norte de Arica se le hace complejo, algo difícil de aceptar. Los nacionalismos están a flor de piel