Opinión

El escenario después de las primarias

El Deber Hace 2/3/2019 8:00:00 AM

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A una semana de las devaluadas primarias, el MAS ha logrado su objetivo de despejar a pasos acelerados el camino hacia lo que parece ser hasta ahora una cómoda habilitación de su cuestionado binomio. Mientras la oposición se mantiene fragmentada y distraída con la falsa ilusión de un repentino ascenso electoral, expresado en el elevado ausentismo de votantes, el oficialismo avanza raudamente y con sagacidad en su carrera por continuar al menos otros cinco años en el poder.

Hace rato que los opositores perdieron la mirada del bosque, para dirigirla solo a las ramas del árbol, desaprovechando así el creciente desgaste gubernamental. Las primarias no cambiaron el escenario cada vez más desfavorable a una competencia electoral en igualdad de condiciones. La única cabeza que rodó con los resultados de la inédita votación de la semana pasada fue la de la vocal que se resistió, casi solitariamente, a una nueva habilitación de Evo Morales y de Álvaro García Linera. La renunciante autoridad del Tribunal Supremo Electoral (TSE) también se opuso al adelantamiento de las primarias, lo que la llevó a quedar fuera del esquema funcional al poder.

Como otros de sus colegas, la vocal no soportó más las presiones y decidió abandonar un barco que aparentemente solo pretende transportar a los fieles seguidores del masismo. Su previsible renuncia la intenta redimir, pero no la exime de haber acompañado una pésima gestión y de permitir la peligrosa descomposición del principal órgano de la democracia, como es el TSE. En ese contexto de deterioro progresivo de la institución electoral, la dimisión del último vocal llamado ‘disidente’ parece ser solo cuestión de tiempo. Si deja el cargo antes de las elecciones de octubre, el camino quedará totalmente expedito para que el oficialismo se encamine cada vez con mayores facilidades y ventajas a la reproducción del poder.

Si alguien esperaba que rueden cabezas en el Gobierno por el porrazo en las primarias se equivocó rotundamente, ya que las miradas del oficialismo están enfocadas ahora más que nunca a despejar las piedras que pongan a otra reelección, especialmente los de afuera del ‘proceso de cambio’.

Poco se habla ya en este momento del elevado ausentismo y menos aún de la lucha para hacer respetar el 21-F. Con los nueve binomios avalados por las ridículas primarias, hemos ingresado casi en pleno a una fase electoral complicada. Es el escenario al que el Gobierno quería llegar y en el que parece sentirse más cómodo y seguro. En cambio, la oposición ha sido empujada a actuar con esas inesperadas y complejas circunstancias y tendrá que encararlas no solo con inteligencia, sino también con mucho coraje y unidad. El primer escollo a vencer es nada menos que la peligrosa crisis de confianza del TSE, que podría ser superada con una cirugía mayor y con una total renovación de sus cuadros.